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«10 Minutes Left»,una historia de acción y misterio rodada en Nueva York

«10 Minutes Left» literalmente da la sensación de ser un cortometraje así de breve y, sin embargo, le da tiempo a desarrollar unos personajes muy interesantes con inusitada maestría, hacer sentir al espectador un torbellino de emociones inconmensurable y, además, desembocar en un final que dejará ojiplático a más de un espectador.

Tan sólo quedan diez minutos para que la policía irrumpa en el piso franco y la estancia se convierta en una masacre aderezada con disparos de gran calibre y aliñada con un baño de sangre de criminal sin escrúpulos. Diez minutos para la muerte sin remedio a menos que esos cuatro ladrones de medio pelo logren descubrir quién de ellos es un peligroso asesino tan buscado que servirá de salvoconducto para sus vidas si logran identificarle dentro del grupo.

La premisa que ofrecen Íñigo Bordiú y Francisco Moreta es en apariencia sencilla, pero abre las puertas para toda una serie de posibilidades narrativas para alguien que sepa desenvolverse tras la cámara con soltura. Los dos cineastas ya tenían un gran trecho artístico recorrido con un plantel de actores extremadamente solvente: Jim Johnson, TerrenceRuggiero, Ryan Ross y Vincent Louis-Diaz junto a la colaboración de Yarusha Jiménez encarnan a unos personajes perfectamente delineados en un guión firmado por Íñigo Bordiú y cuyo buen hacer con unos diálogos acelerados y vibrantes sabrá guiar al espectador a toda prisa, sin dejarle un momento de respiro, pero sin privarle de la emoción y el disfrute de esta historia repleta de acción y misterio.

El estilo visual de la cinta funciona a la perfección para imbuir al espectador en la atmósfera opresiva en la que se encuentran los personajes. Se supone que están sufriendo el día más caluroso de todo el año y los cineastas logran alcanzar este estilo visual a través de una paleta de colores donde abundan los verdes, amarillos y marrones, además de una sobreexposición voluntaria de las altas luces y una subexposición de las sombras para lograr un contraste sin igual dentro de las imágenes. El estilo de cámara en mano con el que fue rodado el cortometraje apoya al ritmo acelerado y al sentimiento de premura de los protagonistas de la cinta, haciéndose cada vez más manifiesto a medida que avanza la trama y encajando a la perfección dentro de las cuidadas técnicas y herramientas visuales de las que Francisco Moreta e Íñigo Bordiú se sirven para que la cinta sea interesante de ver a pesar de desarrollarse por completo en el interior de la misma estancia.

Junto a un ritmo de edición acelerado que no deja un momento de descanso, la música del corto, firmada por Corey Schmidt, repleta de sonidos electrónicos y melodías arriesgadas, estridentes y tremendamente rítmicas, da el empujón final a una película que cierra a la perfección, sin fisuras en ninguna de sus vertientes técnicas o artísticas.

«10 Minutes Left», diez minutos de disfrute que saben a poco. En este caso el dicho de «lo bueno, si breve, dos veces bueno» se equivoca por completo. Estos diez minutos son excepcionales, geniales, pero saben a poco. El patio de butacas demanda más y unos personajes con semejante trasfondo psicológico y unos cineastas con tanto talento serán capaces de regalarlos una historia más extensa. Hasta entonces, sólo queda disfrutar de este breve espacio de tiempo hasta que todo termine.