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Estudiar y trabajar a la vez, una alternativa realmente peligrosa

La dura crisis económica que azota España desde 2007 ha provocado que se produzcan una serie de cambios en las estructuras de trabajo de nuestro país. Una evolución en la que los diferentes grupos sociales se han tenido que adaptar, muchos de ellos por obligación, a vivir con una situación a la que jamás imaginarían que tuvieran que enfrentarse: estudiar y trabajar a la vez.

Cada vez más son los jóvenes y los no tan jóvenes que sienten la 'obligación' de compaginar ambas situaciones. El mercado laboral se ha diversificado y ahora las empresas valoran en una gran medida que los candidatos hayan tenido experiencia durante su etapa de estudiante. Por ello, personas como Laura han decidido que es el momento de 'engordar su currículum'. Esta joven de 19 años estudia Ciencias Ambientales en Madrid pero no quiere perder el tiempo y por ello trabaja desde hace dos años en una tienda de textil en el centro de la ciudad.

«No es algo que necesite ni que haga falta en mi familia pero lo hago por iniciativa propia. Quiero mis caprichos y prefiero tener un sueldo para mis cosas y no tener que pedir nada en casa. Sé que no tiene nada que ver con lo que estoy estudiando pero como persona, el empezar a trabajar desde tan joven me está enriqueciendo mucho, especialmente en la faceta de ser mucho más extrovertida», aclara. 

Pero… ¿Es posible centrarse en ambos aspectos sin dejar de lado alguno de ellos? Laura confiesa que, en alguna ocasión, ha tenido que 'escaparse de alguna clase' pero que, en líneas generales, no le ha afectado en gran medida. «Es muy difícil que no te despistes mucho en alguna. En mi caso sólo me han quedado dos en el último curso pero si es vez que cuando llegan los exámenes los demás tienen tiempo para estudiar y tú te tienes que ir a trabajar. Y eso, agobia mucho», asegura esta joven estudiante. 

Hay otros casos bien diferentes como David. Este corredor de seguros trabaja en el sector desde hace una década pero a pesar de tener un trabajo estable- es autónomo en la empresa de su padre- ha querido ampliar su currículo con una carrera universitaria. Desde hace tres años, compatibiliza su jornada diaria con los difíciles y tediosos temarios de Derecho. Una situación que reconoce que es realmente complicada de llevar.

«Quieras que no, ésta es una situación que te afecta en el día a día. Tienes mucho menos tiempo para tus cosas y sobre todo cambia tu forma de ser. Te vuelves más irascible y valoras mucho más el tiempo libre que tenías antes. Yo particularmente estoy arrepintiéndome de estudiar Derecho porque es una carrera que necesita que inviertas tiempo y mi trabajo hace que esté todo el día sin ello. Necesitaría que el día tuviese 35 horas para poder aprobar todas las asignaturas«, se justifica, entre risas.

Y por último, hay otras situaciones en las que sí que existe una verdadera obligación de compaginar estudios y trabajo. Alba acaba de empezar en la Universidad. La economía de su familia es muy débil, ya que sus padres están en el paro y sólo uno de ellos cobra el subsidio por desempleo que otorga el ministerio de Empleo y Seguridad Social. Desde hace un par de años, esta joven de 18 años trabaja para una conocida cadena de restauración en España. Su intención era dejar para centrarse en la Ingeniería que ha empezado hace unos meses. Sin embargo, el pasado mes de agosto despidieron a su padre de la empresa y todo cambió por completo. 

«Mis planes se fueron al traste cuando a mi padre le despidieron de su empresa. Yo tenía intención de dejar el trabajo pero era imposible porque en casa no habría prácticamente ingresos si yo me centrara en los estudios. Apenas llevo un mes compatibilizando ambas situaciones y estoy muy agobiada. No sé cuánto tiempo podré aguantar esta situación», confiesa Alba.

Sea como fuere, el compaginar estudio y trabajo tiene unos riesgos evidentes. Una profunda investigación de tres autores estadounidenses de la Universidad arroja que un hecho que en principio parece completamente inocuo puede traer acarrear graves consecuencias, especialmente si las horas de empleo superan las 20 a la semana. 

«Trabajar media jornada durante el año escolar ha sido una característica de los adolescentes estadounidenses durante más de 20 años (…)Durante las últimas dos décadas, numerosos estudios han analizado el impacto del trabajo en los adolescentes, pero la literatura sobre los efectos del empleo parcial tiene resultados poco consistentes y no hay acuerdo sobre si estudiar y tener un jornada laboral prolongada (más de 20 horas a la semana) es perjudicial para el rendimiento académico o para la conducta y la salud mental», destaca el informe titulado 'Child Development'.

PELIGROSAS CONSECUENCIAS…

Un estudio que es refrendado por profesionales con gran experiencia en el mundo de la psicología. Samuel Fernández Herrero, miembro del Departamento de Adolescencia de CINTECO, asegura que las «consecuencias están ahí».

«El estrés y la fatiga están presentes en los jóvenes que se ven obligados a estudiar y trabajar a la vez. También hay problemas de sueño, especialmente en aquellos que se enfrentan a cursos complicados como 2º de Bachillerato o primeros años de carreras. Es importante diferenciar si las jornadas de trabajo son largas o cortas. Si se dan las primeras, es posible que muchos de los chicos consuman drogas estimulantes como la metanfetamina, el hachís o el cristal para tener la sensación de aprovechar más el tiempo«, apunta Herrero.

Las consecuencias sociales también se muestran en los jóvenes y no tan jóvenes. Al estar más cansados, hay desgana a la hora de socializarse con el resto de amigos que no han hecho nada durante el fin de semana. Pero además de verse afectados en sus relaciones con los demás, también hay variaciones en el rendimiento escolar. 

«Es significativo en jornadas largas, trabajos de más de 20 horas que provocan falta de concentración, atención en las clases e incluso problemas para memorizar. Esto acaba repercutiendo en que las carreras duren más e incluso se alarguen durante años», explica este psicólogo clínico.

… PERO TAMBIÉN ALGUNA VENTAJA

Sin embargo, el compaginar estudio y trabajo no ofrece únicamente consecuencias negativas. También ofrece muchas ventajas. «Si es para ayudar a la economía familiar, empiezan a adquirir mayor autonomía y un aumento de la autoestima. En ese momento, se dan cuenta de que son dependientes y de que lo que están haciendo les está otorgando una experiencia profesional con contacto con la verdadera vida laboral», justifica Herrero.

El miembro de Cinteco señala, eso sí, que es importante diferenciar si las personas están obligadas o no a compaginar ambas situaciones. «No es lo mismo alguien que se enfrenta a ello por iniciativa propia que alguien que sabe que no le queda otra. En el primer caso, los efectos negativos no son tantos pero en aquellas personas que van a la universidad por obligación y que tienen una carga económica importante, como una hipoteca, se pueden dar estados de ánimo que rozan el ámbito depresivo«, finaliza.

Una situación que provoca que España, a pesar de que estas consecuencias afecten a todos los países por igual, sea uno de los países desarrollados en el que menos personas compaginan ambas actividades, especialmente entre los jóvenes. Los últimos datos de la OCDE nos sitúan en la cola, concretamente con un 4,7% de los alumnos de 15 a 29 años frente al 11% de la media.

Poco a poco, las circunstancias económicas han provocado que los denominados 'ninis' ya si quieran busca trabajo. Eso sí, trabajos que en su mayoría son temporales según el último estudio del Instituto de la Juventud. Ese informe arroja que el 61,4% de los contratos que firman los jóvenes de entre 15 y 24 años no superan los tres meses de duración. 

Mientras que en España es una situación que está creciendo cada vez, hay países en los que ya está plenamente integrado en la sociedad. Ese es el caso de Estados Unidos, donde según los datos del Departamento de Trabajo, el 45% de los estudiantes trabaja. Otros estudios como el de Citigroup y la revista Seventee eleva ese porcentaje hasta el 80%.

Es difícil que en nuestro país se vean algún día esos datos. Los expertos aseguran que la gran mayoría de planes universitarios, y mucho más con la llegada del Plan Bolonia, no ofrecen una flexibilidad de horarios que permitan compatibilizar un trabajo, ya no de jornada completa sino de media jornada. Otros, por desgracia, no tienen más remedio que enfrentarse a ello.