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jueves, 20 enero 2022 19:09

Márquez, líder sin rivales

Probablemente tardaremos años en saber por qué y cómo decidió Dani Pedrosa no correr en Sachsenring. Antes, en apenas meses, se podrá juzgar si fue un error no arriesgar o si fue el gran acierto que acabó por darle el título de MotoGP. Es posible que el anuncio de Jorge Lorenzo horas antes informando que tampoco estaría en Laguna Seca impulsó a Pedrosa y su entorno a optar por prevenir y no tener que curar, como ha debido hacer el actual campeón del mundo. Decisiones difíciles, de las que marcan una temporada. Y es que de nuevo Sachsenring se ha cruzado en el destino del ?26?. Como en 2009. Entonces, Pedrosa se lanzó desbocado para dar un golpe al campeonato. Liderando bajo la lluvia, metiéndole medio segundo por vuelta a sus rivales. Y se cayó. Y se rompió. Y se dejó el Mundial que más cerca ha tenido, el que se le sigue escapando. Cuatro años más tarde venció la prudencia. O la madurez. Una fisura en la clavícula y una conmoción cerebral tras salir despedido de su HRC en los últimos libres del sábado fueron suficientes.

En la carrera del GP de Alemania tampoco estaba Lorenzo, forzado a parar tras su milagro de Assen y el revolcón del viernes, ni correrá en el circuito del ?sacacorchos?. Es el gran rival de Dani, pero no el único. Y el otro está muy cerca, apenas a escasos metros, dentro de su box. Marc Márquez, que no tiene ni prudencia ni madurez, posee un pilotaje excepcional que le llevó a vencer con gran autoridad en el trazado germano. Sin rivales, sí, pero sabiendo gestionar perfectamente una mala salida y toda la presión que le daba el hecho de que por primera vez en MotoGP era él quien tenía la presión, la obligación sumar, 25 puntos si era posible, y auparse al liderato de la general. Lo hizo todo, con una sensación de superioridad aplastante. Pedrosa está muy cerca en la tabla y Lorenzo no se rendirá, pero tras ellos hay un páramo en el que Crutchlow y Rossi centellean de forma ocasional, pero en las antípodas de la regularidad de los tres gigantes de 2013. Al igual que en Moto3, MotoGP es cosa de tres, sin resurrecciones desde Tavullia y sin milagros desde el satélite de la marca de los diapasones.

Eran muchos los nervios cuando el semáforo se puso verde. Tantos que Márquez titubeó en la salida, algo que solo aumentó el temblor posterior de sus adversarios. El ?93? sabía que era su gran ocasión, y ni siquiera unos primeros metros horribles, en los que le patinó la moto, consiguieron lastrar su rendimiento. Pasó cuarto por línea de meta, por detrás de Rossi, Bradl y Aleix Espargaró, que vivió minutos de gloria con una CRT que ni de lejos da el nivel para poder sostenerse en lugares cercanos a los primeros puestos. Bradl adelantó a Valentino, pero fue otro espejismo. Por detrás, Bautista, Crutchlow y compañía devolvían a Aleix a su ?cruda? realidad, la de estar junto a sus verdaderos rivales, que no son otros que las decepcionantes Ducati. Más atrás, entre las CRT, nadie le hace sombra.

Mientras, en cabeza, Bradl no solo no conseguía irse, sino que acabaría por sucumbir al empuje de Rossi, de Crutchlow… y de Márquez. El genio de Cervera fue a más y pronto dejó claro que no daría ninguna concesión. Es más, no quería ni siquiera competir con nadie. Se colocó segundo, tras Rossi, y le metió un ?hachazo? que dejó temblando al nueve veces campeón. Cuando ?Il Dottore? quiso devolvérselo, Márquez ya no estaba allí, sino medio segundo por delante de todos. La carrera era ya contra el reloj. Marc primero, Valentino segundo y Crutchlow tercero y recortando su desventaja con el italiano. Cal quiso dar un último giro al guión y adelantó a Rossi para ir recortando su desventaja respecto a un Márquez que vivía muy cómodo. Ver el nombre del inglés en las pizarras no le hizo ni pestañear. Como si llevase una década pilotando las 1.000, usó como colchón su renta, décima a décima, para ganar el gran premio con un segundo de ventaja y las sensaciones que solo puede ofrecer un líder. Cuarta victoria consecutiva en Alemania (una en 125cc y dos en Moto2) y golpe al Mundial justo antes de hacer las Américas. Su irreverencia no conoce límites, y verse como líder de la competición más importante del mundo a buen seguro que no mitigará su estilo agresivo. No estaba Lorenzo y Pedrosa eligió ser prudente. Aire para Márquez, el gran problema de ambos de aquí a Cheste.

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