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Caso 4F: Un agente herido, torturas y un suicidio tras una noche trágica en Barcelona y un dudoso juicio

'4F: Ni oblit ni perdó', ('4F: Ni olvido ni perdón'), es un documental que revela las dudas generadas por el caso 4F, un proceso judicial cuestionado en la cinta por el testimonio y pruebas de una veintena de personas (testigos, familiares, periodistas y abogados) que desmontan gran parte de la versión oficial sobre un suceso en el que comparten protagonismo la denuncia por la impunidad policial, las sombras de la justicia, un agente gravemente herido y el suicidio de una de las personas condenadas.

«Lo que nos impulsó a hacer el documental fue la condena por torturas en otro caso posterior a los dos policías cuya versión había sido la principal prueba del Ayuntamiento de Barcelona en el 4F«, explica Carlos Ortega, uno de los autores del documental, financiado colectivamente y realizado por 15MBCNTV y la productora Metromuster.

Los agentes de la Guardia Urbana de Barcelona Víctor Bayona y Bakari Samyang fueron condenados en octubre de 2011 a dos años y tres meses de cárcel y a ocho años y tres meses de inhabilitación absoluta por un «delito consumado de torturas graves» y una «falta consumada de lesiones» tras la detención de un ciudadano de Trinidad y Tobago en una discoteca en septiembre de 2006.

El testimonio de estos dos agentes había sido fundamental en la resolución judicial de otro caso, sucedido unos meses antes, el 4 de febrero de 2006.

¿QUÉ PASÓ ESA NOCHE EN BARCELONA?

Esa noche se celebró una fiesta en el edificio del antiguo Palau Alòs, de propiedad municipal pero 'okupado' desde el año 2000. Hoy alberga el Casal de Joves Palau Alòs.

Agentes de la Guardia Urbana controlaban las inmediaciones del local cuando se produjo un encontronazo entre varios de ellos y algunas personas que accedían al edificio.

Durante los incidentes se lanzaron objetos desde el interior y un agente resultó herido de gravedad. Sus compañeros detuvieron a varias personas que se encontraban en la misma calle de Sant Pere Més Baix.

La versión inicial del entonces alcalde, Joan Clos, apuntó a una maceta de grandes dimensiones lanzada desde el tejado como causante de la lesión del policía.

Clos mantuvo esa versión y añadió que estaba respaldada por un informe policial en una entrevista televisada que la defensa de los acusados esgrimió durante el juicio, pero el tribunal se opuso a que el alcalde testificase y ese informe, además, nunca apareció.

Sin embargo, el Ayuntamiento, como acusación particular, sostuvo que se trataba de una piedra lanzada en horizontal desde la calle, un relato que casaba más con las detenciones practicadas.

En el juicio, hasta cuatro informes periciales médicos señalaron a la hipótesis de la maceta como la más compatible con las lesiones sufridas por el agente en la parte superior del cráneo, que le causaron una tetraplejía.

Por su parte, tres de las personas detenidas denunciaron haber sufrido graves torturas en las dependencias policiales, que Amnistía Internacional recogió en su estudio de 2007 pero que no fueron tomadas en cuenta en el juicio.

UN PROCESO LLENO DE «IRREGULARIDADES»

«Se puede hablar, sin duda, de irregularidades procesales», afirma Gonzalo Boye, abogado de Rodrigo Lanza, uno de los condenados por el caso.

«La principal fue la tremenda restricción que hubo del derecho de defensa. Se admitió la versión oficial sin más, siendo la más perjudicial para los acusados. La versión del Ayuntamiento se adecuaba a muchas irregularidades, entre ellas las cometidas durante las detenciones», añade el letrado.

En ese mismo sentido se pronuncia Mariana Huidobro, madre de Lanza. «No se quiso saber la verdad de lo que había pasado. En la instrucción parecía que ya estaba todo dicho desde el primer día y se hablaba de irregularidades cuando eran delitos, como borrar pruebas«.

Se refiere al hecho de que los servicios municipales de limpieza hicieran su habitual ronda unas horas después de los incidentes, eliminando la posibilidad de recoger pruebas o de encontrar la maceta o la piedra del delito.

«Seguimos preguntándonos cómo es posible que se limpiase la calle esa noche», lamenta Boye.

«He aprendido que existe una Justicia que no quiere hacer justicia. Yo era bastante inocente, no pensaba que las cosas fueran así», resume Huidobro.

«SI ME HUBIESE MENTIDO A MÍ MISMO, AHORA NO PODRÍA VIVIR»

Rodrigo Lanza salió de prisión el 28 de diciembre de 2012 tras haber cumplido una condena de cinco años por un delito que siempre ha negado haber cometido.

«Cumplí condena pero sigo luchando por la absolución porque esto me ha dejado antecedentes por agresión a la autoridad y responsabilidad civil de un millón y medio de euros. Aunque estoy fuera de la cárcel, me han puteado muchísimo», cuenta por teléfono.

Lanza nunca ha reconocido el delito, pese a que le llegaron a ofrecer un tercer grado inmediato si lo hacía. «Hubo momentos en que lo pensé pero me di cuenta de que lo importante no era el cuándo salir sino el cómo. Si me hubiese mentido a mí mismo, ahora no podría vivir».

Su capacidad de resistencia a la terrible experiencia de la cárcel contrasta dramáticamente con la de otra de las personas condenadas. «Nos escribimos cuando Patri entró en la cárcel y ella tenía la misma actitud que yo en cuanto a no reconocerse culpable del delito, pero era una persona extraordinariamente sensible en lo emocional y la cárcel la destruyó«.

POETA DIFUNTA

Patri, Patricia Heras, se quitó la vida el 26 de abril de 2011 durante un permiso penitenciario, antes de regresar a la prisión de Wad-Ras donde llevaba seis meses cumpliendo la condena a tres años por delito de atentado a la autoridad.

Ella fue detenida en el Hospital del Mar, donde habían llevado a Rodrigo Lanza y a otros dos de los arrestados esa noche, Juan Pintos y Álex Cisterna, a ser tratados de las heridas causadas por los policías, y donde ella se encontraba por un accidente de bici.

Patricia Heras siempre defendió que no estuvo en el lugar de los hechos cuando se produjeron y en su blog explicó su versión.

«Estuve con Patri pocos días antes de su suicidio. Me lo dijo sin decirlo, digamos que se despidió de mí», recuerda Huidobro.

«Ella también era inocente y no supo vivir con ese dolor. Es un caso y unas personas de las que marcan a cualquier abogado», señala Boye.

¿Y AHORA?

En el documental aparece un testimonio anónimo que asegura saber quién provocó la lesión del agente, lo que podría abrir la puerta a una revisión del caso. O no.

«Con ese testimonio no va a pasar nada porque la fiscal ya lo conocía y no lo tuvo en cuenta«, asegura Ortega.

«Para mí, el caso ya no es ése, sino que se trata de policías que mintieron y torturaron. Aunque hubiese sido yo el culpable, que no fui, lo importante es que hubo un entramado propio de un estado fascista: torturas, mentiras, encubrimiento, coacción a testigos,… Fabricaron a unos culpables, unos cabezas de turco», explica Lanza.

Él y su defensa han recurrido al Constitucional para que se reabra la investigación de la denuncia por torturas, un paso previo a una posible demanda en los tribunales europeos.

«Es difícil ilusionarse después de haber pasado lo que hemos pasado estos siete años sin haber hecho nada», reconoce Lanza.

Su madre da la clave para continuar. «Hay que hacerlo para buscar la tranquilidad, para poder dormir por la noche».