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Bárcenas: «¡Esas cuentas no son mías!»

Una hora y veinte minutos de preguntas, dentro de una maratoniana sesión judicial que duró más de cuatro horas. Un extensísimo interrogatorio lleno de evasivas que no sirvió a Luis Bárcenas para eludir la cárcel. El audio de la larguísima declaración que el extesorero del PP prestó el pasado 27 de junio en la Audiencia Nacional dibuja a un imputado seguro de sí mismo que, sin embargo, se ve incapaz de explicar de forma convincente cómo llegó a acumular 48,2 millones de euros en dos bancos suizos.

«Suiza es el único país (extranjero) donde he tenido cuentas», asegura una y otra vez Bárcenas, que insiste ante el juez que las últimas tres cuentas encontradas a su nombre en el banco Lombard son de terceras personas, cuya misteriosa identidad se niega a desvelar, acogiéndose al «secreto bancario» que impera en el país helvético. De forma misteriosa, el exsenador asegura que él gestiona esos activos que pertenecen en realidad a «personas que no tienen relación con el caso Gürtel ni con temas ilícitos». «Son personas, como muchas en España, que tienen una cuenta con activos en Suiza. Pero, por supuesto,¡ esas no son cuentas mías!», explica el acusado ante el juez Pablo Ruz.

De foma altiva, se niega una y otra vez a revelar quiénes son esos individuos para los que supuestamente gestiona esos depósitos y asegura que está dispuesto a declarar para desmentir las «auténticas barbaridades» que «se están publicando» sobre esas cuentas.

También da respuestas evasivas cuando se le pregunta por qué tiró de testaferros (en particular de Iván Yáñez) para gestionar sus cuentas cuando se supo investigado por la justicia española. «Lo hago porque estoy inmerso en el procedimiento al que llaman Gürtel, en esas circunstancias ni quiero hablar con Suiza ni quiero dar órdenes ni tengo la cabeza para decidir; fue lo más prudente para que mi patrimonio no sufriese una merma importante», intenta justificarse.

Bárcenas, que a veces trata de presentarse como una suerte de tiburón de los negocios («no me gusta que el dinero esté ocioso»), sin embargo se hace un lío al explicar por qué su mujer, a pesar de la fortuna que movían, nunca usaba tarjetas de crédito a pesar de tener a su nombre. «Nunca las ha usado por un elemental principio de prudencia», responde el imputado. Cuando Ruz le inquiere por qué «prudencia», el extesorero termina confesando sin rubor: «Porque si los fondos están en el exterior y no se conocen en España, son ganas de correr el riesgo de que al ir a un cajero y sacar dinero y tener un problema de comprobación», arguye.

Pero Bárcenas, en estado puro, va mucho más allá en sus explicaciones a Ruz, como si el juez fuera un habitual en los círculos de los fondos opacos en bancos internacionales: «Si el dinero está oculto al fisco español en cuentas en el extranjero, yo creo que la prudencia es la base de todo. Todo el mundo (que opera así) es prudente, señoría, como sabe usted perfectamente».