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Cinco años del amerizaje sobre el Hudson, un milagro a bordo de un Airbus A320

15 de enero de 2009. El vuelo 1549 de la compañía US Airways despega a las 3:11 pm hora local del aeropuerto de LaGuardia de Nueva York con destino al aeropuerto internacional de Charlotte (Carolina del Norte). Tan solo tres minutos después, una bandada de gansos y pájaros (según la versión oficial) se cruza en su camino. El impacto brutal sobre el fuselaje y el motor del avión, un Airbus A320, que provoca que la aeronave pierda altura y presión, obliga al piloto a tomar una crucial decisión en pocos segundos: amerizar en las heladas aguas del río Hudson. Su pericia hace que sobrevivan las 155 personas a bordo: 150 pasajeros y cinco miembros de la tripulación. Un total de 78 personas son atendidas fundamentalmente por síntomas de hipotermia.

Testigos de la peligrosa maniobra son los ciudadanos que en ese momento transitan por la Calle 48 de Manhattan. Atónitos por lo que acaban de ver ante sus ojos, todos coinciden en que el amerizaje se realiza de forma “suave”, ya que la aeronave no va “demasiado rápido”. También los pasajeros relatan, una vez en tierra, que la cabina comienza a desprender un fuerte olor a humo, tras el cual el avión empieza a planear suavemente.

Han transcurrido cinco años de aquel milagroso suceso y, a día de hoy, no ha habido otro amerizaje en la historia de la aeronáutica más exitoso. La hazaña sobre el río Hudson coloca a Chesley 'Sully' Sullenberger en un lugar preferente de la lista de héroes norteamericanos. Expiloto de caza de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (USAF), a sus 57 años y con más de 40 años de experiencia en vuelo a sus espaldas, consigue lo que, seguramente, pocos hubieran podido lograr.

Las cámaras de los guardacostas recogen el momento exacto del amerizaje sobre el río. “Ha sido un milagro. Se ha evitado un accidente que potencialmente podría haber sido muy trágico”, indica el entonces gobernador de Nueva York, David Paterson, en la rueda de prensa que ofrece junto al alcalde Michael Bloomberg.

En la retina de todos queda grabado el momento del rescate. Los pasajeros avanzando en fila india, algunos desde las escalerillas y otros subidos a las alas del avión esperando la llegada del barco de salvamento.

NO TODOS LOS AMERIZAJES SON EXITOSOS

La posibilidad de sobrevivir a un amerizaje depende en gran medida de la pericia del piloto, del tiempo de reacción y del control que éste tenga sobre el aparato. A pesar de que los aviones están diseñados para aterrizar sobre el suelo, es posible hacerlo sobre el agua, aunque muchas veces un fallo en el control provoque un impacto que haga que el avión se parta en dos. Lo normal, si se hace un descenso suave, es que el avión se quede quieto sin más y flote como un barco durante unos minutos hasta que los pasajeros son evacuados.

Un ejemplo de amerizaje sin éxito fue el del vuelo 961 de Ethiopian Airlines. Ocurrió el 23 de noviembre de 1996. En esa ocasión, la aeronave, un Boeing 767, que cubría la ruta entre Adis Abeba y Nairobi, fue secuestrada por tres etíopes que querían pedir asilo político en Australia. A pesar de que la tripulación les advirtió de que se quedaban sin combustible, continuaron con la retención en pleno vuelo y amenazaron con hacer estallar una bomba que finalmente se comprobó que era una botella de licor.

Finalmente, el piloto tuvo que realizar una maniobra de emergencia en el Océano Índico, pero algo no salió bien. El avión entró bruscamente con el ala izquierda sobre el mar cerca de las Islas Comores. El balance, 125 muertos de los 175 ocupantes que viajaban.

CAÍDA SOBRE EL MAR SIN CONTROL

El ejemplo más reciente que se nos viene a la cabeza es el del vuelo 447 de Air France, que cubría la ruta Río de Janeiro-París y que se precipitó en el océano Atlántico, a 900 kilómetros de Natal (Brasil), tras pasar por una zona de fuertes turbulencias. Ocurrió el 1 de junio de 2009. Al parecer, el accidente de la aeronave, Airbus A330-200, se debió a una combinación de errores humanos unida al congelamiento y fallo de los tubos Pitot (aparato usado para calcular la presión total del avión). Un brusco cambio de temperatura al atravesar la tormenta provocó un fallo en el ordenador de a bordo que, al parecer, dio un dato erróneo de la altitud que llevaban.

El avión se precipitó bruscamente y, a pesar de que el piloto intentó remontar el vuelo, finalmente tocó la superficie del agua. El impacto fue brutal. Fallecieron las 228 personas a bordo.