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jueves, 27 enero 2022 22:02

Froome gana el Tour, Kittel la última etapa

Hay dos Froome en el Tour de Francia, al menos desde hace unos días. Uno de ellos es Chris, el ganador de la prueba, el primer corredor nacido en África que llega de amarillo a París. El otro es su hermano Jeremy, que tardó 38 horas en llegar al Tour desde un lugar remoto de Kenia, Kilburm.

Son muy parecidos físicamente, aunque Jeremy mide 1.95. Froome es el máximo ejemplo que ha tenido el ciclismo mundial de la globalización de este deporte desde hace muchos años. Una carrera como el Tour siempre había estado dominada por franceses, belgas, algún luxemburgués, italianos, suizos y algún español, hasta que apareció Greg Lemond, un americano, primero, en 1986, y un irlandés después, Stephen Roche, en 1987.

Desde entonces han llegado alemanes, australianos, americanos, algunos proscritos como Lance Armstrong y Floyd Landis, hasta le llegada de Froome, el primer ciclista en África que gana la carrera más importante del mundo.

¿De dónde es Froome? Se va a convertir, si no se ha convertido ya, en un ciclista sin patria, sin país, al menos de cara al exterior.

¿Qué se considera él? Dice que tiene pasaporte inglés por parte de su padre, pero la impresión que se obtiene al oírle hablar, al verle, es que es keniano, blanco, pero keniano. Es el país en el que se crió, donde la única condición que le ponían sus padres para volver a la granja que habitaban es que no se hiciese de noche.

De Kenia se fue a Sudáfrica y de allí a Suiza, a Aigle, al centro de alto rendimiento de la UCI. Y luego a dar vueltas por toda Europa, hasta recalar en Mónaco. Sky es un equipo inglés, él tiene pasaporte inglés, pero en Inglaterra su victoria no ha llenado tanto a los aficionados como la de Bradley Wiggins.

Una infancia en la calle

Habla con acento sudafricano, además de suajili. Si le preguntan sobre ese asunto, dice que se siente cien por cien británico. «Estoy orgulloso de serlo», insiste.

Su padre Clive, era inglés, y se fue a vivir a Kenia para montar una empresa que organizaba safaris. Su madre descendía de una familia inglesa que emigró a Kenia para moverse en la industria del café.

Sir Bradley Wiggins no ha digerido nada bien que el chico que llegó de la sabana africana haya terminado, al igual que él, en lo más alto del podio del Tour.

De hecho, Wiggins no le ha mandado ni un mensaje durante todo el Tour. Froome se ilusionó con ser ciclista en un país, Kenia, donde el ciclismo no tiene ninguna trascendencia y conseguir ropa para poder correr se antoja como algo imposible para la mayoría de la gente.

El destino del ganador del Tour parecía el mismo que el de sus hermanos, contable en una mina de oro. Su infancia transcurrió en una zona residencial de Nairobi. Andaba por el valle del Rift en bicicleta, a más de dos mil metros de altitud, y cuna de los mejores fondistas de Kenia. Su hermano ha contado que le gustaba cazar serpientes y escorpiones, acampar en zonas protegidas. Cuenta que una noche se le olvidó separar a los dos animales, y la serpiente se comió al escorpión. Tuvo dos serpientes pitones a las que llamó Rocky y Shandy.

Cuando tenía 14 años, sus padres se separaron y le mandaron a un internado en Sudáfica, en Johannesburgo, porque pensaron que aquello sería mejor para su formación.

Su hermano dio de él que cuando estaba en Suráfrica les escribía cartas y les preguntaba por sus serpientes. También en Johanesburgo intentó conseguir esos animales. La aparición de la figura de David Kinjah resultó decisiva para su futuro ciclista. Fue un keniano que corrió los Campeonatos del Mundo de Plouay de aficionados. Él fue quien comenzó a entrenarle: «No tenía unas condiciones especiales, ni tampoco mucho músculo. Su cara era como la de un bebé. Tenía a su favor que ponía mucho interés en hacer las cosas, hacía amigos rápido, era generoso, compartía todo y se hacía querer».

Jugó al rugby en Sudáfrica

En la Saint Andrews School hacía algo de ciclismo, pero tenía que cumplir el programa obligatorio de deportes que había en el centro: cricket, rugby y squash: «Adoraba el rugby, me gustaba mucho jugar con mis compañeros. Jugaba de tercera línea, pero no tenía físico. Los jóvenes sudafricanos me molían a placajes. Terminaba roto».

Allí coincidió con Scott Speeding, el zaguero sudafricano de Baiona, que estuvo visitándole en las etapas de los Pirineos. El cricket se le daba mejor. Cuando descubrió el ciclismo dejó el resto de deportes. Allí comenzó a hacerse ciclista. Salía a las 5 de la mañana del colegio y dejaba el centro de la ciudad para poder montar dos horas en bicicleta lejos de los atascos de Johanesburgo.

Otro golpe de suerte hizo que conociese a Robbie Nilsen, que tenía un pequeño equipo de ciclismo: «Lo primero que tuvimos que hacer es que consiguiese acabar las carreras en Sudáfrica, que eran cortas, nerviosas y para sprinters. Cuando se llevaba una hora de carrera se quedaba, pero entendió muy rápido el entrenamiento».

Comenzó a compaginar los estudios de economía con la sicología, la dietética. Después de los entrenamientos se ponía un 'kikoy', un vestido masai. «Cuando yo le conocí tenía coche, un Golf,. Ninguna rueda se parecía a la otra. Llevaba el pelo largo, pulseras, camisas kenianas».

El cambio de vida, el tener que estar en Europa, no le ha hecho olvidar la construcción de cabañas, el descubrir animales en los bosques. Dicen que se sumerge en esa vida que adora leyendo a Wilbur Smith, un escritor nacido en Zambia, que recrea de forma magistral los diferentes mundo de África.

Cuando visitó por primera vez a sus abuelos en Inglaterra, hubo muchas cosas que le llamaron la atención. Una de ellas fue que para poder cruzar de un lado a otro de la calle debía esperar a que un señor se pusiese en verde en un poste que había al otro lado de la calle, algo que no conocía en Kenia.

Los Campos Elíseos, iluminados, eran el final del primer triunfo de un corredor nacido en África en el Tour, unas raíces que no abandonará nunca puesto que son su infancia, como tampoco dejará la adolescencia en Sudáfrica. En su hogar de Mónaco, sigue teniendo un Golf, el coche más modesto entre todos los que pueblan su aparcamiento. La jungla del ciclismo es peor que la africana.