Quantcast

El librero de internet se hace con el 'Washington Post'

Jeff Bezos firmará en las próximas semanas un generoso cheque que llevará grabada a fuego una firma que rondará los 250 millones de dólares. El creador de Amazon no lo hará para hacerse con los derechos en exclusiva ni de las obras de J. K. Rowling ni para que las fantasias de aquellas que lean ?Cincuenta Sombras de Grey? solo estén accesibles en su inmenso catálogo de títulos para sus ebooks. El gran librero de internet se fija ahora en la prensa, como hiciese recientemente Warren Buffet, el 'Oráculo de Delfos', que utilizó parte de su ingente fortuna -la tercera del mundo- en hacerse con 63 diarios locales. Bezos desembolsará tan jugosa cantidad de ceros en hacerse con el Washington Post, uno de los rotativos con mayor historia y prestigio dentro del gremio informativo estadounidense, así como otras publicaciones menores. Se trata de una compra a título personal al margen de su exitosa compañía de internet, una de las supervivientes de la burbuja de las ?.com? y que se ha convertido en un elemento imprescindible del mercado de contenidos digitales.

La noticia de la venta, que se culminará posiblemente dentro de los dos próximos meses, llegó con nocturnidad. Las conversaciones entre este multimillonario 2.0 con la familia propietaria del grupo de comunicación y el Consejo de Administración habían sido mudas para la opinión pública. Semanas de negociación y hermetismo que se destaparon ayer. La entrada en la carpeta de propiedades de Bezos no conllevará el desplazamiento de la estirpe familiar, al menos en el ámbito editorial. Creada en 1877 por Stilson Hutchins, los designios editoriales durante las últimas ocho décadas han estado en manos de cuatro generaciones de los Graham. La actual directora es Katharine Weymouth-Graham, sobrina de Philip Graham, quien en 1959 se tomaría el mando del periódico tras la muerte de Eugene Meyer. Meyer, directivo de la Reserva Federal, había rescatado al 'Washington Post' 26 años antes en una subasta. .

«Este es un día que ni mi familia y ni yo esperamos que llegara nunca», afirmó Weymouth-Graham, quien seguirá al frente de la redacción, dando de alguna forma continuidad a la estirpe que ha «cultivado» la publicación desde hace ochenta años. Bezos, por su parte, habló de «una institución importante» y expresó optimismo sobre el futuro del negocio, aunque matizó que para él, «es un terreno desconocido» y «requerirá experimentación».

Un empresario hiperactivo

Jeff Bezos (12 de enero de 1964, Albuquerque) es un ingeniero informático que en 1994 decidió dar un giro a su vida laboral que hasta el momento había transcurrido en Wall Street y anteriormente en una compañía dedicada a la fibra óptica. Doce meses más tarde de este emancipamiento laboral puso en órbita Cadabra.com. La empresa -que también nació en un garaje- se lanzó con 200.000 libros de distintas editoriales que podían pedirse por internet. Lo que en aquel momento podía parecer una locura fue evolucionado hasta convertirse en Amazon, un nombre inspirado en el río Amazonas. Los libros encargados por email dieron paso a una mutación progresiva que ha tenido como resultado una tienda 'online' capaz de llenar los carritos de sus usuarios con una amalgama de objetos que van desde los 'ebooks' hasta juguetes e, incluso, alimentos.

Todo ello con un medido sistema de envío que, según aseguran en la firma con sede en Seattle, es capaz de resistir hasta las catástrofes naturales. una entrevista de Donald Graham, consejero delegado de The Post Co., reconocía ayer su talento. Le describió como un «genio de los negocios» e hizo referencia a los logros de un 'tecnogurú' alejado del perfil mediático de otros del difunto Steve Jobs, Larry Page o Bill Gates. Los logros de Bezos, más allá del comercio digital, se extienden también en la revolución de los dispositivos vivida en los últimos tiempos. Hace seis años, Amazon puso en juego el 'Kindle', un aparato pensado para leer libros que a la postre se ha convertido en uno de los soportes más conocidos del planeta.

Pero a Bezos la imaginación parece darle para más. Sus aspiraciones rompieron hace ya varias temporadas, incluso, los límites de la atmósfera terrestre. En el año 2000 se hizo con Blue Origin, una empresa dedicada al turismo espacial. Mientras lo de los viajes a las estrellas intenta despegar, el de Nuevo México, reconocido como la persona del año en 2012 por la revista Fortune, satisface su inquietud rescantando reliquias de la NASA del fondo del mar. Un excéntrico y nada asequible pasatiempo que le llevó hace unos pocos meses a encontrar los motores del Apolo 11 que el Atlántico guardaba en sus entrañas desde 1969.