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Diseñan un modelo predictivo para el tratamiento del ictus

El grupo de Enfermedades Neurovasculares del Vall d'Hebron Institut de Recerca (VHIR) ha demostrado el componente genético asociado a la respuesta a la administración de t-PA, el único tratamiento farmacológico para la fase aguda del ictus isquémico.

Los resultados mejoran los algoritmos de predicción de respuesta a t-PA existentes y proponen un modelo predictivo que combina factores clínicos y genéticos con más efectividad.

El estudio aporta mayor seguridad al tratamiento con este fármaco gracias a la identificación de pacientes con variantes genéticas que empeoran el pronóstico, y también podría ayudar a los neurólogos a decidir tratar a pacientes fuera de los criterios de tratamiento establecidos pero que debido a que presentan un bajo riesgo genético se podrían beneficiar del tratamiento.

El t-PA

Se trata de un fármaco muy útil para deshacer los coágulos cuando los pacientes con un ictus isquémico reúnen unas determinadas condiciones: edad, tensión arterial, estado neurológico, tiempo transcurrido entre que un paciente sufre un ictus, llega al hospital, se le diagnostica el ictus isquémico y está en condiciones de recibir el tratamiento (se recomienda que no supere las 4,5 horas debido al riesgo de hemorragia cerebral).

Pero en ocasiones y cumplimiedo los criterios hay efectos adversos y entre un 2 y un 5% de los pacientes sufre hemorragias cerebrales, a veces graves.

Con el nuevo este estudio se demuestra que basar estas decisiones en algoritmos que, además de aspectos clínicos, incorporen la variabilidad genética afina la predicción de respuesta a la administración de este fármaco postictus.

«Esto permite identificar a los pacientes que genéticamente tienen un mayor riesgo de tener una mala respuesta. Al mismo tiempo, mejora los márgenes de seguridad para aquellos pacientes que cumplan todos los criterios para que se les administre el tratamiento y que desde el punto de vista genético no tengan un riesgo aumentado. Incluso se podrían relajar criterios, como poder administrar en algunos casos el tratamiento de forma algo más tardía, más allá de las 4,5 horas después del ictus. También sitúa a estos genes en el punto de mira como posibles dianas terapéuticas además de como marcadores de respuesta», explica Joan Montaner, responsable del grupo del VHIR.