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Lo mejor y lo peor de la sal y el azúcar

El azúcar es un ingrediente básico en repostería. Nos aporta glucosa y energía para conseguir mantener el ritmo diario. Consumir azúcar (la cantidad recomendada diaria está en torno a los 35 gramos) nos ayuda a mantener en funcionamiento el sistema nervioso, músculos, vista y cerebro. Y al margen de su valor nutricional, es un excelente antioxidante y conservante del sabor en las frutas en conserva.

La sal por su parte está presente en casi todas las dietas y también cumple sus cometidos. Nos ayuda a mantener el equilibrio de los líquidos, extrae el exceso de acidez de las células y permite la absorción de los nutrientes en el intestino. Además mantiene el azúcar a raya, nos ayuda a regular el sueño y evita que se produzcan calambres musculares. La Organización Mundial de la Salud recomienda no ingerir más de 4 gramos diarios.

Hay que tener especial cuidado con los excesos y la forma de consumir estos alimentos. El azúcar refinado, blanco, está asociado con el desarrollo de múltiples enfermedades como la diabetes, el cáncer o el hipotiroidismo. Esto es debido, en parte, a que el azúcar se lleva por delante muchas vitaminas y minerales de nuestro cuerpo. Lo ideal es consumir la mayor cantidad posible de azúcar en forma de fruta.

Por otro lado, un exceso de sal puede provocarnos retención de líquidos, enfermedades gástricas o dificultar la función de los riñones. En casos extremos también puede ocasionar insuficiencia cardíaca o aumentar las posibilidades de padecer un ictus. Hay muchísimos productos que ya llevan sal, como el marisco, el pescado y en general los que sacamos del mar.