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Noruega conmemora el segundo aniversario de la matanza de Utoya

La jornada, plagada de actos de homenaje a las víctimas, llega en un momento en el que, si bien una inmensa mayoría del país nórdico trata de pasar página y mirar hacia el futuro aferrados a sus convicciones, ciertos grupúsculos extremistas juegan a mantener la herida nacional abierta.

De lo primero son ejemplo las juventudes laboristas, AUF, que a principios de mes celebraron su campamento de verano -el encuentro en el que irrumpió Breivik y asesinó a tiros a 69 personas– en Gulsrud, a unos pocos kilómetros de la isla de Utoya, donde se cometió la masacre.

Tras la pausa del año pasado, en el que no se celebró el tradicional campamento, los jóvenes del Partido Laborista volvieron a reunirse durante cuatro días para debatir propuestas y estrategias de cara a las elecciones legislativas de septiembre. «No hay verano para un miembro de AUF sin ir al campamento, por eso estoy orgulloso de haber recuperado el nuestro», aseguró Eskil Pedersen en la inauguración del encuentro, en la que fue su única velada alusión a la matanza.

Este ansia por recuperar la normalidad fue pocos días después ultrajada, cuando la policía francesa detuvo a Kristian Vikernes, un ultraderechista noruego simpatizante de Breivik, ante la posibilidad de que estuviese preparando una «masacre». El sospechoso fue puesto en libertad dos días después -no se probó que tuviese objetivos o proyectos terroristas concretos-, aunque tendrá que responder ante la justicia por incitar al odio racial a través de internet.