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De paseo por La Candelaria

A los pies del cerro de Monserrate se adivina La Candelaria en actitud de pleitesía respecto al santuario del Señor Caído. Enclaustrado entre la Avenida Jiménez de Quesada, la Calle 7, la Carrera 10 y a la sombra de las montañas en el oriente, el Centro Histórico de Bogotá disemina atractivos lugares de interés histórico culturales esparcidos por simpáticas calles denominadas; El Embudo, La Agonía, La Fatiga, El Suspiro y El Afán, entre otros.

El 6 de agosto de 1538 el conquistador español Gonzalo Jiménez de Quesada rebautizó Bacatá (término de los indios Muisca que significaba ?Campo de cultivos cercados?) como Santafé de Bogotá en un acto religioso que se celebró en la plazoleta del Chorro de Quevedo y que dio nacimiento oficial a la ciudad. Casi cinco siglos después, jóvenes, estudiantes, parejas y turistas se citan en este punto para recorrer la angosta, grafiteada y empedrada calle de El Embudo y tomar chicha (bebida indígena a base de maíz fermentado).

La Plaza Bolívar es el epicentro de este barrio donde comenzó todo en la ciudad sin memoria que es Bogotá. Al oriente se alza la Catedral Primada (en su interior descansan los restos de Gonzalo Jiménez de Quesada), justo en frente se levanta el Palacio Liévano (Alcaldía Mayor), al norte el Palacio de Justicia y al sur el Capitolio Nacional. El arrullo de las miles de palomas que aletean por la plaza silencia a los turistas que se divierten dándoles de comer. Los muros de los edificios que custodian a la Bolívar están pintados con palabras reivindicativas en aras de que el país despierte para ser justo. Aquí la población alza su voz y se convocan las manifestaciones.

Sin afán y disfrutando de la arquitectura, el viajero ve sucederse casas coloniales con patios interiores donde discurre la vida escondidos tras unos muros de adobe coloreados y edificios de la época de la república de aire francés. Muchos de aquellos inmuebles; El Palacio San Carlos, el Instituto de la Salle, el Palacio de Justicia y los tranvías, perecieron en el 'Bogotazo' de 1948, en el que fue asesinado el carismático político liberal Jorge Eliécer Gaitán, muy cerca de la Iglesia de San Francisco.

Ambiente académico

Hasta un ciego se da cuenta del valor que tiene el Banco de la República, lindando con el Parque Santander (en honor al General independentista Francisco de Paula Santander), del cual dependen los excelentes museos del Oro y de Botero. Las instituciones culturales en La Candelaria son muchas y de gran calidad. A las piezas doradas que rememoran el mito de El Dorado y a las voluminosas figuras del maestro Botero, hay que sumarle el Centro Cultural Gabriel García Márquez y la Biblioteca Luis Ángel Arango. El ambiente académico se completa con los colegios más antiguos de la ciudad: San Bartolomé, Agustiniano y El Salesiano y con las universidades del Rosario y La Salle.

Un rincón agradable para darse un descanso es la Plazoleta del Rosario. Animada por los grupos de personas que trajinan con la venta de esmeraldas y otros menesteres, los cafés Romana, Mesón y Pasaje son una buena opción para tomarse un tinto (café solo) e imaginarse como sería cuando estos establecimientos los frecuentaban literatos y periodistas de la vecina sede del diario El Tiempo. El ajetreo y el vaivén de pasajeros que suben y bajan del Transmilenio se difumina a medida que el curioso viajero se dirige hacia el oriente y da a parar al Parque de los Periodistas. Al fondo, las montañas y el cerro de Monserrate sugieren las mejores vistas de la ciudad que, después de un paseo por La Candelaria, sí parece que tenga memoria.