Quantcast

Tragedia en Santiago: El interventor «nunca» se ha considerado «culpable»

El interventor que llamó al maquinista unos minutos antes de que descarrilase el tren el pasado 24 de julio en Santiago, Antonio Martín Marugán, ha acudido este viernes a declarar como testigo y ha asegurado, antes de comparecer ante el juez instructor, que llevaba «en el bolsillo» el móvil en el momento del siniestro. Sobre las 9.15 horas el interventor llegó a los juzgados compostelanos, donde estaba citado a las 10.00 horas, y de los que salió unos minutos después antes de volver acceder a la sede judicial acompañado pasadas las 9.30 horas.

Poco antes de entrar manifestó a los medios que «nunca» se ha considerado «culpable» y se ha limitado a señalar que en el momento del accidente tenía el móvil «en el bolsillo». «Salí del tren con el teléfono en el bolsillo», ha afirmado.

En el auto de citación, el titular del Juzgado de Instrucción Número 3 de Santiago, Luis Aláez, considera que la actuación del interventor del tren siniestrado «en principio se presenta correcta, ajustada a los procedimientos del operador y a las prácticas del sector». Aláez argumenta que «la consulta al maquinista para saber si el tren podía circular por una determinada vía es algo normal -como el maquinista vino a admitir en su segunda declaración- y no es causa del descarrilamiento que sufrió el tren, aunque se considere desafortunada por el lugar o momento en que se hizo».

«Considero que la conducta del interventor de consultar al maquinista la posibilidad de acceso del tren a una determinada vía no es típica», asevera el juez, pero añade que, de los datos conocidos, se infiere que «la causa primordial del accidente fue la indebida conducción llevada a cabo por Francisco José G.A. por circular a una excesiva velocidad para la configuración o trazado de la vía en el lugar de Angrois».

Según la información de la caja negra, apunta, la llamada se inicia casi dos minutos antes de llegar al punto kilométrico donde se produce el accidente, es decir, en función de la velocidad que llevaba el Alvia, unos seis kilómetros antes de alcanzar la curva en la que se produce el descarrilamiento. Y lo sucedido, prosigue Aláez en el auto, no parece «achacable a una causa sobrevenida diferente e impensable» más allá de la «conducción inapropiada del maquinista por conducir a una velocidad que superaba el doble del límite permitido».

La omisión de la llamada

Marugán ha dicho que solo responderá de lo acontecido ante la justicia: «Estoy inmerso en un proceso judicial. Declaro mañana. Voy mañana (por hoy) a hacer una declaración al juzgado. Entonces, ya no puedo hacer ninguna» más fuera de este ámbito, ha expuesto, tras indicar que debía conducir su vehículo y por ello se veía obligado a interrumpir la llamada. El pasado miércoles, en cambio, fue menos sucinto y explicó la omisión de la conversación con el maquinista en su declaración policial: «Estaba muy aturdido. Mi cabeza estaba llena de imágenes terribles. No era trascendental para el accidente. En ningún momento quise ocultar la conversación, y estoy convencido de que Garzón tampoco».

Lo dice porque Garzón Amo no la mencionó al prestar testimonio el pasado domingo, convocado por el juez instructor. Del contenido del diálogo, que duró aproximadamente dos minutos, ha dicho Marugán que su única intención era facilitar la bajada de una familia con hijos en Pontedeume, localidad situada a unos 15 kilómetros de Ferrol, el destino final de ese Alvia que había salido de Madrid. De la existencia de esta comunicación se supo con el desprecinto y volcado de las cajas negras y se efectuó entre teléfonos corporativos. El de Garzón Amo se extravió.

El tráfico de llamadas, recibido por la Policía y entregado al juez, resultaba crucial para el instructor, que ordenó un rastreo al conocer la pérdida del teléfono profesional de Garzón Amo. Está previsto que a lo largo del día de hoy se haga entrega al magistrado instructor del informe que recoge los datos extraídos de las cajas negras, que ya están en el juzgado. En base a los datos divulgados, instantes antes del accidente el tren circulaba a 192 kilómetros por hora y tras la activación de un freno por parte del maquinista, el Alvia finalmente impactó contra el muro de hormigón tras pasar la curva de A Grandeira, a 153 kilómetros por hora en un lugar en el que el libro de ruta indica que no se puede ir a más de 80.