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martes, 24 mayo 2022 4:46

Los triunfos desérticos de Jamaica

¿Quién no recuerda el berrinche de Félix Sánchez en Londres? El dominicano, con la foto en la mano de su abuela, Lilián Peña, muerta cuatro años atrás, no podía contener las lágrimas. Y a su alrededor, el gentío emocionado en las rebosantes gradas del estadio de Standford en una noche inolvidable. Un año después, Félix Sánchez afronta el desafío de superar en lo único que puede superar a Edwin Moses, en número de títulos. El latino quiere romper el empate a dos, un par de oros olímpicos y otro par mundiales. Pero el entorno poco ayuda. «Esto está muerto: no hay ambiente», dice. Y después de superar las series recuerda el pasado: «Esto es, comparado con Londres, como la noche y el día».

Las gradas de Luzhniki ofrecen un aspecto deprimente, sonrojante para la IAAF y para Rusia, incapaz de llenar el día de su mejor producto: la final de los 100 metros. Porque la noche anterior hubo cerca de 35.000 espectadores, un tercio vacío, durante la carrera que coronó a Usain Bolt. Y hasta Tatyana Lebedeva, histórica saltadora, ahora en la federación rusa, reconoce que se están regalando entradas, pese a que las hay desde tres euros. Hasta el mismísimo Bolt empieza a ser insuficiente para saciar al público y recuperar el poderío de otros tiempos, de los años de esplendor con Edwin Moses, Sergei Bubka o Michael Johnson.

Los 9.77 segundos resultan insuficientes para un público que se había acostumbrado a los récords del jamaicano, ?casi? eclipsado el domingo por la noche por Olivier Morin, el veterano reportero gráfico de la agencia AFP que cazó de casualidad, con una de sus cinco cámaras de acción remota, la foto de su vida, en la que aparece el ?Rayo? Bolt en la pista y, al fondo, fuera del estadio, la caída de un rayo. Cuatro años después de la también inolvidable carrera de Berlín, donde el plusmarquista corrió en 9.58, la gente empieza a sospechar que el prodigio no da para nuevos récords con el cronómetro y que ya solo podrá lograrlos en el número de medallas conquistadas (lleva seis oros olímpicos y otra media docena, a la espera de dos pruebas en Moscú, en Mundiales).

Quizá sea el momento de correr la cortina en que se ha convertido Bolt en el último lustro y observar qué hay tras él. Sin irse muy lejos, los 100 m femeninos, donde su compatriota Shelly-Anne Fraser-Price, una bomba de 1,57 metros, recuperó el título que ganó en Berlín y perdió en Daegu. Como el Rayo. La jamaicana ganó con poderío: mejor marca mundial del año (10.71 con -0.3 m/s), a una centésima del récord de los campeonatos de Marion Jones y con una de las mayores ventajas de la historia, 22 centésimas sobre la marfileña Ahoure, segunda por delante de Jeter.

?SAFP? extiende su dominio -es doble campeona olímpica- en una final sin europeas, algo que solo había sucedido en 2009, y solo falló en su deseo de romper su plusmarca (10.70). Pero su autoridad es incuestionable. Esta temporada solo ha perdido tres carreras de 100 y 200. La velocista, de glúteos e isquiotibiales potentísimos, todo explosividad, se adelantó a los 20 metros y ya no volvió a ver a sus rivales. Su elevada frecuencia, 51 zancadas para cubrir los 100 metros, es muy efectiva. Y su puesta en acción, casi inmejorable. El día que corrió en 10.70 pasó por el 60 una décima más rápido que el récord del mundo ?indoor? de Irina Privalova (6.92).

Derrota de Lavillenie

La maldición de los Mundiales persigue a la extraordinaria escuela francesa de pértiga. Nunca han ganado un título mundial. La final de Moscú parecía ser el momento en el que su último talento, Renaud Lavillenie, el hombre que saltó 6,07 en la final del Europeo en pista cubierta, marca que no valió al quedar el listón encima de otro soporte, cayó derrotado ante el alemán Raphael Holzdeppe, 23 añitos, con idéntica marca (5,89, pero más nulos del galo).

Tan sorprendente como el triunfo de David Oliver, en trece segundos exactos (+0.3), mejor marca mundial del año, en los 100 metros vallas. Un tropezón de Richardson evitó el pleno estadounidense (Wilson fue segundo y el ruso Shubenkov, tercero) en el que no hubiera estado el campeón olímpico y plusmarquista mundial Aries Merritt (sexto).

La tercera jornada dejó otra mejor marca mundial de la temporada, los 81,97 que dieron el título de lanzamiento de martillo al polaco Pawel Fajdek, y un récord nacional para la británica Christine Ohuruogu campeona después de una foto ?finish? que obligó a buscar la milésima (49.404 por 49.408 de Montsho) en una final de 400 con cuatro mujeres por debajo de los 50 segundos.

Valerie Adams no se harta

Y con menos carisma que Bolt, pero con semejante fortaleza, Valerie Adams (antes Vili) regaló en Luzhniki su enésima demostración y se encumbró con un lanzamiento de 20,88 metros en Moscú, donde ya había competido, en los Juegos de 1980, Jean-Pierre Egger, su entrenador, el hombre que, antes que a ella, ya había adiestrado a Werner Günthor, un suizo que fue campeón del mundo en 1987, 1991 y 1993.

Adams ya ha superado a Günthor. La atleta de 1,93 metros y 120 kilos, la antítesis de ?SAFP?, es la indiscutible dominadora de la especialidad con solo 28 años. Nadie discute su jerarquía después de haber encadenado cuatro medallas de oro en los Mundiales, además de dos títulos olímpicos. Solo hubo una manera de vencerle, saltándose las normas, el recurso de Nadezha Ostapchuk, la mujer que le quitó la gloria de subir a lo más alto del podio en Londres, aunque luego fue descubierta y sancionada.

Ostapchuk, aún así, fue la última mujer que derrotó legítimamente, aunque cargada de dudas, a Adams. Porque la neozelandesa lleva 38 victorias seguidas desde que la tramposa venció el 22 de agosto de 2010 en Zúrich.