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Eduardo Punset: «A los jóvenes les diría que se marchen de España y estudien»

Eduardo Punset (Barcelona, 1936) tiene la deferencia de atenderme tras la presentación del informe de Coca-Cola, que arroja que los españoles siguen siendo felices, a pesar de que la crisis ha alterado sus prioridades. Me advierten de que no concederá más que dos entrevistas a medios tras la rueda de prensa y de que el tiempo que tenemos es limitado: diez minutos. Aunque me dejo fuera más de la mitad de las preguntas que tenía preparadas, me adapto a la urgencia. A pesar de todo, pienso que es un privilegio tenerlo enfrente.

Es Eduardo Punset, el hombre que, como Messi, anuncia el pan de molde por la tele, tiene más de 485.000 seguidores en Twitter y ha logrado acercar la ciencia a la gente. El director del exitoso programa de televisión Redes, que quiere clarísimamente olvidar un capítulo desagradable ocurrido precisamente en este espacio. Y yo me meto en un jardín preguntándole por él. Mi última pregunta no le gusta nada, le descoloca y le incomoda. «¿Que quién es quién? Perdone, no le conozco y no tengo tiempo para nada más».

Así me deja de planchada con su marcado acento catalán tras preguntarle por su entrevista en televisión al falso maestro shaolín, aquel tipo que montó un 'gimnasio de los horrores'. Desde luego huye del 'amarillismo'. Menos mal que dejé esta pregunta para el final. Y que se había cumplido el tiempo pactado. Al margen de mi atropellada anécdota, que provoca un abrupto (y no deseado) final, la entrevista transcurre amable… Y se puede decir que Punset gana en las distancias cortas.

Habla del asociacionismo, la importancia de las redes sociales en
el siglo XXI y la necesidad de sentirse dentro de la manada, ya que la
soledad, según usted, no conduce a nada bueno. En ese sentido, se ha
declarado públicamente a favor del movimiento 15-M, ¿por qué? ¿cuáles
son sus razones?

Porque
España es uno de los poquísimos países en los que la juventud no se ha
incorporado todavía al quehacer nacional. Y en la historia de la
evolución, se recurría siempre a los jóvenes cuando había que subir una
montaña o atravesar un río o conseguir algo extremadamente difícil. Esta
revolución sigue pendiente.

¿Y qué consejo le daría a los jóvenes que no encuentran motivación en España?

Que
se marchen y estudien muchísimo. Se lo digo a los padres y a las
madres, que no debieran estar para nada insatisfechos con que sus hijos
se tengan que ir a estudiar a sitios donde los estudios sean más
rentables y sean más productivos. Vivimos en un mundo globalizado y la
ciencia ha sido siempre universal.

El último informe PISA deja de nuevo a los españoles, niños y adultos, en muy mal lugar, ¿qué falla en nuestra educación?

Lo
que falla es nuestra educación. Este es un país extremadamente
dogmático, sumido en el dogmatismo. Yo lo he visto como ministro de
Relaciones con las Comunidades Europeas en el primer gobierno
democrático de la Transición. Mucha gente entonces creía que lo
importante era convencer a los europeos de las reformas que ellos tenían
que hacer para que España pudiera ser un país miembro de la Comunidad
Europea. Desgraciadamente en la actualidad muchos políticos siguen
pensando lo mismo, cuando en realidad en lo que debieran estar ocupados
es en convencer a los españoles de los cambios que es preciso efectuar
para que el resto de países europeos nos acepten como miembros de pleno
derecho.

¿Funciona el fomentar la competitividad en la escuela?

Qué
duda cabe de que la competitividad y el coeficiente intelectual eran los
dos pivotes que supuestamente te ayudaban a conseguir trabajo. Eso
probablemente fuera verdad en la sociedad de la revolución industrial.
Pero ha dejado de serlo en la sociedad del conocimiento. Ni la
competitividad ni el coeficiente intelectual son hoy los principales
resortes para integrarse en las sociedades del conocimiento, sino el
ejercicio de las nuevas competencias, entre ellas el conocimiento
técnico de la comunicación digital y tantas otras.

Como experto en felicidad, ¿qué le diría a la gente que vive estresada, agobiada, sola, triste…? Usted la estima en un 25% de la sociedad española…

Les diría, en primer lugar, cosas tan tradicionales y sabidas, pero poco experimentadas, como es que profundicen en las relaciones personales. Que vean si la relación con la manada les está aportando lo que les hace falta. Y, en segundo lugar, que profundicen en aquello que los educandos llaman el elemento de cada uno. No sólo hay que localizar cuál es ese elemento: si es la empresa, el amor, el deporte… sino saber controlarlo. Y el control sólo se puede hacer profundizando en el conocimiento. También les diría que profundicen en la necesidad de conciliar entretenimiento y conocimiento.

A usted le diagnosticaron un cáncer del que ya está recuperado, ¿ni siquiera aquella enfermedad le trastocó su felicidad?

Para nada. Mi enfermedad no me impidió ser feliz. No tuvo ningún efecto sobre mi psique, sobre mi manera de enfocar la vida y el mundo.

Se ha convertido usted en la imagen de Bimbo, ¿cómo lleva su papel de hombre-anuncio?

No me considero un hombre anuncio. Yo nunca he perdido de vista el recurso. El patrocinio de Bimbo ha permitido preparar durante dos años enteros lo que iba a ser el resorte del aprendizaje social y emocional en las escuelas españolas. O sea hoy empezamos a contar con los maestros necesarios gracias a este trabajo.

¿Cómo encaja Punset las parodias sobre su persona?

Encajo muy bien las parodias. He aprendido mucho de los humoristas. Nunca me han sentado mal.

Como científico, ¿usted cree en Dios?

Como científico, no creo en Dios. 

¿Y como persona?

Como persona, no sé, prefiero no contestarte.

Por último, usted entrevistó en Redes al 'falso maestro shaolín', ¿no sospechó nada?

¿A quién? 

Al maestro shaolín, el tipo aquel…

(ME CORTA)

¿Quién? Perdone, no le conozco y no tengo tiempo para nada más.