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Trastorno por Déficit de Naturaleza: El nuevo mal del siglo XXI

A salvo de este nuevo mal del siglo XXI se mantienen quienes prefieren llevar una vida más natural en el campo, alejados de la contaminación y el ruido de las ciudades. Pero, claro: son los menos. El resto, urbanitas y modernos, están expuestos a lo que se conoce como Trastorno por Déficit de Naturaleza. ¿Y esto qué es? 

Según explica el Catedrático en Psicología Ambiental en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) José Antonio Corraliza “el Trastorno por Déficit de Naturaleza (TDN) forma parte de un conjunto de problemas que, genéricamente, se denominan enfermedades psicoterráticas, que son trastornos que tienen su origen en una deficitaria o patológica relación con el entorno en el que vivimos”.

Concretamente, el TDN “se define como aquella situación en la que las personas viven una persistente desconexión de la naturaleza y todo lo que el contacto con la naturaleza conlleva: paseos, deporte, evasión…”, añade Corraliza. Y acto seguido aclara que esas personas urbanitas y modernas de las que hablábamos al principio, por mucho que se consideren a sí mismas como tales, no han tenido “tiempo para adaptarse a las sobrecargantes condiciones de vida urbana”.

LOS ORÍGENES DEL TÉRMINO Y SUS AFECTADOS

El término de 'Trastorno por Déficit de Naturaleza' fue acuñado por el periodista y escritor Richard Louv en el año 2005, en su libro “El último niño de los bosques''. Y lo que parecía un manual en favor de la naturaleza sin más, dio lugar a todo un movimiento seguido por educadores y padres que buscan restablecer el vínculo entre los humanos y la naturaleza, y muy especialmente entre los niños y la naturaleza.

Sin embargo, no hay aún una comprensión generalizada de este trastorno como médico, “pero sí que hay algunos médicos en los países nórdicos que empiezan a recomendar a las personas mayores estancias en entornos naturales” para remediar los malestares que llegan con la edad, explica Corraliza. En el caso de España, dice, “aún no es considerado un trastorno médico, porque algunos de los síntomas que aparecen son asimilados a otras circunstancias que viven las personas”.

Así las cosas, resulta difícil cuantificar cuántos urbanitas sufren este trastorno. “No hay estudios epidemiológicos que lo confirmen”, señala el Catedrático. “En cualquier caso, puede decirse que todo, de alguna manera, hemos notado la nostalgia del contacto con la naturaleza en algún momento”, apostilla.

SÍNTOMAS Y TRATAMIENTOS

Como consecuencia de la ausencia de alcanzar la consideración de trastorno médico, los síntomas del TDN “aún no están sistematizados, pero se relaciona con la aparición de síntomas de ansiedad y estrés y, sobre todo, fatiga atencional“, dice Corraliza. A pesar de todo, sí puede llegar a localizarse analizando el caso contrario: “cuando uno está cansado o agobiado, un paseo por un entorno natural o naturalizado tiene efectos beneficiosos que se traducen en un reequilibrio de su funcionamiento psicológico”, explica el experto. 

En cualquier caso, el TDN se ha asociado con cuatro grandes patologías que, aunque no se localizan todas en niños, sí tienen una especial incidencia en la población infantil: la obesidad, las enfermedades respiratorias, el trastorno por déficit de atención y la hipovitaminosis D.

CONSECUENCIAS Y TRATAMIENTO

Sobre las consecuencias del TDN, explica el Catedrático de la UAM: “Si pensamos en la etiología básica de cada uno de estos graves problemas de salud (la obesidad, las enfermedades respiratorias, el trastorno por déficit de atención y la hipovitaminosis D), nos daremos cuenta de que el origen está en un estilo de vida que nos hace usar y abusar de recursos tecnológicos en el que no tiene cabida el contacto directo con la naturaleza”. Y añade: “Cualquier persona sabe por experiencia propia que un paseo por un espacio naturalizado (un parque o un jardín) o por un entorno natural ayuda a sosegar el ánimo y aumenta la capacidad reflexiva; el contacto directo con la naturaleza es, pues, un nutriente vitamínico del equilibrio psicológico”.

Lo que sí parece claro, y de hecho suele tener el beneplácito de todo el mundo, es que el contacto y la contemplación de la naturaleza actúan como un recurso que ayuda a recuperar el equilibrio psicológico. Su práctica tiene efectos restauradores tanto del estrés urbano como de la capacidad de atención. Según Corraliza, “en experimentos realizados por psicólogos ambientales se muestra como la mera contemplación de paisajes naturales reduce a la mitad de tiempo el proceso de recuperación fisiológica después de estar sometido a un estado de estrés”. 

Por tanto, el mejor tratamiento “es precisamente reconectarnos con la naturaleza a través del desarrollo de actividades en entornos naturales y naturalizado dichas actividades como algo común. Salir a correr, tan de moda en los tiempos que corren, o adquirir la rutina de salir a caminar a diario pueden ser el mejor antídoto ante este trastorno. En este sentido, la marca de calzados El Naturalista ha promovido estos días la actividad 'Walking Coach', que simplemente consiste en paseos de 30 minutos por un parque en compañía de un coach o entrenador. ¿El objetivo? Reconectar con uno mismo y con la naturaleza, y ayudar a que las personas recuperen la memoria perdida del contacto con entornos naturalizados cotidianos.

“El contacto directo con la naturaleza es, por tanto, un recurso preventivo que puede mejorar no sólo nuestro funcionamiento psíquico, sino nuestra salud física, en la medida en que ayuda a recuperarnos del estrés a que estamos sometidos en mucho menos tiempo que otras actividades“, concluye Corraliza.