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Los refugiados sirios se esconden en las sombras de Líbano

TRÍPOLI, Líbano (Reuters) – En lo alto de una colina sembrada de olivos y cipreses que se alza sobre la ciudad libanesa de Trípoli, un centro comercial abandonado acoge a casi 1.000 refugiados que han huido de la guerra civil de Siria.

En unos pocos meses, el antiguo edificio de cuatro plantas, que estaba vacío, se ha convertido en uno de los más de 360 asentamientos informales para refugiados en un pequeño país que comienza a verse saturado por el repentino flujo procedente de su vecino de un tamaño mucho más grande.

«Somos como un pequeño estado», dijo Um Mohamed, que huyó de la ciudad siria de Homs y se convirtió en la primera persona que ocupó una tienda vacía en el centro comercial cuando llegó en octubre con sus tres hijos.

Desde entonces, se ha convertido en una animada pequeña ciudad bajo techo. Las tiendas vacías han sido equipadas con planchas de madera laminada como paredes y sábanas como puertas. La colada cuelga en el patio interior, donde los hombres descansan en cojines de gomaespuma y decenas de niños revolotean alrededor. Un joven corta el pelo de los chicos, mientras que en la segunda planta mujeres cubiertas con velos venden zanahorias, limones y sandías.

«A la gente cada vez le cuesta más encontrar refugios adecuados, e incluso lo que encuentran y alquilan no son adecuados, así que la gente está cada vez más desesperada», declaró la representante de ACNUR en Líbano, Ninette Kelley.

El número de refugiados sirios en la región se ha doblado en los últimos cuatro meses mientras la guerra civil que ya dura más de dos años entra en una fase particularmente sangrienta, y el peso principal del éxodo recae sobre el minúsculo Líbano, un país frágil que comparte las divisiones entre grupos religiosos que han destrozado a su vecino.

A diferencia de otros países de Oriente Próximo, Líbano se niega a que los refugiados vivan en campos formales, lo que les facilitaría asentarse y recibir ayuda sistemática de un modo más fácil.

Los sirios están tratando de conseguir refugio en cualquier parte: garajes, edificios abandonados o acampadas informales.

Según la agencia de la ONU para los refugiados, en Líbano se han registrado o están esperando a hacerlo 666.000 refugiados, frente a los 513.000 en Jordania, 431.000 en Turquía y más de 100.000 cada uno en Irak y Egipto.

Si se les suman aquellos que no piden estatuto de refugiado, como los trabajadores emigrantes y sus familias, hay un millón de sirios en un país de cuatro millones de habitantes.

REFUGIOS IMPROVISADOS

Alrededor de la región, la bienvenida inicial a los sirios se está enfriando. Turquía mantiene oficialmente una política de «puertas abiertas» pero también ha reforzado la seguridad en la frontera de 900 km que comparte con su vecino del sur, con alambradas que pretenden dificultar el cruce fuera de los puntos oficiales. Jordania ha cerrado algunos puestos fronterizos este año, dejando a miles de sirios abandonados en la frontera, según los cooperantes.

Algunos libaneses se quejan de que la llegada de miles de sirios ha provocado una fuerte subida en los precios de los alquileres y de la comida, y han supuesto una carga mayor en servicios públicos como la electricidad, el transporte y los servicios médicos.

En el valle de la Bekaa, se ha erigido un campamento improvisado cerca del pueblo de Kfar Zabad, entre los campos de melocotoneros y viñedos, a pocos kilómetros de la frontera siria. Unas 60 tiendas hechas con planchas de madera y telas desgastadas se apilan en una parcela agrietada que se ha acabado embarrando por la cantidad de agua sucia.

Aminah está sentada en una tienda y acuna a un bebé. La joven de 20 años, madre de dos niños, llegó de un pueblo de Alepo hace dos meses y dio a luz a su pequeña hace dos semanas en el campamento, sin recibir atención médica.

«No hay agua, no hay luz, no hay ayuda», se lamentó.

En el cercano campamento de Terbol, los refugiados suplican a los cooperantes que mejoren los servicios básicos y la atención sanitaria. Lo que era un asentamiento para trabajadores emigrantes en terreno privado ya no tiene más espacio para los refugiados que inundaron el lugar en lo últimos meses y que temen que las lluvias del invierno inunden el lugar.

Las organizaciones no gubernamentales se ven limitadas no solo por su presupuesto, sino por la obstrucción política y las restricciones legales.

Líbano está hundido en la parálisis desde marzo, cuando el poderoso movimiento chií Hezbolá se asoció abiertamente a la guerra en Siria para apoyar al presidente Bashar el Asad. La existencia de campos de gran tamaño podría romper el delicado equilibrio entre los diversos grupos religiosos.

Los refugiados no son algo nuevo en Líbano: el 10 por ciento de los habitantes del país son descendientes de palestinos que llegaron hace 65 años. Siguen confinados en campos en gran parte, no tienen nacionalidad y están excluidos de trabajar en decenas de profesiones como medicina y derecho. Su presencia fue un factor importante en la guerra civil de 1975-1990.

Beirut está alarmada por el ejemplo del campo de Zaatari em Jordania, donde se han asentado 115.000 sirios desde que abrió hace un año y ahora se ha convertido en la cuarta ciudad de facto más poblada del país.

/Por Stephen Kalin/