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Galileo se quita la venda

Tiene lógica que haya sido Fucino, una meseta ubicada en la provincia de L'Aquila, el enclave escogido para la primera prueba del GPS europeo. Y la tiene no solo porque la extensa llanura alberga el Centro Spaziale 'Piero Fanti', sino porque el sistema de navegación por satélite de la UE toma su nombre de un italiano brillante, el filósofo, matemático y físico Galileo Galilei. Después de innumerables retrasos -estaba previsto que la infraestructura comenzara a operar en 2008-, el pasado mes de julio la red de satélites fijó con éxito una posición en tres dimensiones. Es decir determinó la longitud, latitud y altitud de un punto en el planeta con la señal de los únicos cuatro satélites que el proyecto tiene ahora en órbita.

La prueba, sin duda, ha validado la tecnología de navegación, como luego apuntaría Antonio Tajani, vicepresidente de la Comisión Europea: «La precisión del posicionamiento conseguida con solo cuatro satélites demuestra la capacidad industrial de Europa. Es, además, un paso adelante importante hacia el lanzamiento de los primeros servicios en octubre de 2014». Para entonces, Galileo será capaz de 'participar' en operativos de búsqueda y rescate así como ofrecer algunos servicios públicos regulados. Sin embargo aún queda un largo trecho para completar la hoja de ruta marcada.

Miguel Puente Pattison, portavoz de la Comisión Europea (CE) en España, apunta que la red estará plenamente operativa en 2020. Para entonces 30 satélites, 24 de ellos operativos y 6 de repuesto, orbitarán alrededor de la tierra y proporcionarán servicios de posicionamiento autónomo.

Varias son las ventajas con respecto al resto de sistemas. Quizá la más evidente es que, a diferencia de otros servicios como el GPS estadounidense o el Glonass ruso, Galileo no se encuentra bajo control militar. «Aunque aquellas proporcionan un servicio civil, podrían desactivarse o ver limitada su precisión en caso de conflicto. Esa potencial desconexión en los negocios, la banca, el transporte, la aviación y la comunicación, por citar algunos ejemplos, tendría un coste enorme», señala Pattison.

Luego están las ventajas inherentes a la tecnología empleada. La propuesta de la UE mejora la precisión y fiabilidad de los sistemas actuales, con una señal más fácil de captar y más resistente a las interferencias. Además, al situar los satélites en órbitas con una inclinación mayor con respecto al plano ecuatorial «se consigue una mejor cobertura en latitudes altas». Por si fuera poco el mayor número de satélites también mejorará la disponibilidad de de los sistemas de navegación en ciudades de gran altura, donde los edificios puedan obstruirlas. En este sentido, cabe señalar que Galileo puede trabajar en conjunto con sistemas como GPS y Glonass, siendo posible construir receptores duales para aplicaciones que requieran un mayor nivel de precisión.

Las aplicaciones concretas

Así las cosas, Bruselas está convencida de que esta constelación de satélites ofrecerá nuevas oportunidades a una Unión Europea que se esfuerza en salir de la crisis. Encuestas «independientes» aseguran que los beneficios resultantes durante los primeros 20 años de vida de la red «podrían alcanzar los 90.000 millones de euros» con desarrollos que darían lugar a, por ejemplo, «un transporte más efectivo, acelerando el transporte de mercancías peligrosas; una mejor gestión de las carreteras y un tráfico menos contaminante, además de unas operaciones de rescate más eficaces».

La precisión es la clave y no es difícil dejar volar la imaginación con «sistemas de conducción automática, capaces de evitar colisiones; asistentes para invidentes y dispositivos que faciliten el esparcimiento inteligente de sal durante el invierno». Son solo algunos de los ejemplos que tiene en mente la CE.

Ahora es cuestión de que las empresas del sector se pongan manos a la obra. Desde Bruselas afirman que los fabricantes de receptores ya cuentan con toda la documentación necesaria para explotar la nueva infraestructura. En cuanto a su compatibilidad con los móviles, «estamos trabajando para generar un estándar tecnológico que permita a los fabricantes incluir Galileo en sus dispositivos». No en vano algunos modelos ya son capaces de seguir la pista a sus primeros satélites.