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Subida de tasas universitarias: Los nuevos emigrantes estudian en el extranjero porque es más barato que en España

Miguel es gallego y su padre es empleado de Correos en Orense. Su madre, administrativa, está en paro desde hace casi dos años. Este joven de 20 años dice que entre sus ahorros, la ayuda de sus padres y un trabajo en una tienda de discos de hip-hop tiene para mantenerse otro curso. Se va de España a seguir estudiando convencido… y contento: «A mis padres le sale más caro que yo viva en Madrid, en un sitio medio decente, que mi residencia universitaria de Toulouse, que está bien y subvencionada. Y en cuanto al costo de la vida, las diferencias son mínimas», apunta este joven estudiante de Ingeniería Mecánica que cambió de rumbo después de apostar por empezar el año pasado un grado en Ingeniería Informática de la Universidad Politécnica de Madrid. Cogió las maletas hasta las puertas del INSA de la ciudad francesa.

El caso de Miguel no es único. A la falta de perspectivas laborales tras el periodo formativo, le sucede como motivo para salir de España el alto precio de las tasas universitarias. Es la emigración estudiantil que pasa de estar motivada por motivos académicos -la mejora del currículum, quien pudiera permitírselo- a estarlo por razones económicas.

No es una cuestión menor. Según el Gobierno francés, con datos de los últimos dos cursos académicos, se ha registrado un incremento de casi el 20% en el número de alumnos españoles en alguna de sus 80 universidades. No es una avalancha pero sí un interesante cambio de tendencia: En términos absolutos, unos 5.800 alumnos hicieron las maletas en el último curso. Y es que el precio público de un grado universitario en Francia es de 190 euros al año frente a los más de 1.000 euros de media en España. ¿Y un máster? Unos 260 euros de media, por más de 3.000, en España que, además, varían mucho según los estudios y la comunidad autónoma. 

Resumiendo, en el país vecino existe un sistema de financiación pública de la educación superior que supera en más de un 80% el coste de esas matrículas, dicen desde CampusFrance en España, dependiente del Ejecutivo galo, aunque esas condiciones favorables, allí, podrían cambiar también como cambiaron en España. 

A esos precios hay que sumar el alojamiento: Si Miguel, aspirante a ingeniero mecánico en Toulouse, estudiase Ingeniería Informática en Madrid, una residencia universitaria privada le costaría una media de 900 euros al mes. Aunque podría haber optado por residencias no registradas como tal, que pueden llegar costar unos 550 euros, pensión completa. Los pisos compartidos pueden suponer a sus sufridos bolsillos una media de 400 euros… con muchas estrecheces. En cambio en Francia, una red de residencias universitarias y comedores estudiantiles, con subvención pública, convierten la aventura en una opción afrontable con el mismo esfuerzo. Y es que cuestan, mensualmente, poco más que la matrícula de la universidad.

ENSANCHANDO LAS FRONTERAS LABORALES

Además de Francia, otros países de la Unión Europea, como Hungría, Irlanda o la República Checa son ahora destino de 'emigración universitaria'. Según Ramón de Marcos, sociólogo y profesor invitado de la Budapest Business School, «la Facultad de Medicina de la Universidad de Semmelweis, en Budapest, tiene desde 1987 el programa de formación en inglés, y es un reclamo excepcional para futuros profesionales que pueden trabajar en cualquier país anglosajón o de habla inglesa». Es más, en el último curso, las matrículas de estudiantes españoles han sido las que más han aumentado porcentualmente, como afirma el centro educativo en su página web.

En opinión de este 'sociólogo-profesor-emigrante parcial', «hay que mirar el lado positivo de algunos de los efectos de la globalización económica. La formación universitaria fuera de España es una oportunidad de ampliar horizontes y una inversión en futuro. Los cambios sociales han ensanchado las fronteras y cambiado su concepto».

«NO HAY COMPETENCIA, SINO COLABORACIÓN»

¿Se están resintiendo el número de matriculaciones? La subida de precios y tasas universitarias en unos países de la UE, como España, Portugal, Reino Unido; a la vez que otros mantienen los niveles de subvención y financiación al sistema de educación pública superior, podría estar produciendo un 'dumping' de talento, un exceso de competencia universitaria dentro de Europa. Cojamos el ejemplo de la UNED. Jesús de la Torre Aquilio, jefe de servicio de atención personalizada de esta institución , niega este efecto: «la situación no es de competencia, sino de colaboración creciente en el nuevo marco establecido por el Espacio Europeo de Educación Superior. Han crecido el número de titulaciones interuniversitarias, las experiencias de los campus de excelencia interuniversitarios, en definitiva ha crecido la colaboración entre las instituciones públicas. El efecto de la crisis en la evolución del número de estudiantes universitarios ha revertido las tendencias decrecientes del decenio anterior (1998-2008) en el que de media se producía una caída anual de un 1% de estudiantes universitarios, pasando a cifras crecientes. Según los datos del ministerio un crecimiento del 7% en los últimos 5 años».

En este curso 2013-14 la UNED ha incrementado sus precios públicos en torno al 1'7%, cifra inferior al IPC publicado a principios de año, pero a pesar de ello, la universidad pública no presencial ha registrado un aumento de las matrículas muy por encima de la cifra media del 7% del resto de universidades públicas en estos cinco años, situándose por encima del 25%. Quizá por ello, de la Torre cree que la UNED no notará demasiado la competencia, en precio: «Nosotros convivimos desde antiguo con las ofertas de educación a distancia de otras universidades europeas públicas y privadas, francesas, inglesas, alemanas, etc. y el efecto de esta concurrencia no ha sido en absoluto negativo, al contrario, aprendemos de ellos, colaboramos con ellos y les trasladamos nuestras mejores prácticas también». Y concluye: «la competencia será enriquecedora para los propios estudiantes, para las universidades y especialmente para el sistema universitario europeo en su conjunto».