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¡Al rico yogur helado!

Siempre y cuando se moderen los ?toppings? ?mejor abusar de frutas y cereales que de los chocolates y dulces?, el yogur helado es una forma sana y diferente de tomar calcio, que gusta cada vez a más gente.

Algo que es esencial, sobre todo en un momento en el que los expertos alertan sobre el descenso del consumo de lácteos, motivo por el cual más del 35% de la población ingiere cantidades insuficientes de un mineral que resulta esencial para los huesos.

Las recomendaciones de la Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética (FESNAD) indican que hay que tomar entre 2 y 4 raciones de lácteos al día, según la franja de edad, siendo los adolescentes, las personas mayores y las mujeres embarazadas o en periodo de lactancia o menopausia los que más lo necesitan. Su menor aporte de calorías (103 Kcal por cada 100 gramos frente a las 200 que aporta un helado que no sea ?light?) y compartir los beneficios del yogur, su principal ingrediente, hacen que este postre sea una de las estrellas del verano.

Mejor que un helado

Justo en su ingrediente base está la diferencia principal que tiene con un helado de yogur: «No hay que perder de vista que el segundo es un helado normal con sabor a yogur (su base es leche y tendrá más azúcares)» , explica Nuria Guillén, dietista-nutricionista clínica del Hospital Universitari Sant Joan de Reus, en Tarragona.

Comparados con el yogur de toda la vida, los yogures helados que se venden como tal tienen más calorías, por eso otra opción para los que lleven una dieta reglada es meter los tradicionales en el congelador. Pero aparte de esas calorías de más, «los yogures helados conservan como los otros el calcio y los probióticos«, afirma la experta.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) los probióticos se definen como «microorganismos vivos que, cuando se administran a las concentraciones adecuadas, ejercen un efecto fisiológico que es beneficioso para la salud del consumidor».

Pero, ¿de qué beneficios hablamos? Pues bien, los yogures, helados o no, aportan lo que se llaman proteínas de alta calidad y fácil digestibilidad, especialmente calcio y fósforo. Además el calcio que aportan se absorbe mejor que el de otros alimentos (alta biodisponibilidad) y contienen menos lactosa que la leche, gracias a su elaboración con fermentos lácticos vivos.

También son unos excelentes reguladores del tránsito intestinal, reducen la sensación de hinchazón y su ingesta ayuda a prevenir y disminuir la incidencia y duración de enfermedades infecciosas gastrointestinales en niños.

Y, como muchos pacientes saben, antes, durante y después de un tratamiento con antibióticos, previenen la aparición de diarreas asociadas al uso de medicamentos.

El yogur en la investigación

Amén de los beneficios mencionados, diversos estudios recogen la idoneidad del consumo de yogur en ciertas enfermedades, tal y como recoge el nutricionista y portavoz de la Asociación Dietética Americana, David Grotto, en su libro ?101 alimentos que pueden salvarte la vida?.

Así, en un estudio con ratas con artritis se observó que las alimentadas con yogures que contenían la bacteria Lactobacillus GG tenían solo una inflamación leve. Mientras en otro con ratones a los que se les indujo un cáncer colorrectal se descubrió que un incremento de yogures en la dieta aumentaba la apoptosis (muerte celular) y, por tanto, la actividad anticancerígena.

También ayudan en lo relativo a la salud cardiovascular, ya que se ha comprobado que mejoran la proporción de LDL/HDL (colesterol malo y bueno) en sangre, con los beneficios que eso conlleva.

Como curiosidad, esta joya de alimento ayuda a mejorar el mal aliento. Y es que consumir 170 gramos de yogur natural a diario, que contenga las bacterias Streptococcus thermophilus y Lactobacillus bulgaricus, reduce las bacterias causantes del mal aliento.