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Álvaro Bultó y Darío Barrio, dos vidas truncadas por su su pasión por el riesgo

Aquella muerte de Álvaro Bultó causó controversia, entre los amantes del paracaidismo y los deportes de riesgo y aventura. Estos forofos del vuelo se rebelaron contra el 'amarillismo peridístico' que llevó en su momento a informar de que la muerte se había debido a que no se le abrió el paracaídas. ¿Qué pasó realmente aquel viernes 23 de agosto del pasado año? Hoy como entonces, el rumor vuelve a apuntar a la misma causa en el caso de la muerte de Darío Barrio, que falleció mientras practicaba salto Base en el Festival Internacional del Aire 'El Yelmo' en la localidad de Segura de la Sierra (Jaén).

Pero es que la trágica realidad es terca. En dicho festival se rendía homenaje y recuerdo a Álvaro Bultó, quien le precedió en la desgracia. El cocinero falleció por una pasión, la que sentía por este deporte. Una práctica de riesgo que se llevó primero las vidas de otros compadres de saltos, como el empresario de hostelería Manuel Chana, que hace seis años murió durante un salto en el aeródromo Don Quijote de Lillo (Toledo), al no abrirsele el paracaídas a tiempo, y luego, en 2013, lo dicho, a Álvaro Bultó.

Hay que recordar que el aventurero y empresario de 51 años sufrió un accidente en los Alpes suizos mientras praticaba 'wingfly', un tipo de paracaidismo de alto riesgo que consiste en lanzarse al vacío y planear con un traje que incorpora membranas a modo de alas. De hecho, la foto principal de la página de Facebook de Darío Barrio era él mismo practicando este deporte en una imagen tomada desde la avioneta desde la que saltó.

LOS ACCIDENTES, «POR ERRORES HUMANOS»

Desde la Escuela de Paracaidismo de Toledo explican a Qué.es que la práctica de este deporte es bastante segura, y hacen referencia a las informaciones sobre la muerte de Bultó que en principio, como la de Barrio ahora, se vinculan a un fallo del paracaídas. «Este tipo de accidentes por fallos del paracaídas son poquísimos en las estadísticas. Siempre hay un paracaídas de emergencia por si falla el otro, y los saltos se hacen desde aviones a 1.000 metros de altura, por lo que el segundo se podría abrir a 600-700 metros», afirma
el presidente de la Escuela de Paracaidismo Skydive Lillo de Toledo, Miguel Ángel Paredes. Él lleva saltando desde 1970 y, según dice, ha visto «varios accidentes», casi todos «por errores humanos».

En ese sentido, afirma que los más típicos se deben a que se usan paracaídas de rendimiento alto, con grandes exigencias de pilotaje por las velocidades extremas que alcanzan, y que no todos los paracaidistas están igual de preparados.