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Apadrina a un científico: Investigadores buscan fondos a cambio de tareas domésticas

«Investigador pre-doctoral en el campo de la entomología busca financiación para costear su salario, una vez terminada su beca y agotado el paro, y terminar su tesis doctoral sobre el escarabajo pelotero y su importancia en la sucesión ecológica de los bosques mediterráneos, se ofrece a eliminar plagas de cucarachas en hogares de una manera eficaz, ecológica y sostenible, matándolas de un pisotón. ¡Ya no tendrás que sufrir la sensación desagradable de escuchar como crujen al aplastarlas!».

Ésta es una de las alocadas 'ofertas' que aparece en la web 'Apadrina un científico', la página de una campaña con la que el colectivo Ciencia Con Futuro denuncia la precaria situación que vive la investigación en nuestro país. «No son casos reales, pero si seguimos así podemos acabar en eso», denuncia Fernando Baisón, becario de investigación predocotoral en el Departamento de Genética de la Universidad de Sevilla.

Y es que el presupuesto que destina España a la investigación científica es muy inferior a la media europea: apenas un 1,3 del PIB frente al 2,1 de media en la zona euro. Éste se ha visto además mermado en los últimos años a medida que se reducía el PIB y aumentaban los recortes. «Los presupuestos destinados a investigación no se ajustan a los compromisos adquiridos por nuestros gobernantes ni a la demanda de excelencia tantas veces proclamada», denuncian desde el colectivo. 

La campaña se inicia este 22 de abril y se usará la etiqueta '#Apadríname' en Twitter.

UN CASO REAL

La idea de poner en marcha esta web parte incluso de un caso real: el de un joven que, sin financiación para costearse la estancia en un Congreso, fue invitado por su ex jefe, un londinense que se hizo cargo de los costes.

Hoy día los 'mecenas' más o menos oficiales son una realidad. Y en pleno auge del crowdfunding (micromecenazgo) surgen iniciativas dedicadas específicamente al ámbito científico. Es el caso de iLoveScience, donde ya se han logrado financiar proyectos como el Rodrigo Barderas sobre el Alzhéimer y la detección precoz de síntomas de su desarrollo.

No obstante, Baisón puntualiza que esta fórmula tiene muchas limitaciones y no se puede plantear como una alternativa a la financiación pública: «El dinero que necesita un proyecto de investigación a menudo es demasiado para obtenerlo por esta vía».

Otras veces, aunque sean grandes empresas o sociedades quienes quieran tomar el relevo, las instituciones y el Estado tampoco o ponen fácil. Baisón recuerda a este respecto el caso de Mariano Barbacid y su investigación contra el cáncer: el director del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) buscó en 2011 una fórmula para recabar 50 millones de euros que necesitaba para desarrollar un fármaco contra el cáncer de pulmón a través de una sociedad mercantil en la que participaban empresas privadas. El ministerio de Ciencia, entonces dirigido por Cristina Garmendia, se opuso alegando que en caso de deudas los acreedores podrían dirigirse contra una fundación pública como es el CNIO. «Imagínate que hacemos un crowdfunding, logramos el dinero y luego el Estado dice que no se puede emplear… las mismas instituciones ponen muchos problemas para la investigación privada», reflexiona Baisón.

Con todo, desde Ciencia con Futuro insisten en que «el principal motor de financiación de la ciencia debe ser la inversión pública», entre otros motivos porque «la investigación no puede estar supeditada exclusivamente a los intereses del mercado». Y añaden, «la investigación en Ciencia Básica no siempre puede prometer los beneficios a corto plazo que exigen los inversores, sin embargo es precisamente esta área la que trae consigo los verdaderos avances científicos a largo plazo».

Todo por evitar evitar que lleguen de verdad a producirse situaciones tan esperpénticas como ésta: «Matemático con 20 años de experiencia le alicata el cuarto de baño con motivos geométricos a cambio de que le deje su PC para hacer unos cálculos».