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España llora a las víctimas del tren accidentado

SANTIAGO DE COMPOSTELA (Reuters) – Tres días después del trágico accidente de tren que se cobraba la vida de al menos 78 personas en la localidad de Angrois, cerca de Santiago de Compostela, y con las identificaciones de los fallecidos casi cerradas, la procedencia dispar de sus pasajeros hace que numerosos pueblos de toda España se tiñan de luto y pongan poco a poco cara a la tragedia.

«Esto es muy fuerte, es demasiado. En mi pueblo, Pontecesures, se está pasando muy mal», comenta Montserrat Sixto, una cocinera natural del pueblo pontevedrés de visita en Santiago, que recuerda la historia de José Jamardo, que «venía desde Madrid donde está trabajando para la boda de su hermano este sábado».

En hasta una veintena de provincias españolas, desde Madrid al País Vasco o Extremadura, se vive una situación similar.

Los medios de comunicación locales se hacían eco de las calurosas despedidas a dos primas orensanas, Celtia Cabido y Eva Pérez, que como muchos otros jóvenes iban a Santiago para las fiestas del Apóstol o de un grupo de profesores gaditanos de vacaciones en Galicia, entre otras.

Pero la tragedia se deja notar también en quienes no se han visto tocados directamente por ella, como los vecinos, peregrinos o turistas que llenan ?en menor medida que en años anteriores- Santiago.

«No se encuentran palabras para describirlo (?) Es como si de pronto la gente estuviera sin fuerzas. Te toca muy adentro», dice Ofelia García, que llegó el lunes a Santiago tras haber recorrido el Camino Portugués desde Tui.

«El ambiente en la calle se vio disminuir, el martes y el miércoles se notaba alegría en la gente esperando el día grande pero todo el mundo está apagado», añade su pareja, el también peregrino Juan Francisco Santana, ante la fachada de la catedral.

En lugar de la música de las barracas o de las verbenas con las que debería celebrarse el patrón Santiago, el silencio parece dominar una ciudad en la que una noria ahora parada en la Alameda habría intentado robarle protagonismo a la catedral durante unos días.

Los gaiteiros cerca de la plaza del Obradoiro y el bullicio de los peregrinos y de los más jóvenes que disfrutan Santiago de noche y de día son casi las únicas excepciones.

«Soy de Santiago y no recuerdo ningún año como este, con este ambiente. Fue todo muy fuerte, muy triste», apunta María Celia, una jubilada que siempre ha vivido en el casco antiguo, y que cree que los vecinos de Angrois, a quienes muchos califican de héroes por su respuesta a la hora de auxiliar a los pasajeros del tren, «necesitarán ayuda para superarlo porque vivieron situaciones muy fuertes».

Más allá de los actos institucionales, un buen número de ciudadanos ha acudido a los emocionantes «minutos de silencio» convocados por ayuntamientos o en las estaciones de tren en toda Galicia, rotos con un rotundo aplauso como el que vecinos y curiosos dedicaban el viernes a las 20.41 horas (la hora del accidente del miércoles) a los afectados, al pie de unas vías que recuperan la normalidad.

El afecto popular ha quedado plasmado además en los altares improvisados instalados en lugares destacamos como la zona del accidente o en el enrejado de la catedral. Allí se han acumulado flores, marchitas por el sol a última hora de la tarde del viernes, notas de apoyo a las familias, velas y una pequeña colección de los bastones a los que sus dueños se aferraron para llegar a Santiago.

/Por Teresa Medrano/