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¿Quien pagará tu pensión? En 2023 habrá 2,6 millones menos de habitantes en España

¿Es sostenible un país en el que faltan trabajadores que puedan pagar la pensiones, la dependencia y el resto de lo que nos queda del Estado del Bienestar? Con los números en la mano y sin plantear algunos cambios parece difícil. Pero esa es la pregunta fundamental ante los datos que arroja la Proyección de la Población de España a Corto Plazo 2013-2023 del INE.

Los demógrafos llevan muchos años advirtiendo de un futuro que acabará por llegar y en el que bajará aún más la natalidad, subirá la mortalidad que ha sido retrasada y la población será mucho más vieja. Así, dentro de cuatro años los fallecidos serán más que los nacidos y se iniciará un ciclo de crecimiento vegetativo negativo que nos puede llevar hasta 2023.

Pero hay que sumar otro fenómeno inquietante y que se convierte en un rasgo que se repetirá al menos hasta el final de la crisis económica y la creación neta de empleo en España: El éxodo. En el primer trimestre del año se despidieron del país 219.537 residentes extranjeros y, al menos, otros 40.000 españoles, lo que supone un 10,7% más que el mismo periodo del año anterior. Es un hecho que buena parte de la fuerza del trabajo de la población extranjera en España ha contribuido en los últimos años al bienestar general y, aunque la tendencia sea la 'huida' de la crisis, según el informe 'Claves de Integración de las personas inmigrantes en España 2013', de la Fundación SM, el 57% de los residentes extranjeros en España «tienen intención de quedarse». 

La unión de ambas fuerzas, éxodo y crecimiento vegetativo negativo, nos pueden llevar llegar al punto de que España pierda en torno a 2,6 millones de habitantes y pasemos de los 46,7 millones a apenas 44.

Para Elisa Chuliá, profesora de profesora de Ciencias Políticas y Sociología de la UNED y editora de Focus on Spanish Society de la Fundación de Cajas de Ahorro, la situación puede cambiarse: «Si todos estos cambios se concentran en el tiempo, la situación será muy mala, pero puede ser reversible. No lo es el envejecimiento de la población en términos absolutos. Por ejemplo, se puede fomentar la natalidad, si es que se deja a un lado la incertidumbre económica y se aumentan los recursos para que la emancipación de los jóvenes se produzca antes«.

¿CAMBIOS INEVITABLES EN  EL ESTADO DEL BIENESTAR?

La ensalada de datos estadísticos y frías cifras no son nada halagüeñas y anuncian un cambio de la estructura de la población que afectará, queramos o no, a las coberturas sociales y al sistema público de pensiones, al menos en lo que respecta a sus fuentes de financiación. ¿Cómo 'pagar' un país con casi un 20% menos de niños que ahora, un 22% menos de población de mediana edad de entre 20 y 49 años y casi un 20% más de personas mayores de 65 años? Y a este panorama, hemos de sumar que la esperanza de vida puede aún ensancharse más, con lo que el tiempo de cobro de pensiones de jubilación aún tiene que dilatarse más. De hecho el INE calcula que la esperanza de vida los 65 años se incrementaría hasta los 20,2 años en los varones y 24,1 en las mujeres en 2022. Casi nada.

Al final, en unos cuantos años, la tasa de dependencia, es decir el porcentaje de menores de 16 años y mayores de 65 pasará del 51% de la población española que se da en la actualidad, al 56%.  «El sistema de pensiones nunca estuvo preparado para ciudadanos que cobrarán sus pensión durante 25 años. Cuando se aprobó el sistema actual, de reparto, muy pocos de quienes cobraban pensiones lo hacían durante 15 años», apunta Chuliá. 

Para Ignacio Urquizu, sociólogo y colaborador de la Fundación Alternativas, todos los desastres que se llevan anunciando años llegarán si no se logra un equilibrio entre trabajadores y los distintos subsidios: «El Estado del Bienestar puede estar ante un precipicio. Se puede hacer un mayor gasto público y bajar aún más las partidas a la Educación, pero estaremos destinando a miles de niños al paro y a ser beneficiarios de más subsidios». Para Urquizu, al final, habrá que tomar decisiones complicadas: «O decides ampliar el tiempo de trabajo, o bajas las pensiones máximas o subes impuestos, algo que pondría en mayor peligro el empleo»

Para Urquizu, es vital que los niveles de actividad se recuperen cuanto antes: «Eso convertirá de nuevo a España en un polo de demanda de trabajadores extranjeros que ahora mismo son un 7% de la población activa y, además, habrá que subir la tasa de población activa entre las mujeres, que se mantiene en torno al 60%, de las más bajas de Europa». 

La profesora Chuliá sostiene que cuando se habla del sostenimiento de las pensiones y el Estado del Bienestar, precisamente la clave es el mercado del trabajo. «Con una cuarta parte de la población en edad de trabajar instalada en el paro es imposible. Que nuestros padres, que nacieron en la posguerra y vivieron una dictadura cobren sus pensiones es una obligación moral. Que las cobremos nosotros es discutible, pero ¿cómo vamos a hacerles eso a nuestros hijos? ¿Cómo pagarán nuestras pensiones si no actuamos y las reformamos? 

Recientemente en un foro organizado por Aseguranza y el diario Expansión sobre jubilaciones y seguros privados, los expertos confiaban en que los particulares muestren en el futuro una mayor propensión a ahorra a largo plazo. Mery Marañón, directora de previsión de CNP Vida aseguró que «la gente está más sensibilizada con la jubilación y muy atenta a los cambios en la población». Ángel Martín, director del área de seguros de Santalucía, opina que «la gente está ahora preocupada por tema como el paro. Cuando la Seguridad Social comience a enviar, partir de 2014, las estimaciones de la pensión pública, los ciudadanos se harán cargo del a situación y tomarán medidas».

«Pero las pensiones privadas no pueden ser la solución, ya que no son menos sensibles que el sistema público a la mayoría de los factores negativos. En la mayoría de los casos, aportaciones y pensiones no son muy cuantiosas, además. Otra cosa es un sistema mixto. En cualquier caso, lo que es ineludible es pedir visión de Estado a nuestros políticos, quienes deberían demostrar generosidad en el esfuerzo e inteligencia para llegar a pactos sobre este tema… No soy optimista», concluye Chuliá.

APUNTES PARA EL OPTIMISMO

De todas las consecuencias que los cambios en la estructura de la población española van a producir hay algunos, sobre todo los que tienen que ver con la emigración española, que no son del todo negativos. Más bien lo contrario. Se encarga de recordarlo el profesor Ramón de Marcos, coordinador del área de ciudadanía e integración del Colegio de Sociólogos de Madrid. Para él, las cifras anunciadas traerán la disminución de la presión al alza en las cifras del paro por la salida del país de miles de demandantes potenciales, algo que ya está pasando: «Vivimos en un país que no es capaz de absorber ni el 30% de los licenciados universitarios que produce y en el que cada ocho o 10 años se reproduce una crisis»

En su opinión, el optimismo no puede esconder que se creará otro problema: buena parte de estos trabajadores formados que salieron del país vuelven sobrecualificados y, sorprendentemente,  se encuentren con dificultades para encontrar empleos en España. «También suele preocupar el hecho de que que si muchos no vuelven, entonces perdemos la inversión realizada en su formación», sentencia. Aunque no del todo.

                                 

Y se explica: «Es bueno para un país tener una ingente fuerza laboral fuera. El ejemplo es China, que no estaría dónde está si no fuera por la red de inmigrantes en todo el mundo. Esos millones de personas le dan al país un conocimiento del exterior que le permite acceder a ingentes flujos de negocio».

Por último, De Marcos asegura que no hay que desdeñar el aumento de los niveles de tolerancia, cultura cívica y ciudadana que muchos emigrantes son capaces de absorber fuera de su propio país. «Esas cualidades aprehendidas son de mucha utilidad para los niveles de cultura ciudadana y democracia de un país como España».