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Encierra a su mujer en la caseta del jardín por no parar de cantar

El personaje que protagoniza esta historia es Andrew Solomon, de 42 años. Este hombre de cromañón- que es el calificativo que merece recibir- se cansó de que su mujer se pasara todo el santo día cantando «Ding, dong, la bruja está muerta». Vale que la canción es para crisparse pero… ¿no hay otra forma más común de solucionar las cosas?

No, este 'eñtrañable' vecino del condado de Cornwall, en Reino Unido, decidió hacerle la jugada maestra a su esposa. Cuando se fue a hacer la compra, le dejó todas sus pertenencias en la puerta y le arrojó por debajo del felpudo la llave de un cobertizo reducido.

«Esta es mi casa. Así que con esa llave ya sabe dónde tienes que ir», replicó. 

La mujer logró escapar de esa caseta por una reducida ventana, consiguiendo entrar en la casa. Allí se topó con su marido que le inmovilizó en la cama con mucha violencia.

Luego, como buen cobarde, cambió su discurso ante el tribunal y dijo que fue provocado pero que lamentaba todo lo que había hecho. Desde luego no tiene justificación.