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Parejas jóvenes y con hijos, víctimas de la depresión por estrés

Levantarse a las siete de la mañana. Trabajar todo el día. Llegar a casa a la nueve después de hacer la compra. Ordenar la casa y acostarse tarde para poder estar en algún momento con la familia. Llega el fin de semana y más de lo mismo: flecos del trabajo, lavadoras, recados…

Éste es el diario de muchas parejas jóvenes de entre 35 y 45 años, y también el caldo de cultivo para la llamada 'depresión por estrés', una variante de esta epidemia de tristeza que, hoy por hoy, los psiquiatras consideran ya mayoritaria.

«Hace 30 años había muy pocos problemas psiquiátricos en esta franja de edad, hoy yo diría que son el prototipo de la ansiedad y la depresión«, sostiene José Antonio López-Rodríguez, presidente de la Asociación Española de Psiquiatría Privada, quien achaca las causas al estilo de vida que se nos está imponiendo. «Es el estilo de vida americano, el calvinismo de vivir solo para trabajar, que es la antivida». En este sentido, López-Rodríguez señala que la frase que más escuchan los psiquiatras en la consulta es «no tengo tiempo».

Las estadísticas son abrumadoras: el 40 por ciento de los españoles padece ansiedad o depresión. Una situación que se ha visto agravada en los últimos años por la crisis. Según datos divulgados en el último Congreso Catalán de Salud Mental, la situación económica ha disparado los casos de depresión hasta un 19 por ciento. «Hace años un colega mío decía que en el siglo XXI la mitad de la población se dedicaría a cuidar de los trastornos mentales de la otra mitad. Creo que estamos en ese punto», opina el doctor.

EL PRECIPICIO DE LA DEPRESIÓN

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la depresión como «un trastorno mental frecuente, que se caracteriza por la presencia de tristeza, pérdida de interés o placer, sentimientos de culpa o falta de autoestima, trastornos del sueño o del apetito, sensación de cansancio y falta de concentración». Y sus pronósticos son desoladores: hace 10 años el organismo ya calculaba que la depresión sería la segunda causa de incapacidad en el mundo en 2020.

Por extraño que parezca, esta eclosión tiene que ver con unos estilos de vida cada vez más exigentes y estresantes. La vía por la que el estrés llega a desembocar en depresión ha sido ya detectada y estudiada por la ciencia: ante situaciones de peligro nuestro cuerpo segrega CRH, una hormona que nos mantiene en tensión. Su acumulación puede desembocar en un trastorno de ansiedad y, si ésta no se trata, la respuesta final del cuerpo será la depresión.

«Se termina en depresión por agotamiento», resume el doctor.

NOS SIGUE DANDO VERGÜENZA

Uno de los mayores problemas relacionados con el diagnóstico y tratamiento de estas enfermedades es que nos siguen dando vergüenza. A pesar de las campañas de los últimos años (el último día contra la depresión de la OMS estuvo dedicado precisamente a su normalización y aceptación social), los trastornos mentales se siguen considerando como un estigma. «La gente prefiere tener un problema de piel o taquicardias a una depresión». A menudo, éstos no son sino síntomas de algún problema de índole mental…

Por otra parte, López-Rodríguez se queja de que «hay muchos médicos de atención primaria que desconfían de la psiquiatría» y que, por tanto, les mandan los pacientes cuando ya no saben cómo ayudarlos.

Además, se asocia a debilidad mental o a falta de virilidad en el caso de los hombres. «Llevamos siglos de machismo y eso no se cambia en unas pocas generaciones». No obstante, y a pesar del cambio de perfil cree el doctor que la incidencia continúa siendo algo mayor en las mujeres que, en líneas generales, están sometidas a una mayor presión al tener que compatibilizar los roles de trabajadoras, esposas y madres de familia.

Y, ¿CÓMO CAMBIAR DE VIDA?

Este es el 'quid' de la cuestión tanto para los pacientes como para los psquiatras, que señalan que, paradójicamente, cuanto más grave es la depresión más fácil resulta el tratamiento. Entre otras cosas, porque una depresión de base química o neurológica, responde mejor a la farmacología. Pero, ¿qué sucede cuando la terapia pasa por cambiar de vida? «El paciente es reticente… a largo plazo solo se pude hacer un tratamiento paliativo para ayudarle por ejemplo a conciliar el sueño».

Dormir más, relajarse, ganar tiempo para uno mismo… Consejo aparentemente sencillos, pero muy difíciles de llevar a la práctica hoy en día.