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Desde que el hielo es hielo

Un estudio revelado recientemente por científicos del Reino Unido determinó que el hielo servido en 6 de cada 10 restaurantes del país británico poseía más bacterias que el agua del inodoro. Esa investigación se publicó en el Daily Mail y sus responsables llegaron a la conclusión de que las máquinas de hielo no se limpian con frecuencia. Pensemos que el 25 por ciento de un cóctel es agua derretida que proviene de los cubos de hielo.

En cuanto al origen de esa costumbre, de poner hielo en las bebidas, son muchos los que consideran que es una estrategia de venta que permite ahorrar dinero y producto. Cuenta la leyenda que todo comenzó en Norteamérica, de la mano de Frederic Tudor. Se le llegó a conocer como El Rey del Hielo porque su idea fue la de vender bebidas frescas en el Caribe, gracias a ella amasó una gran fortuna.

Hoy en día el concepto de hielo ha evolucionado. El hielo seco o nieve carbónica que usamos en la cocina es dióxido de carbono en estado sólido, recibe este nombre porque no deja residuo de humedad y eso lo convierte en un excelente refrigerante. El hielo seco se llama así porque no se derrite. Y es que el dióxido de carbono no puede existir en estado líquido a la presión atmosférica normal, cambia de estado directamente de sólido a gaseoso: se sublima. Eso sí, a la hora de usarlo hay que hacerlo con guantes ya que produce quemaduras.

En la actualidad la llamada cocina molecular ha hecho posible que veamos cómo este producto es un habitual de la restauración y la alta cocina de vanguardia. Porque brinda a los cocineros la posibilidad de elaborar platos con resultados de lo más asombrosos: nieblas aromáticas, granizados, espumas y efecto humo… Todo un abanico de posibilidades para un producto que facilita la congelación de los alimentos y potencia el sabor de los líquidos en los que se sublima.