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El humano piensa, la rata se mueve

Un pensamiento concreto de un ser humano puede desencadenar que se mueva la cola de una rata. Lo han conseguido un grupo de investigadores de Harvard que trabajan con interfaces entre el cerebro y el ordenador, y viceversa. Su trabajo integra, por primera vez, las dos partes de un mismo problema. ¿Se pueden leer y escribir pensamientos y acciones en un cerebro?

Los avances en ambas facetas todavía son discretos, y están lejos de las propuestas telepáticas de la ciencia ficción. En esta ocasión los investigadores buscaron un patrón visual en un humano, que medían mediante una electroencefalografía. Es decir, detectaban un pensamiento concreto a base de medir la actividad eléctrica del cerebro cuando un voluntario miraba una pantalla parpadeante.

Solo si se detectaba la señal adecuada se enviaba un mensaje a un ordenador que, por su parte, mandaba la orden de mover la cola a la rata. ¿Cómo? Mediante un sistema de ultrasonidos denominado FUS (Focused Ultra Sound), y que es capaz de estimular un área concreta del cerebro. En este caso, la zona responsable de la acción motora de esa parte del cuerpo. No se puede especificar cómo debe moverse, pero sí que lo haga.

Los investigadores responsables de este trabajo han asegurado que su sistema tiene una tasa de acierto del 94%. Es decir, aproximadamente 6 de cada 100 veces fallaban o el sistema que leía el pensamiento del cerebro humano, o el que enviaba el estímulo a la rata. Otra de las ventajas de su sistema es que no es invasivo. No hubo que operar a ninguno de los dos participantes, aunque la rata estuvo sedada durante el experimento.

Aunque es la unión entre un Interfaz Cerebro-Ordenador (en el humano) y de un Interfaz Ordenador-Cerebro (en la rata), los científicos aseguran que, de facto, han creado el primer Interfaz Cerebro-Cerebro. Y además entre dos especies diferentes.

«Nuestros resultados demuestran que es factible crear un Interfaz Cerebro-Cerebro con mediación de un ordenador, capaz de vincular funciones neurológicas centrales entre dos entidades biológicas diferentes, lo que puede abrir oportunidades insospechadas en el estudio de las neurociencias, o tener implicaciones terapéuticas», afirman los investigadores en su artículo, publicado en la revista científica PLoS One.