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Muere Nelson Mandela: La lucha de Tata Madiba, el preso 466/64

«La muerte es algo inevitable. Cuando un hombre ha hecho lo que él considera como su deber para con su pueblo y su país, puede descansar en paz. Creo que he hecho ese esfuerzo y que, por lo tanto, dormiré por toda la eternidad«.

La eternidad acoge ya a Nelson Mandela o Tata Madiba, el título honorífico que le otorgan los ancianos de su clan y por el que el pueblo sudafricano le llamaba con cariño.

Nacido en 1918 en Mvezo, un pequeño poblado de apenas 300 habitantes, Nelson Mandela destacó como líder en el Congreso Nacional Africano desde que se comenzaran a sentar las bases del apartheid, el régimen de segregación racial vigente en Sudáfrica desde 1948.

Inicialmente protagonizó movimientos de desobediencia civil inspirados en la lucha de Gandhi en África, pero a finales de los 50 el Congreso Nacional Africano sufre una escisión: los activistas negros, entre los que destaca Mandela, reclaman acciones más radicales contra el duro régimen instaurado por el Partido Nacional Africano.

Comienza entonces el periplo de un Mandela perseguido y considerado terrorista por la ONU tras haber llamado a las armas a su pueblo en 1961.

En 1962, de regreso al país, fue arrestado y condenado por sabotaje, entre otros cargos.

Convertido en el preso 466/64, Mandela pasó 27 encarcelado por el régimen, 17 de ellos en la célebre prisión de Robben Island.

Y, paradójicamente, fue su prolongado presidio lo que sentó las bases de su mito: la falta de libertad de Mandela era símbolo de la falta de libertad de todas las personas en Sudáfrica.

Tras años de presiones internacionales, Mandela fue liberado en 1990 y se convirtió en el líder de su partido para negociar las bases legales de una nueva democracia multirracial.

En 1991 las tres cámaras del parlamento sudafricano (entonces había una blanca, una mestiza y una india) derogaban la última de las leyes que daba carta de naturaleza al apartheid: los recién nacidos ya no serían clasificados por razas.