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Malos tratos: «La crisis está disparando las agresiones dentro de casa»

Las denuncias por agresiones en el ámbito privado registradas por el Observatorio contra la Violencia Doméstica del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) en los últimos cinco años, cayeron un 9,6%, según el último balance de este organismo, que abarca hasta el primer semestre de 2013. Este dato es achacable a la crisis económica que estamos viviendo, y que hace cada vez más difícil que las mujeres (sobre todo con hijos) puedan salir de su hogar por culpa de la falta de recursos económicos. «El momento actual pone difícil el panorama. La dificultad de autonomía de las mujeres con hijos hace que muchas veces aguanten y aguanten», explica a Qué.es, Rosa Escapa, presidenta de la Coordinadora Española para el Lobby Europeo de Mujeres (Celem) y directora de un centro de recuperación y reinserción de mujeres maltratadas.

Pero la alarmante disminución de denuncias no va ni mucho menos asociada a la disminución de los malos tratos en el ámbito privado. Las agresiones, no sólo no están cayendo, sino que están aumentando. «Estamos constatando que la crisis está contribuyendo a un malestar en el entorno familiar que está fomentando las agresiones en casa». Y es que, según comenta Escapa, «la asistencia ambulatoria en nuestros centros está colapsada y hay listas de espera».

¿QUÉ HA CAMBIADO CON LA LEY?

La Ley está sirviendo para que la violencia de género empiece a ser considerada como un delito. Otra cosa es cómo esté funcionando. «El problema es que quienes aplican la Ley siguen aún muy influenciados por estereotipos y prejuicios, y como se permite margen de interpretación de las cosas, siempre se está condicionado por quien juzga, que debería estar más formado en temas de violencia e igualdad», afirma la presidenta de Celem.

Para apoyar una denuncia, lo primero que debería hacer una mujer que sufre una agresión física es acudir a un centro sanitario donde se certifique su lesión. «Lo malo es que muchas veces las mujeres no van y las cicatrices las borra el tiempo, y otras, sí van, pero no se atreven a decir la verdad y cuentan que se han dado un golpe con el marco de una puerta, que se han caído… y si quien le atiende no activa el protocolo en caso de duda, no hay nada que hacer», dice.

No obstante, un dato del Observatorio que invita a la esperanza es que el sistema judicial es eficaz y rápido, y el 60% de las sentencias que se producen en España tras abordar los casos ante los tribunales, son condenatorias.

Y.R., 47 AÑOS: «SU MADRE ERA SU MADRE, Y YO, UN CERO A LA IZQUIERDA»

La española, Y.R., que prefiere sólo facilitarnos sus iniciales, puede decir por fin, a sus 47 años, que empieza a salir del infierno de los malos tratos. Ha contado su experiencia de dos relaciones sentimentales a Qué.es. Su historia se remonta a cuando, con tan sólo 21 años, conoció a su primer marido, con quien se casó a los pocos meses de haber sufrido un aborto. El padre de Y.R. se oponía a esta relación, pero ella dio este paso porque quería salir de casa a toda costa ya que, según nos cuenta, también fue maltratada por su progenitor.

«A los 22 años nos casamos y estábamos bien, hasta que empecé a saber de sus problemas con las drogas y la bebida». A pesar de que trabajaban los dos, él decidió que tenían que irse a vivir a la casa de la madre de él, y ahí es donde empezó el verdadero infierno de Y.R. «Su madre era su madre y yo, un cero a la izquierda. Empezaron sus desprecios, sus salidas con otras mujeres, sus mentiras, sus insultos… hasta que me dio el primer tortazo, luego la primera paliza…».

Su madre y su hermana se pusieron de parte de su marido. «Me quisieron pegar hasta cuando me quedé embarazada», explica. Por miedo o vergüenza, Y.R. siempre ocultó a su familia el calvario que estaba pasando. «Sus celos, insultos, mentiras, humillaciones… todo me lo guardaba para mí».

Fruto de esa primera relación nacieron sus dos hijas, que hoy tienen 21 y 23 años. «Por ellas aguanté hasta que cumplieron los 14 y los 16, y un buen día que le vi con esos ojos, pensé: tú ya no me pegas más».

DESDE LA DENUNCIA, COMENZÓ EL ACOSO

Entonces Y.R. dio el paso de ir al juzgado y denunciarle. Consiguió que le pusieran una orden de alejamiento de 500 metros, que siempre la incumplía: «Me hizo la vida imposible, dejó hasta su trabajo para perseguirme día y noche, me encerraba en casa y me quitaba la llave… tuve que llamar 10 ó 12 veces a la Policía».

Fue entonces cuando Y.R. decidió ir más allá y abandonar su ciudad. «Dejé todo: casa, trabajo, familia y, lo que más me dolió, a mis hijas».

Siendo adolescentes, no quería hacerlas empezar de cero en el instituto, con los amigos… y se quedaron con su padre. «Con ellas se portaba bien, jamás les ha puesto la mano encima».

Nos cuenta que cuando comenzó el juicio, ellas no se posicionaron ni a favor de uno, ni de la otra y, de mutuo acuerdo, decidieron que la custodia se la quedaría él, a pesar de ser el maltratador.

DE NUEVO, OTRO HOMBRE Y OTRO INFIERNO

Y.R. quiso empezar una nueva vida en Alicante, pero de nuevo conoció a un hombre con el que iba a vivir un segundo calvario, éste si cabe aún peor. «Durante los seis primeros meses, muy bien, pero cuando nos casamos supe que era esquizofrénico paranoico y fue horrible. Era peligroso, siempre llevaba un cuchillo encima y le daba igual pegar a la Policía que al asistente social… Me anuló totalmente, él decidía hasta cuándo tenía que comer, ducharme o ir a la peluquería. Teníamos movidas en todos lados. Tenía que aguantar hasta cuando decía que se iba a suicidar delante de mí».

Metida hasta el cuello «en un pozo del que no podía salir», ambos hicieron las maletas y se fueron a Pamplona, porque él estaba empadronado allí, y así lo decidió él, «que era quien mandaba».Tras sus chillos, humillaciones y palizas, y a punto de cumplirse tres años de relación, en Pamplona decidió ir a un asistente social por su cuenta… y a escondidas. «Él me convenció para que tomara la decisión de dejar esta relación y eso hice. Delante del asistente le dije que no quería estar más con él y reaccionó como un loco. Le sacó un cuchillo, hasta que vino la Policía y lo arrestó. Por cierto, al día siguiente ya estaba fuera y buscándome sin descanso, por lo que yo no podía ni salir de la casa de acogida donde estaba».

Y.R. QUIERE COMENZAR DE CERO UNA NUEVA VIDA… «Y SIN HOMBRES»

Ha pasado un año desde que Y.R. decidió trasladarse a otra casa de acogida, esta vez en Madrid, y en unos meses, cuando se vaya de ahí, quiere empezar de cero. «Ahora quiero un trabajo, una casa propia y rehacer mi vida, aunque ni pienso en hombres. Mejor que estoy ahora no voy a estar», confiesa.

Su día a día transcurre tranquilo, ha trabajado en el Metro este verano, y habla con sus hijas casi a diario. «Sé que están bien en Valladolid y de vez en cuando voy a verlas». Según cuenta, a pesar de que se ha vuelto a cruzar con su exmarido, no ha vuelto a tener problemas.

De su segunda relación tampoco sabe nada. «Él está en paradero desconocido, ni siquiera se presentó al juicio por el divorcio», matiza.

Hoy se puede decir que Y.R. es una mujer nueva y, con su testimonio, quiere animar a otras mujeres a que denuncien. «Que no pasen ni una, porque la siguiente será el doble que la anterior, y estarán perdidas», concluye.