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lunes, 17 enero 2022 5:15

La novatada de Marc Márquez

En este Mundial extraño, donde las caídas son el pan de cada día para los pilotos y los tapados se atreven a hacer frente a los grandes favoritos, toca un último aperitivo antes del descanso estival. Sobrevuelan los aviones cargados el cielo de los Estados Unidos. Esta vez toca visitar un pequeño santuario, uno de esos lugares que a los que solo tienen derecho acudir los corredores de la máxima categoría. El Gran Premio de los Estados Unidos acude un año más a su cita en Laguna Seca. Un circuito repleto de historias, de anécdotas y, sobre todo, de magia en forma de olor a gasolina. Las ruedas quemarán al son de la goma que marca el nuevo líder de la carrera. Marc Márquez acude por vez primera al peculiar trazado californiano.

El de Cervera es un novato de MotoGP que empieza a madurar a pasos agigantados por cada carrera que pasa. Pegado a su máquina, como si fueran una sola persona, ha logrado ganarse el respeto de todos los demás corredores de la parrilla. Ahora le toca el turno de dar ese último empujón que necesita para asentarse de manera definitiva como uno de los grandes pilotos de la historia. Con 138 puntos, a solo dos sobre Dani Pedrosa, le llega el turno de comprobar si pagará la novatada de su estreno un circuito complicado, muy difícil, en el que la técnica superará con creces a cualquier ventaja de ingeniería que exista. Bien es cierto que no será la primera vez que recorra las rectas y curvas que componen los 3610 metros del trazado 'Mazda Raceway'. Los siete virajes a izquierda y las cuatro a derecha ya han sido disfrutados por el catalán, pero tiene truco. Lo hizo montado sobre una motocicleta de aficionado hace un año. Como si de un turista del motor se tratara, comprobó que no será nada fácil esta aventura esperada.

Sobre todo deberá enfrentarse al famoso 'sacacorchos', esa chicana cuya forma se asemeja a este utensilio a ciegas con un drástico cambio de nivel. Es, junto a la recta más larga de 453 metros, el gran atractivo para el aficionado medio al motociclismo. También para los profesionales que compiten. Que se lo pregunten si no a Valentino Rossi, al que cada noche de verano, mientras cuenta sus aventuras a los amigos por las calles de su Urbino natal entre copas y pasta fresca, narra lo que le sucedió en 2008 en este escenario y, en concreto, en esa curva. Gracias a un adelantamiento intenso, sin miedo y arriesgado, logró ganar a Casey Stoner, el gran vencedor histórico -junto a Wayne Rainey- con tres victorias en Laguna Seca. Fue tal aquella carrera que 'Il Dottore' acabó bajándose de la moto mientras daba la vuelta de honor y se arrodilló a besar la famosa curvatura número 8. Lo hizo cual peregrino que recupera la fe tras un largo caminar.

Ahora que el italiano ha recuperado esa sonrisa pícara que parecía tener perdida en mitad de su tristeza podrá seguir sumando competitividad. Lo hará aprovechando las heridas de guerra de los principales rivales, todos ellos españoles. Si Marc ya ha sufrido lo que significa competir al más alto nivel y arriesgar el máximo, también ha podido comprobar que no está solo en esa batalla repleta de huesos rotos y magulladuras. Sus compatriotas españoles harán acopio de esa valentía loca tan típica del coraje hispano para rendir cuentas en Estados Unidos. Con Jorge Lorenzo anestesiado hasta las cejas y Pedrosa apurando en su recuperación hasta el último momento, ya que ninguno quiere seguir dejándose puntos por el cemento. Buscarán al mismo tiempo entorpecer el último plan de Márquez para entrar en la historia: ser el primer debutante que vence en este circuito tan especial. El novato sigue caminando hacia la inmortalidad.