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El batería de AC/DC amenazó de muerte a un hombre y su hija de 10 años

La Fiscalía neozelandesa asegura tener pruebas de las amenazas de muerte proferidas por Rudd a través del teléfono contra un contratista y su hija de sólo 10 años. La citada conversación, que se habría producido el pasado 26 de septiembre, fue precedida siempre según los fiscales de otra en la que Rudd explicaba a uno de sus socios lo qué quería que le sucediera al contratista y a la niña, cuyas identidades no han sido difundidas.

Los cargos por instigación de asesinato se habían retirado el pasado 6 de noviembre, horas después de que el batería de origen australiano pero afincado en la isla de Tauranga (Nueva Zelanda) desde 1983 fuera arrestado durante una operación policial en su domicilio en la que fueron incautados, según se ha revelado ahora, 0,71 gramos de metanfetamina y 130 gramos de cannabis. La Policía mantuvo los cargos de posesión de drogas y de amenazas de muerte, que Rudd niega -sólo admite la tenencia de cannabis-.

La presentación del nuevo documento que demostraría las amenazas lanzadas por el batería pone contra las cuerdas a Rudd, que disfrutaba de una amplia libertad bajo fianza restringida el jueves tras mantener una fuerte disputa con uno de los testigos del caso, en un nuevo episodio público que volvió a llevarle ante la corte.

Según el abogado del músico de 60 años, Paul Mabey, se trató de un «encuentro casual» con uno de los implicados en su caso, pero el fiscal neozelandés Greg Hollister-Jones lo calificó de «una seria violación» de su libertad condicional dado que habría tratado de interferir en el desarrollo del caso influyendo en el testigo. Una persona que observó el altercado relató los hechos al diario neozelandés 'Stuff.co.nz', acontecidos en el exterior de una cafetería situada en un centro comercial frecuentado habitualmente por Rudd. Según el testigo, Rudd comenzó a discutir con un «tipo enorme», «tirándose hacia su cara» a lo que su interlocutor respondió con un empujón que estampó a Rudd contra una mesa. «Había comida por todas partes», continuaba el citado testigo. «Fue entonces cuando Rudd se volvió loco».