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Sabina, Pastora Soler y Madrid

Joaquín Sabina se presentó ante su público vestido de verde (esperanza). Recitó poesía lo primero. «Sonados en los noventa hay rimas que se reinventan,» aventuró en mitad de un poema. Y dos versos después, sonó 'Ahora'.

Se veía el de Jaén, o eso parecía, tan cómodo como vulnerable ante el respetable. Era el decimoquinto aniversario de '19 Días y 500 Noches' y supo sorprender. Cuando todo el mundo esperaba la canción que da nombre al disco, se arrancó con 'Yo me bajo en Atocha', incluida en su disco 'Enemigos Íntimos' con Fito Páez, que de un tiempo a esta parte es el sucedáneo imprescindible en la capital desde que se agotó 'Pongamos que hablo de Madrid'. Gustó y se cantó, claro.

«Madrid rejuvenece», dijo Sabina, para aclarar después que sentía miedo y nervios al reencontrarse con la temida plaza. Y como si nada ocurriera, sonó 'Barbie Superestar'.

Era el orden lógico. Este año se cumplen 15 del lanzamiento de '19 Días y 500 Noches' y estaba advertido: sonaría mayormente el disco, y después… ya se vería. Sabina explicó que la cosa surgió por amigo argentino que le propuso hacer una gira de ése disco. Que en un primer momento lo vivió con cierto resquemor, pero que tres güisquis después pensó que era un álbum digno y casi redondo, que «las canciones habían envejecido bien, como buenas viejas verdes que son».

Siguió con el disco. 'A mis 40 y diez', 'Donde habita el olvido' y una versión de Dylan, que a pesar de todo fue el momento más frío de la noche. Luego 'Rubia Platino'.

Joaquín Sabina, presenta a los suyos, entre los que están Pancho Varona y Antonio García de Diego. Falta Olga Román. Ha cambiado el escenario por el público: antes de empezar el concierto estaba recogiendo su entrada. La sustituye Mara Barros.

Se ausenta unos minutos, en los que Pancho Varona entretiene cantando 'Conductores suicidas'. A su vuelta, el madrileño más jienense pide disculpas. Le ha pasado «un Pastora Soler», explica. Suenan 'De purísima y oro' y 'Pero qué hermosas eran'. Nadie imagina que el final está cerca. 

Tanto, que cuando poco después toca 'Cerrado por derribo' advierte de que es el final. Pide disculpas varias veces y abandona el escenario. Se dan las luces. Va en serio.

En el baño se oyen protestas entre los más jóvenes y silencios en los menos. ¿Qué ha pasado? Difícil dar una respuesta certera. Ha sido cosa del azar.

En cualquier caso, pesar el del jienense que en su plaza fetiche no se pudo llevar las dos orejas y el rabo.