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La prensa gratuita, una nueva forma de consumir información

No está claro, o al menos del todo, cuál fue el primer periódico gratuito que se editó en el mundo. Algunos sitios on line, entre ellos Wikipedia o 'Centro de Artigo', lo sitúan en la Costa Oeste estadounidense en la década de los cuarenta. Allí, en California, el editor Dean Lesher habría lanzado 'Contra costa Times', que en 1960 pasaría a ser de pago. Sin embargo, son más los autores que retroceden hasta los penny-press de la segunda mitad del siglo XIX para intentar ubicar los orígenes de lo que bien podría llamarse 'prensa rápida' (por su consumo, ojo, que no por su preparación, ya que requiere la misma entrega que la prensa de pago). Y tampoco les falta razón.

Los penny-press eran periódicos baratos (a un centavo), dirigidos a la clase obrera que norteamericana, cuyo principal gancho era un alto porcentaje de contenido sensacionalista. Para ser más concretos, la mayoría de las noticias de los penny-press hablaban de asesinatos, asuntos locales y deportes.

Sea como fuere, lo que parece claro es que la eclosión de la prensa gratuita al otro lado del océano Atlántico ocurrió allá por los años setenta del pasado siglo y que en Europa hubo que esperar a que echase a andar el siglo XXI para que la prensa gratuita brillase en todo su esplendor. 

Sin embargo, como recuerda el director general de la Asociación Española de la Prensa Gratuita (AEPG), Víctor Núñez Fernández, el origen de la prensa gratuita en España se remontaría a las primeras publicaciones locales en Cataluña de hace aproximadamente unos 40 años. «Estas publicaciones de ámbito local tenían una estructura muy sencilla: información servicio para el ciudadano y gran número de anuncios y avisos por palabras», escribe Núñez en la web de la AEPG. Y añade: «Estamos ante los dos factores que componen las dos recetas del éxito de la prensa gratuita hasta ahora: la proximidad y la publicidad, sin ella no serían viables los proyectos gratuitos».

En los primeros dos mil llegaron a convivir en España cuatro diarios gratuitos de tirada nacional: 20 minutos, Que!, Metro y ADN. Y si bien cada uno tenía un carácter y unas señas de identidad que los hacía únicos basado en su maquetación, todos coincidían en un modelo común: fotos grandes y cuidadas, textos pequeños y muchos despieces, para que el lector pueda asimilar todo la información con apenas una pasada. Además, los cuatro estaban pensados para repartir en el transporte público, de forma que los usuarios pudieran leer el periódico entero en lo que tardaban en hacer su trayecto. Durante un tiempo, lo habitual era entrar en el metro o el autobús y encontrarse con uno o más diarios que nos tendrían informados hasta el momento de bajarnos… 

Pero el reparto del pastel publicitario se hizo insuficiente para la supervivencia de los cuatro con la llegada de la crisis en el año 2008. El de la publicidad fue uno de los gremios más afectados por la falta de liquidez y la caída de las inversiones en anuncios arrastró de manera casi inmediata a ADN primero y a Metro después. Durante unos años, se repartieron el mercado español 20 minutos y Que!, mientras que la prensa gratuita inglesa parecía (y aún parece) ajena al declive del papel en Europa.

La falta de inversión publicitaria, los altos costes que implica lanzar al mercado una publicación en papel y el asentamiento de Internet como soporte para mantenerse informado hicieron el resto. Que! dejó de publicarse en papel a mediados de 2012, pero se mantuvo en su versión de digital. No fue un adiós, fue un hasta luego.

El nuevo Que! en papel vuelve hoy a las calles, en edición semanal, a todo color y 56 páginas, con la que rompe con el concepto de 'lectura rápida'. Un diario que sale los viernes y que, por un lado, recoge toda la información relevante de la semana y, por otro, adelanta lo mejor del fin de semana. Un periódico gratuito en el que la información, es lo primero.