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Las tropas egipcias desalojan las acampadas de seguidores de Mursi

EL CAIRO (Reuters) – Las fuerzas de seguridad egipcias mataron el miércoles al menos a 30 personas al desalojar uno de los campamentos de manifestantes que exigían la restitución del derrocado presidente Mohamed Mursi, dijeron los Hermanos Musulmanes.

No hubo una confirmación oficial inmediata de las muertes en Rabaa al Adawiya, situado en el noreste de El Cairo, donde miles de seguidores de Mursi llevaban seis semanas en una acampada que suponía un motivo de sonrojo para el Ejército desde que derrocó al presidente electo.

Otra acampada cerca de la Universidad de El Cairo fue desalojada rápidamente al amanecer.

La operación, que parece sugerir que las poderosas Fuerzas Armadas han perdido la paciencia con las persistentes protestas que estaban afectando a algunas zonas de la capital y frenando el proceso político, comenzó poco después del amanecer con el sobrevolar de los helicópteros.

El tiroteo se produjo mientras los manifestantes – mujeres y niños entre ellos – huían de Rabaa, y nubes de humo negro se alzaron al cielo cairota. Vehículos blindados entraron en el lugar acompañados de buldóceres que derribaron y se llevaron las tiendas. Un testigo vio 15 cadáveres en un hospital de campaña cerca de la acampada.

El Ministerio de Sanidad dijo que 13 personas murieron cerca de Rabaa, ocho civiles y cinco policías, una cifra que podría aumentar.

Además, el Gobierno sacó un comunicado en el que dijo que las fuerzas de seguridad mostraron «el nivel máximo de contención», lo que se refleja en el bajo número de víctimas comparado con la cantidad de gente que había en el lugar y «el número de armas y la violencia dirigida contra las fuerzas de seguridad».

Un testigo de Reuters vio a soldados disparando contra manifestantes que intentaban entrar en el campamento. Al menos 20 resultaron heridos en las piernas. Imágenes de televisión mostraron a las fuerzas de seguridad disparando desde los tejados cercanos.

«(Los botes de) gases lacrimógenos están cayendo del cielo como si fuera lluvia. No hay ambulancias dentro. Cerraron todas las entradas», dijo Jaled Ahmed, un estudiante de 20 años al que las lágrimas le corrían por la cara.

«Hay mujeres y niños ahí dentro. Dios les ayude. Esto es un asedio, un ataque militar contra un campamento civil de protesta».

Un corresponsal de Reuters vio a decenas de personas tendidas en la calle con heridas de bala y de perdigones. Había charcos de sangre por todas partes.

«Llegaron a las 7 am. Helicópteros en el cielo y buldóceres por tierra. Arrasaron nuestros muros. Policías y soldados dispararon gases lacrimógenos a niños», dijo el profesor de 39 años Saleh Abdulaziz, que sujetaba una venda contra su cabeza ensangrentada.

«Siguieron disparando sobre los manifestantes incluso cuando les suplicamos que pararan».

FRACASO

La operación llega después de que fracasaran los intentos internacionales de mediar para acabar con el enfrentamiento político entre los seguidores de Mursi y el Gobierno apoyado por los militares, que llegó al poder tras su derrocamiento el 3 de julio.

Después de que los Hermanos hayan pedido a sus simpatizantes que salgan a la calle, la violencia podría desestabilizar aún más a la populosa nación árabe y poner en peligro las esperanzas de llegar a la democracia.

Más de 300 personas han muerto ya en la violencia política desatada en estas semanas, entre ellas decenas de simpatizantes de Mursi muertos a manos de las fuerzas de seguridad en anteriores sucesos en El Cairo.

El miércoles los disturbios se extendieron más allá de la capital, y se produjeron incidentes en Minya y Assiut, dos ciudades del delta del Nilo.

Mursi se convirtió en el primer presidente democráticamente electo en la historia del país en junio de 2012, pero no consiguió gestionar los problemas económicos y causó temor en muchos egipcios por sus aparentes intentos de islamizar Egipto.

Ahora permanece detenido en un lugar no identificado y las autoridades han congelado los activos de los Hermanos Musulmanes, varios de cuyos líderes han sido arrestados o están siendo buscados por las fuerzas de seguridad.

El derrocamiento del presidente se produjo tras las manifestaciones multitudinarias de liberales y jóvenes egipcios pidiendo su dimisión.

El Ejército, encabezado por el general Abdel Fatah al Sisi, ha instalado un gobierno temporal para aplicar lo que califica de «hoja de ruta» hacia la democracia, en la que se incluyen elecciones en seis meses.

Occidente ha expresado alarma por la violencia, y el miércoles la Unión Europea urgió a las autoridades a actuar con la «máxima contención».

El desalojo de los campamentos parece acabar con cualquier esperanza de que los Hermanos vuelvan al proceso político y refuerza la impresión que tienen muchos egipcios de que los militares están endureciendo su control sobre el poder.

El martes, el presidente provisional Adli Mansur nombró al menos 18 nuevos gobernadores provinciales, la mitad generales retirados, sacando a miembros de los Hermanos y devolviendo la influencia a hombres procedentes de los cuarteles y la policía.