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Tragedia en Santiago: el interventor, citado como testigo

Según informa el juzgado instructor de la causa, el interventor ha sido citado para este viernes a las 10.00 horas en calidad de testigo. Además, este jueves ya se han incorporado al juzgado compostelano encargado de la investigación del accidente ferroviario una juez de refuerzo, un secretario y seis funcionarios. También está previsto que a lo largo del día se le entregue al juez el informe que recoge los datos extraídos de las cajas negras recuperadas del tren siniestrado.

El juez instructor del caso considera la llamada del interventor, Antonio Martín Marguán como «desafortunada», pero «insuficiente» para atribuírle una imprudencia que conllevase su imputación.

El gallego Antonio Martín Marugán, interventor del Alvia protagonista hace poco más de una semana de un accidente que costó la vida a 79 personas, ha dicho que en ningún momento quiso «ocultar» que unos instantes antes de que ese tren descarrilase en Compostela había telefoneado a su conductor, tal y como desvelaron las cajas negras del vehículo.

El maquinista, su amigo Francisco José Garzón Amo, se presentó ayer voluntariamente en el juzgado de instrucción número tres de Santiago para explicar que no estaba hablando por teléfono en el momento en que el convoy se salió de la vía el pasado 24 de julio, sino que había colgado segundos antes. Por su parte, Martín Marugán, sexagenario y padre de dos hijos, ha justificado la omisión de este dato en su declaración policial: «Estaba muy aturdido. Mi cabeza estaba llena de imágenes terribles. No era trascendental para el accidente. En ningún momento quise ocultar la conversación, y estoy convencido de que Garzón tampoco». Lo dice porque no mencionó la llamada al prestar testimonio el pasado domingo ante el juez instructor Luis Aláez.

Preguntado por si la distracción a la que se ha referido el conductor ante el juez para intentar explicar el accidente pudo deberse a esta llamada, al producirse la misma cuando Garzón Amo tendría que haber frenado, Martín Marugán ha manifestado que los maquinistas «no necesitan las dos manos y los dos pies» para pilotar un vehículo de estas características, sino que «puede descolgar» el teléfono y seguir conduciendo, de modo que esa no es la causa.

Del contenido del diálogo, subraya que le preguntó a Garzón únicamente si al llegar a Pontedeume, localidad situada a unos 15 kilómetros del destino final, Ferrol, podía entrar por la vía más próxima a la estación, para facilitar la bajada de una familia que viajaba con hijos. La respuesta de Garzón fue afirmativa, y entonces el interventor le habría contestado que no se preocupase, que él llamaba a quien correspondía para que lo autorizasen a tomar esa vía y no la otra que existe. «Solo quería mejorar el servicio de los pasajeros. Hice esto, como siempre, para dar el mejor servicio. Quería saber si el Alvia cabía», razona Martín Marugán desde su domicilio. Este interventor viajaba en el Alvia, en el vagón 3, asiento 2 B, acompañado por el vigilante de seguridad, Celso Cástor González Conde, de Prosegur.

Llamadas excepcionales

Según ha informado el Tribunal Superior de Justicia de Galicia, Garzón Amo, acompañado de su letrada, identificó este miércoles ante el juez instructor del caso, Luis Aláez, al autor de la llamada recibida minutos antes de la tragedia, el interventor que viajaba a bordo, Antonio Martín Marugán. Fuentes próximas a la investigación han detallado que esta comunicación, que duró dos minutos y de cuya existencia se supo con el desprecinto y volcado de las cajas negras, se efectuó instantes antes del impacto y entre teléfonos corporativos. El de Garzón Amo se extravió tras el siniestro. El tráfico de llamadas, recibido por la Policía y entregado al juez, resultaba crucial para el instructor, Luis Aláez, que ordenó un rastreo al conocer la pérdida del teléfono profesional del conductor.

En base a los datos de las cajas negras, instantes antes del accidente el tren circulaba a 192 kilómetros por hora y tras la activación de un freno por parte del maquinista, el Alvia finalmente impactó contra el muro de hormigón tras pasar la curva de A Grandeira, a 153 kilómetros por hora en un lugar en el que el libro de ruta indica que no se puede ir a más de 80.