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40 años sin Seat 600

Hace hoy exactamente 40 años salía de la fábrica de Seat en la Zona Franca de Barcelona el último 600 producido, un vehículo que marcó un antes y un después en la sociedad española y que supuso el inicio de la motorización en España. La evolución de la industria de la automoción ha sido significativa y cuyo mejor exponente si hablamos del segmento de los pequeños utilitarios en la marca española es el Seat Mii.

El 600, como denominación genérica y en todas sus versiones, es el icono, el gran mito del despegue de la motorización española. Ningún otro modelo ha sido tan significativo, ni como recuerdo sentimental ni como memoria de su presencia en nuestras calles y carreteras. Es el coche, como gente ya muy adulta todavía recuerda, con el que su padre le enseñó conducir. No hay que olvidar que en 1970, uno de cada cuatro coches que circulaba en nuestro país era un 600.

Por ello, está profundamente arraigado en la historia de muchas familias españolas durante décadas. Los viajes en 600 era toda una aventura, porque entonces viajar tenía mucho de aventura, tanto por lo precario de la red viaria, el muy limitado nivel prestacional de los coches disponibles como por una fiabilidad mecánica que no era la de hoy en día.

Con el 600, muchas familias de clase media hicieron realidad el sueño de adquirir su propio vehículo por un precio aproximado de 63.000 pesetas, lo que hoy en día son 378,54 euros. La salida del concesionario al volante del coche nuevo, tras haber escuchado los consejos del vendedor que lo entregaba, constituía el punto culminante de una odisea que había empezado muchas semanas antes. La dimensión de la llegada del 600 fue tal que en 1958 su producción se multiplicó por seis.

Durante los primeros seis años de su producción, el Seat 600 contó con un motor de 633 cc de cilindrada y 18/20 CV, para pasar posteriormente a las versiones D, E y L-Especial con 767 cc, -subiendo su potencia a 25 CV y posteriormente a 28 CV-, que ocuparon los diez años restantes de la andadura del 600.

En todos los casos la carrocería se mantuvo prácticamente invariable, al margen del cambio de orientación en la apertura de las puertas a partir de 1970. Pero el 600-D aparecido en 1963, y su sucesor el E, se podrían considerar como ?el 600? por antonomasia. El 600 también tenía otras virtudes. En primer lugar, su diseño de carrocería, aprovechando sus 3,30 metros de longitud con un habitáculo en el que en teoría cabían bien cuatro personas, y muy justas cinco, aunque algunas veces quedó demostrado que admitía muchas más.

El 600 tenía una buena robustez básica y también ofrecía una gran facilidad de reparación, pues su mecánica era sencilla y accesible. Por otra parte, había repuestos en casi todas partes. A nivel de prestaciones, el 600 conseguía una velocidad máxima de 115 km/h y cubría los primeros 1.000 metros en 45,5 segundos, unas cifras nada desdeñables si hablamos de un motor que rendía 28 CV como máximo. Asimismo, el consumo en ciudad era de 10 litros a los 100 kilómetros y en carretera se conformaba con 6,5 litros, con una autonomía de 461 kilómetros.

Es inevitable comparar estos datos con los de hoy en día, y en el caso del Seat Mii alcanza una velocidad máxima de 172 km/h y cubre los primeros 1.000 metros en 35,4 segundos (-10,1 segundos). Todo ello con una potencia de 60 o 75 CV y una cilindrada de 999 cc. Por su parte, el consumo en ciudad del Mii es de 5,1 litros cada 100 km (-49 %) y el consumo en carretera es de tan solo 3,7 litros (-43 %), dejando la autonomía en 945 km (+484 km).

Y qué decir del volumen del maletero. El 600 se conformaba con solo 68,5 litros, un pequeño espacio ubicado en la parte delantera, mientras que el Mii ofrece 238 litros. De todos es sabido que el 600 a la hora de viajar iba cargado al máximo, con la recordada imagen de las maletas y buena parte del equipaje en la baca del coche.

Con cerca de 800.000 unidades producidas, el 600 se fabricó hasta 1973.