Quantcast

«El Rey abdica por su hijo, por la familia rota y porque se siente solo», dice Victoria Prego en El Mundo

Fue en otoño, cuando el Rey Don Juan Carlos sufría muchísimo por las continuas operaciones, por su dolencia de cadera, por una durísima rehabilitación, cuando la impotencia del querer y no poder le consumía. Entonces se gestó la idea y nació la inquietud por darle forma institucional. Por acompasar los tiempos. El Monarca siempre dejó claro que su reinado terminaría cuando él ya no estuviera. Los últimos años de jefatura de Estado no le han ayudado a ser coherente con la opinión profesional que expresó siempre. Según Victoria Prego, en un artículo en el Mundo, los allegados al Monarca saben que «El rey ha manejado muchas veces antes de ahora la posibilidad de abdicar».

Y desde enero se empieza a hablar en serio del asunto. No habría influido, según El Mundo, el discurso de Don Juan Carlos en la Pascua Militar, probablemente el peor de toda su vida. Tampoco el caso Nóos, aunque habría influido ne su ánimo. El rey habría consultado con un puñado de personas cercanas a las que ha preguntado y con las que ha abordado el asunto. «Y Él ve, sobre todo, que su hijo está en el mejor momento y no quiere verlo como Carlos de Inglaterra, que en noviembre cumple nada menos que 66 años».

El 5 de enero pasado, salen encuestas que dicen que, por primera vez en democracia, no llega al 50% el porcentaje que respalda la monarquía como forma de Estado para España. Es más, el 56% de los encuestados tiene una opinión regular, mala o muy mala del reinado de don Juan Carlos. 

Puede que fuese el detonante. Tocaba a los más próximo en Casa del Rey ponerse a trazar la hoja de rota del adiós del Monarca. Pero hay más:  En ese tiempo, el Rey está muy solo. Son muchísimos los días en que come solo en la Zarzuela, escribe Victoria Prego.

Por delante estaban las elecciones europeas, el problema de Cataluña, las primarias del PSOE que podían poner en entredicho el liderazgo de Rubalcaba, y eso ya constituía una incertidumbre que no convenía a la operación que estaba en marcha. Un lío institucional en toda regla. Tras consultar ya a la esfera política e institucional, se toma la decisión: «Hagámosló en junio». Y el resto es materia histórica conocida. O no tanto. 

Don Juan Carlos se lo explicó a Rajoy, que como tantas veces trasladó la 'patata caliente' a la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría para que trabajara con la Casa en la reparación de la abdicación, y eso fue todo. Dos o tres días después, el 2 o el 3 de abril, el rey habló con Rubalcaba.

 ¿Qué va a hacer ahora Don Juan Carlos con su vida? Se queda sin cometido preciso y, lo que agrava aún más el vacío que le amenaza, en la más absoluta soledad. «Esta realidad de don Juan Carlos es el resultado de su trayectoria personal durante años, en los que ha tenido numerosas relaciones sentimentales fuera del matrimonio», escribe Victoria Prego.