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Crece la natalidad en España, pero no lo suficiente para frenar el envejecimiento poblacional

El envejecimiento de nuestro país es una de las mayores preocupaciones para los sociólogos y expertos por las bajas tasas de natalidad que se registran cada semestre del año en España. Las defunciones superan a los nacimientos situándonos en uno de los primeros puestos de los países envejecidos del mundo, y el primero de Europa.

La crisis económica y las pocas ayudas del Gobierno a las parejas con hijos son dos de los factores clave que azotan las tasas de nacimiento. Las asociaciones de familia han denunciado en diferentes ocasiones la nula preocupación que se tiene desde las instituciones para facilitar el aumento de la familia en casa. Por una parte, preocupa que no nazcan nuevas vidas, pero por otra, se ponen barreras a las mujeres que quieren quedarse embarazadas en el trabajo dificultando la conciliación de su vida laboral con la personal.

Las incendiarias declaraciones de la presidenta del Círculo de Empresarios, Mónica Oriol, sobre que prefería contratar a una mujer de menos de 25 años y más de 40 para evitar la baja por maternidad, son solo un reflejo de la tendencia que se da en muchos empleos que se crean en España. Sin trabajo no hay dinero para concebir una nueva vida.

«España es el país de la Unión Europea que menos ayuda a las familias, el país que da una prestación por hijo a cargo de 24 euros al mes cuando la media es de 120 y donde no es una ayuda universal, sólo para quienes ingresan menos de 11.000 euros al año. Es una cantidad ridícula y lleva congelada desde el año 2000», declaró a Europa Press el presidente del Instituto de Política Familiar, Eduardo Hertfelder.

CRECEN LOS NACIMIENTOS POR PRIMERA VEZ DESDE 2010

Las previsiones no son esperanzadoras pero los últimos datos aportados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) han arrojado algo de luz al problema de la natalidad española. El número de nacimientos registrados en los seis primeros meses de 2014 ha aumentado un 1% con respecto al mismo periodo del año anterior. Más de 200.000 bebés que suponen un halo de luz que no se daba desde hace cuatro años.

Aunque no es oro todo lo que reluce. Aunque los datos han sido positivos, advierten de que el saldo vegetativo es el menor desde 2008, lo que se traduce en un continuo 'invierno demográfico' por el que atraviesa la población española desde hace años, en la que siguen sin producirse los nacimientos necesarios para sostener el sistema.

Las dificultades económicas por las que atraviesan las familias hacen que no se planteen si quiera el hecho de tener un bebé. Durante algunos años los embarazos que sostenían el sistema de natalidad español venían de mujeres extranjeras que emigraban a nuestro país. Pero esta tendencia también está cayendo por las políticas migratorias llevadas a cabo en la legislatura del Partido Popular.

El INE ha señalado el descendimiento del número de nacimientos de hijos de madre extranjera, que, entre enero y junio, supusieron el 17,6% del total frente al 18,5% de un año antes. Estos datos se explican por efecto de la emigración y las adquisiciones de nacionalidad española que se han concedido en la primera mitad de 2014.

En 2013 los nacimientos cayeron por quinto año consecutivo, un descenso que ronda el 18% desde el 2008. Definitivamente, la luz al final del túnel ni se ve.

DINERO Y DESEMPLEO, ANTÓNIMOS DEL EMBARAZO

Los jóvenes españoles ya no son ni mileuristas, sino que han pasado a llamarse seiscientoseuristas. Entre 600 y 700 euros al mes perciben el 34% de los trabajadores que tienen entre 18 y 25 años, un salario con el que, en muchas ocasiones, no se puede ni abandonar el nido de los padres. Esta precariedad laboral se une a las cifras de paro para dar como resultado la escasez de dinero.

Los colectivos más afectados por esto son las parejas que están en edad de tener hijos, es decir, entre los 16 y los 30 años. Aunque la tendencia apunta a que las cosas están mejorando entre la población encargada de tirar del carro, solo los datos son positivos. La realidad es otra y se llama precariedad. Criar a un hijo supone un gran esfuerzo económico que no todos pueden permitirse, y mucho menos los jóvenes españoles. Los tiempos han cambiado y se prefiere ser madre pasados los 30, aunque el embarazo cueste más y se califique de alto riesgo. 

PREVISIONES POCO ESPERANZADORAS 

La natalidad está bajo mínimos y no parece repuntar. El crecimiento de la natalidad no es suficiente cuando las defunciones aumentan y la población joven no supera a la de los mayores. El relevo generacional se hace cada vez más complicado y las previsiones de Europa para España tampoco son buenas ya que se prevé que en 2050 seamos el país más 'viejo' de la UE. 

El problema es muy preocupante porque genera un futuro incierto en el que el principal problema sería el descenso de población, acompañado del complicado sustento de las pensiones, pues no habría equilibrio entre estas y el dinero que suponen. Las nuevas generaciones no las tendrían garantizadas, así como tampoco una jubilación digna. El futuro es incierto y, de momento, muy negro. 

NI EMBARAZOS, NI COMODIDADES: ¿DAR A LUZ EN CASA?

Dinero a parte, el parto es uno de los peores dolores físicos por las que tienen que pasar las madres que dan a luz en su vida. Las que tienen un bebé se enfrentan a uno de los momentos más dolorosos y bonitos de la vida, según dicen. El debate sobre el parto natural en casa ha vuelto a reabrirse por la recomendación que se ha hecho desde el Reino Unido a las mujeres que tengan un embarazo de «bajo riesgo» para que tengan a sus hijos en sus propias camas.

Esta práctica no es recomendada por casi ningún ginecólogo en España. Ni esta ni la de dar a luz en el agua, habiendo muy pocos hospitales públicos formados para ello. Tener un hijo sin estar rodeada de médicos, enfermeras y ruido está algo demonizado en nuestro país, donde existen dos corrientes sobre el tema: a favor, o en contra.

La idea británica ha sido muy aplaudida por asociaciones como Nacer en Casa, quienes se dedican a la asistencia del parto en el hogar. Su coordinadora, Cristina Treviño, se muestra entusiasta por la noticia y asegura que las ventajas se basan en «dar el mejor crecimiento posible», además de que los estudios apuntan a que no existen mayores riesgos para la mamá que los que hay en los hospitales. Según datos de esta organización, la mortalidad perinatal de partos de bajo riesgo con comadronas especializadas frente a la que ocurre en hospital es prácticamente la misma.

Sin embargo, la corriente entre los ginecólogos y médicos que asisten los partos en los hospitales suele ser todo lo contrario. «El 90% no lo recomiendan porque tienen intereses económicos y a las farmacéuticas tampoco les interesa, porque se gastan menos medicamentos», asegura Treviño.

Así es. El ginecólogo Gerardo Ventura se pregunta dónde está el debate porque para él, «dar a luz en casa o en el agua es darles lujos a las mujeres que la sanidad no se puede permitir», además de que «no tiene ninguna ventaja para ninguna de las partes». Las mujeres que han dado a luz se preguntarán dónde está el lujo en un proceso tan doloroso y por el que piden más comodidades. «Con la epidural hay mujeres a las que solo les falta ponerse a fumar», declara el ginecólogo consultado.

Ni ayudas a la maternidad, ni comodidades para los partos, Treviño señala como principal problema la «desconfianza y miedo del desconocimiento» de una sociedad machista y patriarcal que «no permite a las mujeres elegir cómo quieren tener a sus hijos y no les subvencionan si quieren tenerlo en casa».

La natalidad es uno de los principales problemas de nuestro país, siendo complicada la regeneración demográfica en estos momentos, y en el futuro, del que no se prevé que sea nada esperanzador si no se cambian las políticas dirigidas a la familia y a las mujeres, además de la reducción del desempleo y del empleo precario.