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viernes, 27 mayo 2022 15:00

Bolt agota los retos

El aficionado al atletismo puso los ojos como platos cuando Teddy Tamgho, el chico que salió de los arrabales de París, que cambió las bandas callejeras por el atletismo, superó los 18 metros en la final de triple salto. Como días atrás lo hizo cuando el escuálido saltador ucraniano Bohdan Bondarenko franqueó los 2,41 metros en la de altura. Mientras que Usain Bolt, otra vez el jefe de los esprints, tres nuevas medallas de oro, parecía regalar solo marcas notables. Pero, en realidad, los resultados del jamaicano, aunque a cierta distancia de sus fabulosos récords del mundo, fueron lo mejor que se vio en Moscú.

La tabla húngara, ese baremo que cuantifica las marcas en una puntuación que permite compararlas, ponerlas unas al lado de las otras, proyecta por encima de todas los 9.77 segundos (1.287 puntos) que invirtió Usain Bolt para ganar los 100 metros. La segunda, los 37.36 del 4×100 (1.280 puntos), también lleva su nombre y el de sus tres compañeros en el relevo corto de Jamaica. Ambas por encima de los 2,41 (1.269 puntos) de Bondarenko y los 18,04 (también 1.269) de Tamgho.

Este barullo de números sirve para demostrar que la grandeza del Rayo transforma lo excelente en cotidiano. La rutina del gigante, que tituló este domingo el periódico deportivo francés ?L?Equipe?. Bolt va agotando los objetivos y, después de Moscú, con los Juegos de Río de Janeiro todavía a tres años vista, se queda sin nada. Ese, en realidad, puede ser el mayor reto que encuentre en su carrera, hallar la motivación para seguir. Porque, a sus 26 años, parece obligado a continuar, a regresar a las pistas para entrenarse y competir, como el oficinista que cada mañana, afeitado y bien peinado, se reencuentra con el teléfono y el ordenador.

En Moscú alcanzó otra de las cimas del atletismo. Bolt igualó y superó el récord de medallas en los Campeonatos del Mundo. Sus triunfos en 100, 200 y 4×100, elevan a ocho su suma de oros, como Carl Lewis, Michael Johnson y Allyson Felix. Pero rompe la igualdad con ?King? Carl (solo dispuso de Mundiales cada cuatro años) gracias a las dos preseas de plata (en 200 y 4×100) que conquistó en los Mundiales de Osaka, en 2007, mientras que en la cuenta de trofeos menores del estadounidense figuran una medalla de plata y otra de bronce. Aunque, en realidad, el récord de medallas lo tiene la eslovena nacida en Jamaica Merlene Ottey, que durante su longeva carrera totalizó 14: tres de oro, cuatro de plata y siete de bronce.

A Teddy Tamgho poco le importa este embrollo de la tabla húngara y las ristras de medallas. El francés entrenado por el mítico Iván Pedroso -qué raro se hace verle con la camiseta de Francia-, enemigo esta vez de su compatriota Pedro Pablo Pichardo (segundo con 17,68), atravesó el umbral que perseguía desde hace tiempo, los 18 metros. Lo logró, el primero en el siglo XXI, en su sexto intento (18,04 con +0.3 m/s), después de dos nulos que permitían intuir que iba a conseguirlo, en la conclusión de una final que le deja, después de dos duros años lesionado, en el selecto club de los 18 metros que hasta ahora compartían Jonathan Edwards (18,29) y el estadounidense Kenny Harrison (18,09).

Este hito encumbra a Tamgho como una de las estrellas de estos Mundiales, junto a Usain Bolt, que se soltó en la clausura lanzando sus zapatillas a la grada, bailando como un cosaco, pero también como el británico Mo Farah, que repitió su demostración de los Juegos con otros dos triunfos en los 10.000 y los 5.000, o el propio Bondarenko y su persecución del récord del mundo de salto de altura; la rusa Yelena Isinbáyeva, que recuperó la corona de la pértiga en la capital de su país justo antes de dejar el atletismo para ser madre; la estadounidense Brianna Rollins, que destronó a Sally Pearson como reina de las vallas altas en una temporada con 34 carreras sin derrotas, o Shelly-Ann Fraser-Pryce, la velocista que calca los resultados de Bolt y que sale de Moscú con otro trío de medallas de oro en 100, 200 y 4×100. Porque como explicaba Warren Weir, el delfín de Bolt en los 200 y su compañero en el relevo, «Jamaica es al esprint lo que Brasil es al fútbol».

Asbel Kiprop, que hace unos días, en Mónaco, se convirtió en el cuarto hombre más rápido de la historia en los 1.500, logró un triunfo sin grandes alardes en el kilómetro y medio, con una última vuelta ligeramente más lenta que la que dio Farah en la final de 5.000. La carrera, sin españoles, también dejó en el podio al estadounidense Matthew Centrowitz, otro atleta de la cuadra de Salazar, y al sudafricano Johan Cronje, que se estrena con 31 años.

El estadio Luzhniki apaga sus focos después de dañar la imagen del atletismo con unas gradas semivacías, aspecto que mejoró el segundo fin de semana. El Mundial no se promocionó lo suficiente, se quejó Lamine Diack, presidente de la IAAF, pero tampoco ayudó un recinto gigantesco con un aforo para 80.000 espectadores. Porque según la organización pasaron 270.000 personas durante los nueve días de competición, cerca de 380.000 si se contabilizan los VIP y los invitados. Pekín, dentro de dos años, no puede permitirse esta imagen.