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Alerta con los niños y los frutos secos: ¿Por qué son peligrosos?

Según los especialistas el peligro más común es que se desprendan trozos suficientemente grandes como para obstruir las vías aéreas de los pequeños. Y es que siendo cierto que un adulto o un niño de más edad puede sufrir lo mismo, es decir, la obstrucción, es mucho más difícil que ésta pueda llevarles a la asfixia. De hecho, desde la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap)
se advierte, en su apartado de 'Prevención de accidentes en el hogar para
casas con bebés de hasta 12 meses', que se debe evitar dar a los niños
pequeños alimentos duros, como los frutos secos.

Y es que en Asturias, las autoridades investigan la muerte de una menor de año y medio fallecida cinco días después de ser atendida en su centro de salud después de atragantarse comiendo palomitas. Algunos especialistas apuntan que se trata de un caso extremo posible porque cualquier cuerpo extreño podría quedar 'atascado' en una zona intermedia de los bronquios, y aunque en principio deje pasar el aire, puede ocurrir que clonb aualuier movimiento tape completamente las vías aéreas.

Los consejos son fáciles en caso de atragantamiento: Si no conseguimos eliminar el cuerpo extraño mediante la tos, lo indicado es que se le realice al pequeño una broncoscopia. Es decir, que se le introduzca un pequeño tubo flexible por la laringe para ver y extraer el trozo de fruto seco que se haya podido quedar 'atascado' en el bronquio con riesgo de asfixia. Para ello hay que acudir con urgencia al centro de salud más cercano. En otros casos más peligrosos, es posible que no hayamos visto al menor comiendo los alimentos que le causaron la molestia. Así,  es posible que el cuerpo extraño se quede en el bronquio o incluso en el pulmón. El niños podría sufrir bpuntas de fiebre alta y una tos crónica que no remitan.

De este modo, cada niño presentan síontiomas diferenets que dependen, sobre todo, del tamaño del cuerpo extraño, de su localización, su naturaleza, el grado de obstrucción que produce y el tiempo que permanece en el sistema respiratorio, entre otros factores. Algunos niños pueden pasar días o incluso meses sin síntomas, lo que dificulta más el diagnóstico porque los padres no relacionan el problema con algún fruto seco que comió días atrás.