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La vida 'normal' de Francisco

La negativa de Francisco a utilizar el prestigioso apartamento situado en el tercer piso del palacio pontifical, usado por todos los papas desde principios del siglo XX, es solo uno de los símbolos de la «vida normal» del pontífice argentino desde su llegada al Vaticano. Cuando llegó como cardenal para participar en el cónclave, Francisco se instaló en la casa de Santa Marta y todavía vive en esta residencia de paredes amarillas, situada al sur de la basílica de San Pedro.

En ese espacio que parece un hotel, con un gran hall de entrada, salas de refectorio y salones, Francisco se siente cómodo: vive en una suite del segundo piso de 100 metros cuadrados, sobriamente amueblada, con tres habitaciones. El Papa pasa la mayor parte de su tiempo -desde que se levanta entre las 4.30 y las 5.00 de la mañana hasta que se va a dormir hacia las 22.00- en este espacio, donde trabaja y recibe visitas informales. «Muchísimas personas le han pedido que ocupe el apartamento pero él se resiste, con determinación», asegura el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi.

Un cardenal que conoce bien a Jorge Bergoglio tiene una explicación: «No es que el apartamento pontifical sea obscenamente lujoso, o que Francisco quiera mostrar su humildad. Simplemente no quiere aislarse», dice. El propio Francisco lo ha explicado en una carta que envió a un sacerdote argentino, Enrique 'Quique' Rodríguez. «No quiero vivir en el palacio apostólico, solo voy allí para trabajar y para las audiencias. La casa de Santa Marta es una casa para obispos, padres y laicos. Allí vivo ante los ojos de todos y llevo una vida normal, misa pública por la mañana, desayuno con los demás en el refectorio. Eso me hace bien y hace que no me sienta aislado», escribió Francisco.

Unas 60 personas viven permanentemente en Santa Marta (cardenales, obispos y altos funcionarios del Vaticano), y otras 60 son personas que están de paso. A pesar de la presencia del Papa, la residencia no está cerrada a los huéspedes, pero la vida cotidiana se se ha complicado desde la llegada de Francisco. La gendarmería y la Guardia Suiza tuvieron que adaptarse, con la supresión de una zona de aparcamiento cercana y la instalación de barreras de seguridad en los alrededores. Formado en los jesuitas, Francisco es un papa austero y enérgico, que empieza el día a las 5.00, con dos horas de rezo y mediación, hasta que a las 7 acude a su misa diaria, donde saluda a los invitados y a los sacerdotes.

El tercer piso

Tras el desayuno, en la sala general con el resto de habitantes de la residencia, el Papa dedica dos horas a trabajar en un discreto escritorio y lee la prensa. Después va en coche al palacio apostólico para las audiencias oficiales en el fastuoso segundo piso. Allí recibe a obispos, delegaciones, congregaciones, jefes de Estado y de gobierno hasta las 13.00 horas.

Casi nunca visita el tercer piso del palacio, donde está el apartamento papal, excepto los domingos para el Ángelus, cuando bendice a la multitud desde el mismo balcón utilizado por Benedicto XVI o Juan Pablo II. Entre las 13.00 y las 14.00 el papa vuelve a Santa Marta para comer en la sala general, donde tiene una mesa reservada. A veces invita a otras personas a acompañarle y con algunos de sus invitados prefiere instalarse en una pequeña sala cercana.

Luego el Papa, de 76 años, hace una pequeña siesta y dedica la tarde al trabajo: celebra reuniones, lee documentos, llama por teléfono (siempre con el saludo «Hola, habla Bergoglio») y pide noticias sobre el estado de salud de su madre. El Papa vuelve a dedicar, entre las 19 y las 20, una hora a rezar, y luego cena en compañía de otros sacerdotes en el mismo refectorio. Finalmente se retira a su cuarto hacia las 21.00 y se acuesta a las 22.30. En su carta al sacerdote Rodríguez, Bergoglio escribió: «Trato de vivir y de actuar como lo hacía cuando estaba en Buenos Aires. Si tratara de cambiar, a mi edad, correría el riesgo de hacer el ridículo».