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FIES, ¿la cárcel dentro de la cárcel o una base de datos de presos peligrosos?

Hace un año Elena Ortega se enteró de que su hijo Alfonso había pasado a un Fichero de Internos de Especial Seguimiento (FIES) en la cárcel de Soto del Real.

El joven fue detenido durante la huelga general del 14 de noviembre y encerrado en prisión preventiva donde pasó 56 días, la mitad de ellos en FIES, hasta ser puesto en libertad condicional.

«Estábamos preocupados porque llevaba tres días sin llamar. Fue a visitarle el cura del barrio, Javier Baeza, de la parroquia San Carlos de Borromeo en Entrevias. Le llamé por la noche para que me contara cómo había ido todo. Me dijo que estaba bien y que habían pasado a Alfonso a régimen FIES. Le pregunté qué era eso y me dijo que un régimen especial de comunicaciones y quedé con él para que me lo explicara al día siguiente en persona», relata Ortega.

Como ella, la mayoría desconoce la existencia del FIES. Para la Administración, se trata de un fichero informativo sobre algunas personas presas; «la cárcel dentro de la cárcel» para quienes lo denuncian.

¿QUÉ ES EL RÉGIMEN FIES?

«Básicamente supone una intensificación de las medidas generales de seguridad (observación, conocimiento e información) sobre aquellos internos que el sistema penitenciario entiende que debe ejercerse un mayor control», explica Jesús Otín, responsable federal del Sindicato de Prisiones UGT.

Así, se incluye en cinco categorías de FIES «a distintos grupos de internos atendiendo a los delitos cometidos, repercusión social de los mismos, pertenencia a bandas organizadas y criminales o peligrosidad. Estarían en estos grupos los internos especialmente conflictivos, la delincuencia organizada (mafia, narcotráfico,…), bandas armadas e internos pertenecientes a Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado«, añade Otín.

La creación de FIES se remonta a 1991, aunque desde 1989 había unos planes de intervención diseñados para reclusos pertenecientes a bandas terroristas.

Instituciones Penitenciarias siempre lo ha considerado una mera base de datos sobre la situación penal, procesal y penitenciaria de los presos pero las dudas sobre su legalidad han sido constantes.

En 2002, el Comité contra la Tortura de Naciones Unidas mostró una «preocupación particular por las severas condiciones de reclusión de los presos clasificados en primer grado del régimen de control directo de FIES» por el aislamiento al que son sometidos y por ser contrario a la normativa internacional.

En 2009 el Tribunal Supremo consideró nulo de pleno derecho el FIES por exceder su aplicación las competencias propias de Instituciones Penitenciarias, tras una denuncia de Madres Contra la Droga.

Sin embargo, el FIES se sigue utilizando. El gobierno de Zapatero modificó en 2011 el Reglamento Penitenciario para dar esa capacidad a Instituciones Penitenciarias y para garantizar que FIES «no suponga la fijación de un sistema de vida distinto de aquel que reglamentariamente les venga determinado».

LA VIDA DENTRO DE UN FIES

«Hablábamos con él a diario, algunos días hasta dos veces y las llamadas podían durar tres o cuatro minutos. Cuando le aplicaron el Régimen FIES ya no sabías a qué hora podía llamar y cuando llevábamos un minuto hablando nos cortaban la llamada. Grababan todo lo que hablaba. Nos vimos obligados a montar guardia en casa para que siempre hubiese alguien para coger el teléfono», recuerda Ortega sobre los días de Alfonso en FIES.

Otín ofrece otra versión del impacto sobre el recluso al ser incluido en estos ficheros. «El día a día de un interno se desarrolla con «normalidad», entendiendo que esta normalidad lleva aparejada la aplicación de unas normas de control mucho más exigentes que sin comportar por sí mismas restricción de derechos sí que se traducen en un incremento de las medidas de precaución: asignación a módulos o departamentos que cuenten con medidas de seguridad adecuadas, permanente observación, control riguroso en las salidas al exterior del departamento (comunicaciones, actividades, etc.), aplicación de las medidas que la legislación autoriza en el caso de las comunicaciones con el exterior, comunicaciones telefónicas,…».

«TORTURA BLANCA»

«Con FIES lo que hacen es aplicar un régimen de vida distinto al del resto pero camuflado«, asegura la artista y activista Núria Güell, quien se apoya en informes de especialistas clínicos para calificar como «tortura blanca» el hecho de que algunos reclusos puedan «sufrir 23 horas de aislamiento al día con sólo una de patio o que durante la noche les hagan inspección óptica de la celda cada hora, con linternas apuntando a la cara».

En uno de sus trabajos, Güell consiguió que un centenar de presos en FIES le hicieran llegar poemas, textos y dibujos describiendo su situación, a modo de hoja de reclamaciones. Ella, por su parte, le envió cada día de forma anónima esos testimonios a Francisco Caamaño, entonces ministro de Justicia.

Ortega desgrana algunas de las prácticas que sufrió su hijo al ser incluido en FIES. «Le llamaban de seguridad por megafonía varias veces todos los días para hacerle preguntas sin sentido. Le amenazaban con trasladarle a Canarias. Cuando pasaban lista en los recuentos no le llamaban por su nombre, le llamaban el FIES. No recibía correspondencia y él sólo podía entregar dos cartas a la semana».

Güell, por su parte, señala que la aplicación de FIES tiene un «sesgo político, al afectar a muchos presos que tienen la capacidad o la voluntad de ayudar a otros reclusos».

SIETE MINUTOS POR TELÉFONO CADA QUINCE DÍAS

José Solís fue condenado a ocho años y ocho meses de prisión por dos robos. Terminó cumpliendo diez años y ocho meses, de los que pasó el último lustro en FIES. Finalmente salió de la cárcel, tras haber pasado por toda la geografía penitenciaria española, en febrero de 2008.

Los dos años extra los cumplió en preventiva, acusado de participar en el amotinamiento en la prisión de Quatre Camins en 2004. Posteriormente sería absuelto por la Audiencia Provincial de Barcelona de tal acusación.

Pero esa 'ampliación' de la condena y estar «en el régimen más duro de FIES» siguen sin reparación. «Me afectó muchísimo, me trasladaron al Puerto de Santa María y de ahí a unas cuantas cárceles, fui torturado, estuve incomunicado, en aislamiento total,… El FIES es asesino y se aplica con impunidad absoluta. Me considero una persona represaliada por denunciarlo y exigir que se cumplan los derechos de los presos».

Solís recuerda que sus comunicaciones con el exterior se restringieron a «siete minutos por teléfono cada quince días» y que el vis a vis, el encuentro en persona con la pareja o un familiar, era imposible. «Lo solicitabas con un mes de antelación y te lo concedían para el mes siguiente. Dos días antes de la fecha te trasladaban a la prisión de Burgos y allí tenías que volver a solicitarlo con un mes de antelación y te volvían a cambiar de cárcel cuando se acercaba la fecha».