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La colombiana Piedad Bonnett narra el suicidio de su hijo en 'Lo que no tiene nombre'

MADRID, 27 (EUROPA PRESS)

Daniel murió en mayo de 2011 a los 28 años de edad. Se suicidó ocho años después de conocer la enfermedad mental que padecía: un trastorno esquizoafectivo que lo empujó a tirarse desde el apartamento en el que vivía, en la ciudad de Nueva York. Atrás dejó una prometedora carrera como artista.

Su madre, la colombiana Piedad Bonnett, poeta, dramaturga y crítica literaria, ha tenido la valentía suficiente para plasmar en un libro un suceso «irreversible en el tiempo y en el espacio», tal y como señala en las páginas de 'Lo que no tiene nombre' (Alfaguara).

En apariencia, este breve volumen parece una tragedia desoladora. Pero no lo es en absoluto, ni tampoco supone una versión literaria de su proceso de duelo. «Nunca pensé en ello como un procedimiento terapéutico», ha destacado la autora este viernes en declaraciones a Europa Press.

Precisamente, uno de los miedos que tuvo en la cabeza la escritora era la desconfianza con la que sus lectores podrían mirar este libro. «Hay gente que aún no se atreve a abrirlo, pero quien lo ha hecho ha llegado hasta el final», indica Bonnett, para quien uno de los objetivos siempre fue «no abrumar al lector».

En vez de describir su duelo, Bonnett utilizó el arma que siempre ha aconsejado a sus alumnos: la narración, la «mejor manera» de atraer al lector. «Es más estremecedor leer una historia narrada que no comentada», apunta. A eso se une un estilo directo y conciso «premeditado», porque dejar que sea la espontaneidad quien dirija un relato sería «alejarse de la literatura».

A pesar del tema que trata, la autora se detiene en la necesidad de seguir viviendo y aborda uno de los asuntos literarios que más tiempo han ocupado en su carrera: la vida y el azar. «Lo atroz –y también lo maravilloso– de nuestras vidas es que están parapetadas sobre lo aleatorio, lo gratuito, lo caprichoso», escribe.

«BRILLANTE, REFLEXIVO, PERFECCIONISTA»

Con este libro, Bonnett ha descubierto el «sentimiento trágico sobre la vida» que poseía su hijo y que ella no conocía. También, su «vocación como pintor» desde la infancia, algo de lo que él era consciente: «Guardaba los dibujos que había realizado desde que era pequeño. Estaba todo perfectamente clasificado».

Conocer profundamente sus pensamientos fue una tarea complicada, según relata: «Guardaba un diario con su trabajo artístico, donde escribió frases duras y tristes, pero no encontré nada que me tradujera su propia desdicha». Por ello, interrogó a sus hermanas, habló con sus exnovias y hasta con su psiquiatra. «No vieron nada raro en él», apunta.

Aunque afirma que «una madre siempre tiene confianza» en que las cosas van a ir bien, confiesa que cuando conoció la noticia no se sorprendió, porque él ya lo había intentado. «Era muy brillante intelectualmente, reflexivo y perfeccionista, tanto que pensaba en la idea del fracaso. Por ello, en el fondo yo temía que llegara el suicidio», señala.

La autora de 'Lo que no tiene nombre' reescribió el libro una decena de veces. Como material, tenía en su mesa cuadernos, libros, apuntes y listas infinitas con datos y curiosidades. Cada vez que descubría algo, lo incorporaba. Poco a poco, fue añadiendo las piezas de un puzle que siempre estará incompleto. «Tuve que parar para no volverme loca», confiesa.

Bonnett ha publicado siete libros de poemas. De ellos, 'De círculo y ceniza recibió la mención de honor en el Concurso Hispanoamericano de Poesía Octavio Paz, mientras que 'El hilo de los días' ganó el Premio Nacional de Poesía de Colombia en 1994, entre otros galardones.

Habitualmente, Bonnett tarda cerca de dos años en terminar sus libros. En este caso, culminó 'Lo que no tiene nombre' en tan solo seis meses. El principal motivo es la «mayor intensidad» del relato. «Cuando estoy ante situaciones límite se desarrolla mi capacidad de trabajo», argumenta.

Actualmente, la autora de 'Lo que no tiene nombre' se encuentra inmersa en la presentación de este libro, en su participación en seminarios de psiquiatría y también en la preparación de una exposición con la obra de Daniel, que tendrá lugar en el Centro García Márquez de Bogotá (Colombia). Además, afirma que dedica dos horas al día para contestar las cartas de padres y jóvenes que la escriben.