Quantcast

Alfredo Fraile: Julio Iglesias no ha estado ni con tres mil mujeres ni con trescientas»

Alfredo Fraile acaba de presentar 'Secretos confesables', un libro en el que recopila sus memorias. Conocido por ser el mánager de Julio Iglesias durante quince años, Fraile también ha trabajado con personalidades como Adolfo Suárez o Silvio Berlusconi.

Desde Qué.es repasamos con él lo más destacado de su libro y algunas de las anécdotas de los distintos personajes con los que ha trabajado.

¿Qué es lo que le ha motivado a escribir el libro?

El libro nace por mis hijos. Se les ocurrió acercarse a la editorial y preguntar si les interesaba un libro de su padre hablando del trabajo y de las personas que había conocido y que pensaban que podía ser interesante. Hace dos años me llamaron por teléfono a Miami, donde yo estoy viviendo, y me dijeron que habían firmado un precontrato para hacer un libro sobre mi vida.

Al principio me pareció que era una especie de deuda que tenía con ellos. Especialmente porque yo tengo seis hijos pero solo he visto nacer a tres, y he estado toda mi vida, sobre todo cuando trabajaba con Julio, viajando por todo el mundo.

¿Está satisfecho con el resultado?

Estoy satisfecho con el trabajo y la gente que lo ha leído dice que es divertido y entretenido, que es de lo que se trataba. Pensé también que era una cosa sencilla y que lo arreglaría en cuatro o cinco meses, escribiendo un rato por las noches. Pero la verdad es que tardé más de dos años en hacerlo. Es algo de lo que no me arrepiento, pero si llego a saber que era tan difícil, no se si lo habría aceptado.

¿Hay algo que se haya quedado fuera del libro y le hubiera gustado incluir? Y, ¿se arrepiente de algo de lo que ha escrito?

Yo pienso que ha sido una buena experiencia, aunque me arrepiento de algunas cosas que he puesto y de otras que no. Por ejemplo, cuento en un capítulo que Julio no se portó muy bien con una secretaria chilena que tuvo, y se me olvida decir que había un director de televisión de Chile que tenía cáncer y Julio se portó muy bien con él.

Leí el otro día a alguien que decía que hablaba mucho de Julio y que, sin embargo, de Silvio Berlusconi y de Javier de la Rosa no hablaba tanto, y que además hablaba muy bien de ellos dos.

Es verdad que de Julio hablo mucho porque fueron años importantes, donde aprendí mucho, y donde creo que me fui formando profesionalmente. Me ha marcado la vida y la gente me conoce por haber sido el mánager de Julio.

El libro se llama 'Secretos confesables', pero supongo que tendrá miles de cosas que no podrá ni querrá contar nunca.

Hay cosas que me las callo porque no conviene que cuente todo. He procurado ser lo más justo posible, aunque no estoy seguro de haber acertado. Creo que debo tener cierta fidelidad con las personas que he conocido, con las que he compartido mi vida y mi trabajo. También hay cosas de mi vida que no voy a contar porque no soy tonto, y no voy a tirar piedras sobre mi propio tejado. Yo soy una persona que seguramente tiene más defectos que todas las personas con las que he trabajado, pero no los cuento.

Tengo la suerte de ser el autor del libro y he podido censurarme para lo bueno y para lo malo. Además, este es un libro que hago para mi familia. Puedo contar, como anécdota, que cuando Julio se separa de Isabel, nosotros venimos de una gira y pasamos cuatro o cinco días en Madrid. Mi familia estaba de vacaciones en Palma y vino a buscarme mi mujer. Le enseñé la portada de la revista ¡Hola! un día antes de que saliera y me quería matar, porque yo lo sabía desde hacía unos días. Había estado trabajando con Jaime Peñafiel, y hablando con Julio y con Isabel, intentando lo posible por ayudar a los dos, pero no le había dicho nada a mi mujer.

Este es un pequeño ejemplo de lo que pasaba en mi vida, que procuraba no llevar los problemas a casa. Pero con el libro cumplo una deuda que tenía con mi familia.

¿Cree que las cosas que cuenta en el libro pueden dañar la imagen de Julio Iglesias?

Mi relación con Julio está rota desde el momento en que yo me fui. Eso no quiere decir que no le tenga cariño. Sé, por lo que me dicen algunas personas, que a Julio le ha molestado algunas de las cosas que digo en el libro. Especialmente lo que escribo sobre la relación con sus hijos y con Isabel.

Pero por ejemplo, el otro día leí una entrevista que le hicieron a su hijo Enrique en la que le preguntaban sobre mi libro y él dijo que era verdad todo lo que contaba. Y luego además, Julio sale diciendo que Enrique lleva doce años casado con Anna Kournicova y no la conoce. Si yo digo que abandonó a sus hijos, no lo digo de una forma crítica. Ambos descuidamos a nuestros hijos, desgraciadamente, porque teníamos una profesión que nos obligaba a estar mucho tiempo fuera de nuestra casa. También cuento que fue Isabel la que le dijo a Julio «hasta aquí hemos llegado». Y en la última entrevista que he leído en la revista ¡Hola!, ella lo dice también.

Todo lo que cuento es verdad, y siempre lo hago procurando que la gente no quede mal y justificando las cosas. Creo que no es un libro negativo, sino que acerca el aspecto humano de cada una de las personalidades que he conocido.

Entonces, ¿desde que dejó de representarle no ha vuelto a tener ningún tipo de relación ni le ha vuelto a ver?

Desde que nos separamos yo le he vuelto a ver en dos o tres ocasiones. Una fue cuando el homenaje a Alfredo Vargas en México, y de eso hace ya más de veinticinco años. Luego le vi también en un restaurante. Siempre me dice lo mismo: «Alfredo que no me llamas, que yo te quiero mucho». Y yo también le quiero mucho, pero él no me llama y yo no le llamo. Yo quiero que a él le vaya bien y que tenga mucho éxito, pero no quiero estar preocupado ni por su carrera ni por su vida. Creo que los dos debemos estar contentos con el tiempo que pasamos juntos. Lo que hicimos fue muy importante.

¿Cree que fue usted el que hizo de Julio Iglesias un gran artista?

Estoy muy satisfecho de haber ayudado a que Julio sea la leyenda mundial que es. El mérito que tengo es que creí en él al principio, cuando nadie lo hacía. Solo dos personas creímos en él: Enrique Garea, director de Columbia, y yo.

Yo pedí dinero a mis padres para ayudar a Julio y unas tías mías nos daban los billetes de avión para que pudiéramos viajar por el mundo, porque al principio nadie creía en él. Incluido el propio Julio, que siempre me decía: » Alfredo, tenemos que aprovechar esto que va a durar cuatro o cinco años, vamos a ganar un dinero para ahorrar y nos ponemos a trabajar en algo serio».

¿Cómo definiría su relación profesional con él durante los quince años que estuvieron trabajando juntos?

Estoy muy satisfecho, aprendí mucho a su lado. Fue una etapa de mi vida muy interesante y muy enriquecedora. Menos económicamente, porque cuando Julio empezó a ganar dinero yo ya me había ido.

¿Y cómo era Julio Iglesias con su familia y en su vida personal?

Yo digo en el libro que Julio es el resultado de lo que ha vivido. Es el resultado de lo bueno, lo malo, los éxitos y los fracasos. Julio ha tenido un éxito importante en la vida y eso, de alguna forma, te hace ser como eres y condiciona las relaciones que tienes con tus hijos. Y si luego resulta que fracasas en tu matrimonio, te vuelcas en tu carrera y no puedes atender a tus hijos, las relaciones con ellos no son las normales de un padre que puede estar con sus hijos, viéndolos crecer y acompañándolos al colegio. Entonces, lo que le pasa a Julio es normal y yo lo justifico.

¿Por qué no apoyó nunca a Enrique Iglesias cuando se empezó a dedicar a la música?

Lo que hay es una relación un poco difícil, pero no es un problema de celos hacia su hijo. Julio lo que sintió es que de repente Enrique empieza una carrera en el mundo de la música y no le dice nada. Y de repente, empieza a ver que su hijo tiene éxito y siente que no le ha podido ayudar y entonces reacciona mal. No es un problema ni de celos ni de ego, es una mala relación padre-hijo, que yo espero que algún día se arregle.

Pero, ¿Julio Iglesias piensa que Enrique solo ha tenido éxito por ser su hijo?

Uno de los problemas es ese, que al principio le dijo: «tú vendes discos porque eres mi hijo». No supo encajar bien la situación, pero él sabe que su hijo ha hecho una buena carrera y estoy seguro de que Julio está orgulloso de Enrique.

Y sobre el número de mujeres con las que ha llegado a estar Julio Iglesias y su famosa agenda de novias ¿qué me puede contar?

Es cierto que Julio ha tenido muchas mujeres que se han acercado a él, porque es un ídolo mundial y un personaje atractivo. A muchas mujeres les gusta simplemente acercarse a que les firme un autógrafo y se conforman con eso. Luego había otras que querían hacerse una foto y salían corriendo para ir a una revista a decir que era la novia de Julio Iglesias.

Julio es humano y tiene los defectos y las virtudes que todos tenemos. Que hubiera señoras guapas alrededor y de alguna forma le hicieran compañía le iba bien. Y luego además, ser una especie de ídolo o sex symbol, un nuevo Rodolfo Valentino (como a veces se dijo), le ayudaba en su carrera. Entonces procurabas no desmentir nada, incluso intentábamos fomentarlo. Cuando estaba con una persona guapa o interesante, siempre había algún fotógrafo. Este tema se utilizó pero nunca se hizo daño a nadie.

Pero, ¿la cifra de las tres mil mujeres es cierta?

Eso era exageradísimo. La agenda la tengo yo y no hay ni tres mil mujeres, ni trescientas. Por lo menos, en los quince años que yo estuve con Julio no hubo tantas. Además, en algún caso salía con una chica que era amiga suya y ya decían que era su novia.

También trabajó con Silvio Berlusconi y dice que fue su mejor jefe ¿Cómo es trabajar con él?

Me contrató y tuve la suerte de trabajar para él como empleado. Empecé a trabajar con él porque tenía interés en saber qué iba a ocurrir en España con las televisiones privadas. Siempre gastaba la broma de «si yo le hubiera conocido antes ahora sería Julio Iglesias y no Silvio Berlusconi».

Era un gran trabajador, era una persona que dormía cuatro horas, hacía una hora de gimnasia, leía todos los periódicos, y cuando nos citaba a un desayuno de trabajo era el que estaba más preparado. Cuando ponía un tema encima de la mesa pedía que le dijésemos lo que opinábamos. Siempre me decía: «Alfredo, tu obligación es decirme la verdad y cuando me he equivocado, y si puedes avisarme de que me voy a equivocar antes de que lo haga, también me lo dices». También tenía una cosa muy importante y es que era capaz de ver cuando teníamos un problema y para él era muy importante la vida personal y familiar de todos los que trabajábamos con él. Eso es lo que me ha hecho decir que fue mi mejor jefe durante los diez años que trabajé con él, antes de que se metiera en política porque no podía seguir con él por una incompatibilidad.

Lo que está contando de Berlusconi choca un poco con la imagen que tenemos de él.

En unos momento donde recibe ataques y ha tenido mala prensa, en algunos casos justificadamente, debo de decir lo que yo conozco de Silvio. Dejé de trabajar con él hace veinte años, pero el Silvio que yo conocí era una persona muy familiar, que vivía en Árcore con su mujer y sus hijos pequeños.

También asesoró durante un tiempo a Adolfo Suárez, ¿cómo fue trabajar con él?

Adolfo Suárez, y no es porque se haya muerto hace poco, es la persona más importante con la que yo he trabajado en mi vida. Era un gran político, una persona que dio todo por su país. Cuando le conocí para hacer dos campañas con él, rodeado de un gran equipo de personas, y le presenté la campaña que queríamos hacer, me dijo tres cosas: «no puedo prometer nada que no vaya a cumplir y no voy a mentir para nada en la campaña; primero es España y luego voy yo; y yo no quiero utilizar el 23-F, es una fecha trágica y no quiero abusar de ese tema».

Nos comprometimos a cumplir las primeras condiciones pero lo del 23-F lo terminamos usando porque era una de las cosas por las que la gente le guardaba respeto, y no teníamos muchas más armas para luchar contra el resto de partidos. Él se terminó dando cuenta de que no podía luchar contra la historia y en sus últimos días le han recordado, entre otras cosas, por eso.

Algo que me ha hecho mucha gracia, por llamarlo de alguna manera, ha sido ver a personas que cuando yo me fui a trabajar con Adolfo le habían abandonado y ahora hablan maravillas de él. Cuando yo llegué allí no había más que seis o siete personas que le eran fieles y ahora han aparecido multiplicados por diez.