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Hermoso de Mendoza vuelve a imponer su maestría en Bilbao

FICHA DEL FESTEJO.- Toros, para rejones, de los tres hierros ganaderos de Niño de la Capea -Carmen Lorenzo, San Mateo y San Pelayo-, bien presentados y con mucho cuajo casi todos. Corrida de juego dispar, en la que destacó por su bravura y clase el excelente primero.

Hermoso de Mendoza: rejonazo trasero (oreja); rejonazo barrenando (ovación tras petición mayoritaria de oreja); y rejonazo arriba (oreja con fuerte petición de la segunda).

Leonardo Hernández: rejonazo trasero (ovación tras leve petición); rejonazo contrario caído (silencio); y rejonazo trasero (silencio).

La plaza se cubrió en la mitad de su aforo, en el primer festejo del abono.

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NO HUBO COLOR

Casi como se preveía, el mano a mano de rejones que abrió la feria de Bilbao no tuvo color. O, más que eso, tuvo sólo el color de la gran actuación de Hermoso de Mendoza, que una vez más, en el que era ya su trigésimo paseíllo en esta plaza, hizo en Bilbao un despliegue de maestría en la lidia a caballo.

Rodeada la corrida de cierta polémica previa por la ausencia en el cartel del más directo contrincante del navarro, que no es otro que Diego Ventura, Hermoso no encontró réplica en la actuación de Leonardo Hernández, que además, por circunstancias extrataurinas, este año no puede disponer de los caballos estrella de su cuadra.

Así que Hermoso tuvo que competir consigo mismo durante toda la tarde, pero también contra las extrañas decisiones del presidente, que dejó sin una más que merecida segunda oreja su soberbia faena al primer toro de la tarde.

Fue ese ejemplar del hierro de Carmen Lorenzo, “Africano” de nombre, un “murube” de excepcional clase, ritmo y entrega en sus embestidas, al que Hermoso cuajó con un toreo deslumbrante desde que lo fijó en los medios con la precisa grupa de “Churumay” hasta que lo mató montando al valiente “Pirata”.

Entre uno y otro momento, el torero de Estella se recreó en un rejoneo templado y elegante, con embroques limpios y ajustados para clavar banderillas y con una nueva suerte de su invención que ejecuta montado al novísimo caballo “Disparate”: una especie de galleo llevándolo prendido al toro en la cola del equino, mientras le ofrece, alternativamente, un lado u otro de la grupa.

Tal vez por la frialdad habitual del público en los primeros turnos, no se pidió con suficiente fuerza esa segunda oreja, pero la faena tuvo tanto nivel que la decisión de concederla, pues tiene potestad para ello, debía haber sido la del propio presidente.

Aunque cortó otra oreja más del quinto, Hermoso no pudo salir a hombros porque el reglamento del País Vasco exige para ello la concesión de dos trofeos de un mismo toro. Y eso fue lo que buscó con los otros dos de su lote, que dieron menos opciones pero con los que puso en juego también sus grandes conocimientos lidiadores.

Ante tal despliegue del maestro, la voluntariosa pero poco brillante actuación de Leonardo Hernández supuso un contraste demasiado acusado que evidenció el poco sentido de este mano a mano en una plaza de máxima categoría.

Con caballos de menos nivel que los habituales, el joven rejoneador extremeño puso empeño ante dos ejemplares que ofrecieron complicaciones y un segundo más que manejable.

Monótono en sus planteamientos y a veces dubitativo a la hora de lidiar, Hernández tuvo momentos de cierta brillantez pero en ningún momento llegó a ser rival para un maestro en plenitud al que hay que exigir retos de más entidad. Paco Aguado