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El futuro de CSIC, pendiente de 25 millones de euros

Con 74 años de historia a sus espaldas, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) es el mayor organismo de investigación en España, el tercero de Europa. Cuenta con proyectos en todas las áreas del conocimiento, y entre sus éxitos se pueden encontrar ejemplos tan diversos como los estudios de biología molecular de Margarita Salas o el desarrollo de nuevas tecnologías para los coches eléctricos.

Pero ahora los centros e institutos de investigación distribuidos por toda España y los 12.000 trabajadores con los que cuenta el organismo están pendientes de un hilo. Un hilo presupuestario. 

La voz de alarma la ha dado a principios de julio el propio presidente del CSIC, Emilio Lora-Tamayo, al apuntar que  necesita 75 millones de euros más para garantizar su viabilidad. De esos, la secretaria de Estado de innovación, Carmen Vela, ha prometido ya 50 (de momento, sin fecha). Pero, ¿y los otros 25? Esta mañana, cerca de 200 científicos convocados por colectivos como Ciencia con Futuro o InvestigaAcción han hecho entrega de 227.00 firmas recogidas a través de Change.org para exigir al Gobierno que garantice el futuro del organismo.

«Ha sido un gran éxito. Tanto por el número de firmas como por la repercusión que está teniendo la iniciativa. Y, sí, creemos que al final tendrá éxito», opina optimista Javier Sánchez, portavoz de Ciencia con Futuro.

¿CÓMO SE HA LLEGADO A ESTA SITUACIÓN?

Los miembros de las plataformas explican que el CSIC nunca había sido deficitario. Sin embargo, con la llegada de la crisis llegaron también los recortes presupuestarios y en el periodo 2008-2013, según el propio presidente del CSIC, el organismo ha recibido de las arcas públicas unos 180 millones de euros menos. A esto se suma una disminución añadida en la obtención de recursos propios. «Hasta este año se ha paliado la diferencia con el llamado remanente, es decir, con el dinero que los científicos ahorraban de sus investigaciones, pero este año se ha calculado ya un déficit de 150 millones». 

De esos 150, 50 se podrían ahorrar con ajustes. 25 se aprobaron ya en un crédito extraordinario que aprobó el Gobierno el pasado 28 de junio. Hay otros 50 prometidos. Pero siguen faltando 25.

Sánchez, que trabaja como científico titular en el Instituto de la grasa de Sevilla en un proyecto que investiga cómo afectan las grasas al desarrollo de enfermedades cardiovasculares en adolescentes obesos, explica que la situación es desesperada. «Si no llega el dinero supondría el cierre. No se podría ni pagar los sueldos de los investigadores».

Por supuesto, los ajustes ya se están notando a día de hoy: «Se han establecido bloqueos en las cuentas para no parar ya la investigación. A cada centro se le ha asignado una cantidad».

En una situación de crisis como la actual los científicos comprenden los ajustes y la presión, pero reivindican un papel para la ciencia que entienda que «también debe ser rentable social y culturalmente». Máxime cuando muchos de los avances que se dan en ciencia básica, cuya aplicación práctica no es tan obvia a corto plazo, sientan las bases de importantes descubrimientos futuros.

«Creemos que al final el Gobierno no dejará caer la institución. Para la Marca España sería terrible», reflexiona Sánchez. De momento, mañana mismo la secretaria de Estado Innovación, Carmen Vela, recibe mañana a una representación de los directores de los centros del CSIC, quienes el pasado 19 de julio le enviaron una carta mostrando su preocupación por la «insostenible» situación del organismo.