Quantcast

Low 2014: Yo sobreviví al Low 2014… y al 'high' también

He vuelto a hacerlo: he sobrevivido al Low Festival (ya ha dejado atrás el 'Cost') y también al high, y he vuelto para contarlo. Para explicar cómo se vive un festival de música de tres días en la ciudad deportiva Guillermo Amor de Benidorm, desde un punto de vista muy cómodo y otro sencillamente agotador. Por supuesto, todo tiene su precio.

El primero, el high, ronda los 1.500 euros (los tres días) e incluye estancia en hotel de lujo, en régimen de media pensión, y entrada 'VIP Pool' al festival (alrededor de 160 euros), que permite el acceso a la piscina de la ciudad deportiva Guillermo Amor y al resto de zonas VIP del recinto. Lo más de lo más. 

Porque en Benidorm se encuentra uno de los mejores resorts de España, el Barceló Asia Gardens. Por unos 1.200 euros se pueden alojar dos personas, tres noches, en régimen de media pensión. 

A cambio podrán disfrutar de las instalaciones del complejo (entre ellas cuatro restaurantes, clases de yoga y cuatro piscinas -una de ellas formada por ocho-) y comer al lado de Massive Attack, el cabeza de cartel del Low Festival 2014. Pasar la resaca en un entorno así, claro, cambia por completo el concepto de 'festival'. 

VIERNES, DÍA 1

Una llega al recinto de otra manera. Pese a lo cansado del viaje a Benidorm, los habituales embudos para entrar y las colas para hacerse con los maléficos tokens (tienen su propio apartado), se afronta la jornada con energía positiva. Mucha.

Los platos fuertes del viernes son The Hives y Vetusta Morla, ambos impolutos, pero también están en cartel Holy Gost!, Iván Ferreiro, We Are Standard, Sidonie, Xoel López, León Benavente, Blood Red Shoes y un buen puñado de artistas más. En la variedad está el gusto; lo difícil es llegar a todos. 

Así que la selección empieza por Iván Ferreiro en el escenario principal, a eso de las nueve de la noche. Es un buen concierto; el gallego repasa éxitos en solitario y con Los piratas y todos suenan bien sobre el escenario, revisitados o no. Pero apenas hay gente escuchando. Es muy pronto. Todavía hay luz del sol.

Y de ahí a León Benavente en el segundo escenario. A calentar motores para The Hives. Absorbemos un poco de la energía valiente que desprenden los leones, que ya tienen su buena cantera de adeptos, y empezamos la peregrinación (mismo capítulo que los tokens) a The Hives. 

Los suecos dan un concierto impecable, como era de esperar. Vestidos, claro, de blanco (camisa) y negro (pantalón) y con Pelle Almqvist ejerciendo de perfecto front man y practicando un más que loable español (para lo que vienen siendo este tipo de eventos), The Hives provocaron el primer gran estallido del público en el estadio de la ciudad deportiva Guillermo Amor de Benidorm. Los hits ayudan y ellos tienen suficientes para un concierto de hora y media, monólogos e interacciones con el público mediante. Llegaron, cantaron y vencieron.

Y luego fue el turno de Vetusta Morla, que a ojo de buen cubero metió a más gente que los suecos y, por tanto, arrasó más. También fue un concierto de muchos éxitos, entre los que ya se incluyen canciones de su último disco, 'La Deriva', que además fueron más coreadas por esas cosillas que los españoles tenemos con el inglés. Todo iba perfecto, hasta que un problema técnico dejó sin sonido unos pocos minutos al grupo. Pero no llegó la sangre al río y 'Valiente' pudo poner la guinda al concierto. Una gozada.

SÁBADO, DÍA 2

Has descansado en el súper hotel y has vuelto a coincidir con los cabezas de cartel en la comida. Esta vez hasta los has saludado y se muestran simpáticos. Después de todo, es la noche de su concierto. 

Massive Attack aparece en el escenario con 20 minutos de retraso sobre la hora prevista. La consecuencia fue 20 minutos menos de concierto del tiempo anunciado. Fue un show intenso, envolvente y cargado de mensajes políticos. El último de ellos, a favor de Palestina (el grupo tiene en su Facebook un foro de debate sobre el tema). Y por supuesto tampoco faltaron los éxitos, con 'Teardrop' y 'Angel' compitiendo por el primer puesto.

Y al final del concierto comienzan los rumores: los británicos exigieron que nadie más tocara durante su show para que no se mezclaran los sonidos y que todas las luces del estadio estuviesen apagadas. Nadie confirma ni desmiente nada. 

Lo único cierto es que los siete escenarios de esta edición, repartidos en un recinto pequeño (circunstancia la de la superficie que el año pasado fue una de las grandes virtudes del festival), pueden acabar provocando que la cabeza te explote (otra cuestión a tratar en el capítulo de los tokens). Y que Massive Attack, EL concierto del festival, sonó en su noche, que fue la más ruidosa, mejor que ningún otro grupo o artista. El fallo: el volumen estaba quizá demasiado alto…

Como quedó el listón cuando Editors salieron al escenario, pero los británicos cumplieron las expectativas. Su concierto es uno de los más celebrados, aunque muchos lo dejaron para ver a Mø, la gran revelación del festival. Porque la danesa es pura adrenalina, un torbellino en el escenario que encandiló a quienes se acercaron a escucharla. Y eso que a las energías a esas alturas empezaban a flaquear.

DOMINGO, DÍA 3

Con las prestaciones del hotel el cansancio es distinto. Desayuno, piscina, comida, siesta y festival. Es el último día. En cartel destacan Izal, Kaiser Chiefs, Love Of Lesbian y La Habitación Roja, pero tampoco son los únicos. Lo difícil ahora es que el cuerpo aguante.

Así que vamos los tres conciertos de la jornada: Izal, que lo petan; Kaiser Chiefs, ídem y Love Of Lesbian, que ya son unos habituales del festival. Los tres conciertos fueron multitudinarios, aunque destaca en el caso de LOL que tras dos años (año arriba, año abajo) de gira sigan metiéndose a la gente en el bolsillo. El de los catalanes fue un show divertido, pero corto. “Precoz”, tal y como lo describió Santi Balmes, que una vez más tuvo al público comiendo de la palma de su mano.

Después de LOL el ambiente 'bajó', pero la música siguió hasta altas horas de la mañana.

Nosotros nos recogemos, que los años pesan y hay que dejar el hotel a antes de las doce de la mañana; son más de las tres de la madrugada. Dormiremos pocas horas, pero será en una cama cinco estrellas.

EL AUTÉNTICO 'LOW'

Ahora imagina todo lo anterior sin piscinas, sin hotel cinco estrellas y sin entrada VIP Pool. Los conciertos serán igual de buenos o de malos, pero tu cuerpo no los asimilará igual. Empíricamente probado.

No es lo mismo alojarse en un resort de lujo que hacerlo en el 'hotel' Andalucía, una suerte de pensión de dudosa limpieza y calidad ubicado a cinco minutos del recinto. El establecimiento tiene dos estrellas, que todavía no sé de donde han salido: las manchas en la colcha, la falta de aire acondicionado (aunque el anuncio de la reserva diga que sí), y las ausencias de piscina y cualquier otra comodidad convierten tres días de fiesta en una etapa de alta montaña. 

No es lo mismo dormir en las camas del Asia Gardens que hacerlo en un colchón de espuma viejo, sobre un somier de metal del año 43. La espalda, las cervicales… al segundo día de festival parece que te han dado la paliza de tu vida. Eso sí: la habitación doble tiene un precio de 66 euros la noche (33 por persona), con lo que el coste frente al Asia Gardens se reduce considerablemente.

A cambio podrá comerse un bocadillo de 2,5 euros en cualquiera de las cafeterías que hay bajo el hotel y coincidir con otros lowers que luego verás en el concierto del cabeza de cartel. También podrá saludarlos, pero dependerá de la resaca que se muestren simpáticos o no. 

La opción incluye abono para los tres días por 40 euros (o 60 si se ha comprado en los días previos al festival) y el coste por persona rondará los 300 euros los tres días, en función del consumo que cada uno haga dentro del recinto. Pero en lo cierto es que lo que no pague la tarjeta, lo pagará el cuerpo. Porque, claro, dentro del recinto tampoco se puede acceder con el abono simple a ninguna de las zonas VIP del festival, en las cual se incluye la piscina y en el hotel no hay. Siempre nos quedará la (abarrotada) playa…

Por supuesto, entre una experiencia y otra hay todo un abanico de opciones para todos los gustos y bolsillos; pero hay que andarse rápido, porque las plazas hoteleras para este evento vuelan. Benidorm se llena de hipsters (y no tanto) para alegría de los comerciantes y hosteleros, que los reciben con los brazos abiertos y precios desproporcionados (recordemos: el hotel Andalucía, el más barato que hemos encontrado, cobra 66 euros la noche por una habitación doble que ofrece cero comodidades y llega a resultar estremecedora, amén de los precios dentro del recinto).

LAS CRÍTICAS

-Los maléficos tokens: sí, maléficos, porque tienen un valor simbólico de 2,5 euros, pero tu cabeza asocia 1 token = 1 euro… y el despilfarro está garantizado.

– El ruido: Especialmente el sábado. Pero, en general, el volumen estaba tan alto que los conciertos acabaron por pisarse unos a otros, con la consiguiente pérdida de calidad, y hubo pocos momentos en los que no fuera necesario gritar para mantener una conversación con alguien. A ratos daba la sensación de encontrarse más en Monegros que en el Low Festival de Benidorm.

– La luz, o su ausencia: La oscuridad imperó en el escenario grande, incluso entre concierto y concierto. No había luz. La entrada y salida al estadio donde se celebraban las actuaciones de los cabezas de cartel llegó a ser un auténtico infierno, entre el ruido, la oscuridad y el volumen de gente (las cifras oficiales hablan de 23.000 personas por día), que solo tenía una puerta de acceso por detrás del estadio (ir de un escenario a otro se convirtió en una peregrinación) y otra de salida (otra vuelta para salir del estadio).

– Las zonas VIP: Solo se podía pagar por sistema PayPal y la recarga mínima era de 50 euros. 

Conclusión: Nos gustó más la experiencia de Low Cost Festival 2013, menos ambicioso, pero con mucha más calidad. Porque al final, como casi todo, menos es más.