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Estado de emergencia en Egipto: Las autoridades elevan a 525 muertos y 3.717 heridos las víctimas de ayer

El portavoz de dicho departamento Mohamed Fathalá explicó que el mayor número de fallecidos en El Cairo se registró en la acampada de los seguidores del depuesto presidente egipcio Mohamed Mursi en la plaza de Rabea al Adauiya, donde 202 personas murieron.

Por su parte, los Hermanos musulmanes elevan la cifra de víctimas mortales a más de 4.500. «El número de muertos supera ya los 4.500. El recuento y la identificación todavía continúan en tres mezquitas, tres hospitales y dos morgues», comunicó el portavoz de Hermanos Musulmanes Gehad El Haddad a través de su cuenta oficial de Twitter. Además, el portavoz de Hermanos Musulmanes ha detallado que, del total, más de un millar de personas han perdido la vida en los disturbios que han tenido lugar fuera de El Cairo.

En estado de emergencia

Ante esta situación, el Gobierno egipcio decretó ayer el estado de emergencia nacional y un toque de queda regional. Una calma relativa reinaba esta mañana en las calles de Egipto, aunque pese al toque de queda y el amplio despliegue de las fuerzas del orden para hacerlo cumplir, la noche no ha estado exenta de incidentes en distintas zonas. En Al Arish, capital de la provincia del Norte del Sinaí, un policía y un soldado han muerto por disparos de desconocidos frente a una comisaría. Mientras, en Qena, en el sur, al menos dos personas han fallecido a tiros en choques registrados en los alrededores de los juzgados. En Qaliubiya, al norte de El Cairo, al menos tres personas han perecido y quince han resultado heridas.

El primer ministro nombrado por los militares, Hazem Beblawi, destacó ayer la «gran moderación» de la policía mientras los islamistas llamaron a nuevas manifestaciones pese a que las fuerzas del orden han advertido de que no aceptarán ninguna otra ocupación tras haber tomado el control de dos plazas de El Cairo donde los partidarios de Mursi acampaban desde hacía un mes y medio.

Condena internacional

El baño de sangre ha provocado una crisis gubernamental, con la renuncia del vicepresidente Mohamed El Baradei, y ha sido condenado por la ONU y por países occidentales y musulmanes. Las autoridades habían prometido un desalojo «gradual» de las plazas cairotas de Rabaa al Adawiya y Al Nahda, ocupadas desde hace un mes y medio por miles de partidarios de Mursi, derrrocado el 3 de julio por los militares y detenido desde entonces. Pero las tropas policiales y militares rodearon por sorpresa al amanecer los dos parques y empezaron a avanzar con topadoras y disparando gases lacrimógenos contra las tiendas de campaña, que albergaban a numerosos mujeres y niños.

El Gobierno anunció que el desalojo de Al Nahda concluyó por la mañana. En Rabaa, la Policía garantizó la salida de cientos de manifestantes que querían evacuar el lugar. Pero un grupo de irreductibles permanecía atrincherado y continuaba enfrentando a las fuerzas de seguridad en otra punta de la plaza.

El Ministerio de Salud indicó ayer por la tarde que en la operación murieron 149 personas, aunque solo en la morgue improvisada junto a la plaza Rabaa un periodista de Afp había contado unas horas antes 124 cadáveres. En ese hospital de campaña, los médicos se veían desbordados y abandonaban los casos más desesperados para ocuparse de los heridos con más posibilidades de sobrevivir.

Otras regiones fueron escenario de incidentes, con enfrentamientos en Alejandría y el incendio de tres iglesias cristianas coptas en el centro del país. El Gobierno declaró el estado de emergencia nacional y un toque de queda en El Cairo y otras once provincias desde las siete de la tarde hasta las seis de la mañana (17.00 GMT a 04.00 GMT). Ambas medidas regirán durante un mes. Previamente suspendió todas las conexiones ferroviarias con El Cairo para dificultar las movilizaciones.