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Adán y Eva: Kike, el míster Lleida que se quedó abandonado en el paraíso

El octavo episodio de 'Adán y Eva' no dejó indiferente a nadie. Un programa en el que hubo de todo: lucha de féminas por el galán, risas, llantas, besos y falsedad, mucha falsedad. Todo comenzó con la llegada de Kike a la isla, un 'adán' que en su vida diario es monitor de esquí y que su atractivo físico le ha proporcionado galardones tan 'selectos' como míster Lleida, míster Elegancia Barcelona o el premio al más guapo de Aragón.

Kike se sentía en su salsa con la llegada de su primera 'Eva', Nuria, una joven azafata de 23 años que llegaba recién aterrizaba de Dubai y con una timidez digna de una chica de su edad, se dejó conquistar desde el primer momento. La química entre ambos fue inmediata y la chica «sencilla, espontánea y muy guapa» que buscaba apareció, de repente, en su vida.

Sin embargo, todo se torció cuando apareció Yolanda, una policía de 'plástico' de Barcelona que irradiaba mucha arrogancia– aún más que el 'Adán' al que intentaba ¿enamorar?- y que nada más ver a Kike tuvo claro que no quería nada con él. Todo lo contrario le pasó a él que no hizo otra cosa que jugarse todo a una carta y apostar por la catalana.

La 'pequeña' Nuria se dio cuenta de las cosas y oliendo la situación decidió abandonar la batalla por el amor de Kike. ¿Cómo? Sí, una discusión en una velada romántica a bordo de una barquita acabó por decidir a la azafata. «A veces una retirada a tiempo, es una victoria», aseguraba. Y vaya que sí lo es…

Kike creía formar una pareja idílica con Yolanda pero esta quería hacerle sentir lo que acaba haciendo con muchas mujeres: que se crean el centro de universo sin sentimiento alguno. De puertas para fuera, la policía no abría la boca y todo hacía indicar a que se iría con él muy feliz pero para dentro las cosas eran distintas: no le soportaba. 

El final tenía una sorpresa inesperada para Kike y esperada por todos. Ambos vestidos de gala y con una escena bucólica, llegaba el momento de decidir. Yolanda decidió no coger la llave del monitor de esquí y romperle el corazón. Y en ese momento, comenzó el festival de sinceridad y despecho que no había existido en la isla.

«Me ha parecido que esto era tu harén y no me ha gustado nada. Creías que serías tú el que eligiera. Pero no, yo decido no irme contigo«. Con esa frase Yolanda cogió su chulería y se fue a otra parte con ella y Kike, lo contrario a lo que le suele pasar en su día a día, se marchó más solo que la una a casa. ¡Cosas de la vida!